Vinieron unos tipos y la instalaron sobre el poste de luz. Pasó el tiempo. Los vecinos apretaban el botoncito siempre en algún descuido y la corneta se activaba. Era un incordio. Las primeras veces salíamos a mirar si pasaba algo pero nunca era nada. Cuando le quisieron robar a nuestro vecino el auto en la entrada de la casa nadie activó la corneta. Pero todos lo supimos porque el tipo pegó un alarido y al ladrón se le escapó un tiro que por suerte no le dio a nadie y terminó huyendo. Después ya nadie miraba cuando la corneta empezaba a aullar y todos apretábamos el botón de desactivar. Más de uno debe haber puteado y se debe haber arrepentido de haber votado por la corneta. Pero nunca nadie dijo de desactivarla o sacarla. Simplemente quedó allí, como un recordatorio, un símbolo de la pelotudez humana.
viernes, 29 de agosto de 2025
la corneta
Vinieron unos tipos y la instalaron sobre el poste de luz. Pasó el tiempo. Los vecinos apretaban el botoncito siempre en algún descuido y la corneta se activaba. Era un incordio. Las primeras veces salíamos a mirar si pasaba algo pero nunca era nada. Cuando le quisieron robar a nuestro vecino el auto en la entrada de la casa nadie activó la corneta. Pero todos lo supimos porque el tipo pegó un alarido y al ladrón se le escapó un tiro que por suerte no le dio a nadie y terminó huyendo. Después ya nadie miraba cuando la corneta empezaba a aullar y todos apretábamos el botón de desactivar. Más de uno debe haber puteado y se debe haber arrepentido de haber votado por la corneta. Pero nunca nadie dijo de desactivarla o sacarla. Simplemente quedó allí, como un recordatorio, un símbolo de la pelotudez humana.
martes, 12 de agosto de 2025
La cruz
Desde siempre tuve un gran rechazo hacia el símbolo de la cruz.
Hace ya varios años mamá me regaló una cadenita con un dije de una artesana que trabajaba la plata. Era una cruz. Pero la genialidad de esta cruz era que estaba creada por dos cuerpos fundidos en un abrazo. Aunque el dije era hermoso nunca lo pude usar. Hasta ahora. Y me encanta.
Ahora me doy cuenta de que durante mucho tiempo tuve rechazo de los símbolos. Era mejor que la realidad fuera sígnica, no simbólica. Pero ya no me puedo volver atrás. Mejor dicho, no me puedo quedar en la superficie. Hacia abajo, hacia abajo, me decía la voz de mi sueño anoche.
El viaje sería abandonar estar siempre en el eje horizontal y empezar a explorar el eje vertical. Primero la raíz. Después las estrellas. Como decía León Felipe. Sistema poema, sistema. Primero contarás las piedras, luego contarás las estrellas.
domingo, 10 de agosto de 2025
dame azúcar
Encontré en una cartera vieja cositas que había dejado mamá. Había montoncitos de azúcar atados con una gomita ya casi reseca por el tiempo. El azúcar dentro de los sobrecitos estaba intacto. Cuando éramos chicos, mi mamá solía tragarse los sobrecitos de azúcar en cualquier lado si se sentía floja. En el auto si estaba manejando, en la calle. En casa no. En casa tomaba Coca-Cola que siempre había y era para ella por si se sentía mal. Me pedía (nos pedía a todos) que si íbamos a los bares le guardáramos los sobrecitos de azúcar. Salíamos a tomar café y nos llevábamos sobrecitos. En los noventa todo el mundo en los bares pedía edulcorante. Nosotros pedíamos azúcar para llevarle a mamá. Después la Coca-Cola empezó a salir en una botellita de plástico chiquita y siempre andaba con una en su cartera. Pero, a veces, si la hipoglucemia era grande, le añadía sobres de azúcar a la Coca-Cola. Por eso siempre tenía sobrecitos de azúcar. La noche que murió yo llevaba dos botellitas de Coca en mi cartera por si le venía una hipoglucemia. Estuve todo el día cuidando de su glucemia, todo el día cuidando de que no cayera en una "hipoglucemia galopante". No quería comer y yo le daba flan que había comprado de contrabando y Coca. Galopamos juntas todo ese día, duro y parejo, pero se fue igual. Eso sí, la glucemia, perfecta. Esa noche, cuando me avisaron que mamá había muerto saqué las botellitas de Coca de la cartera y las dejé en una mesita baja del hospital. Sentí la cartera más liviana pero todo lo demás pesaba como la puta madre.
Los sobrecitos que encontré en la cartera vieja los esparcí en el jardín al grito de Pachamama kusilla kusilla. Estoy segura de que hice bien. A mamá le hubiera gustado. Estamos en agosto así que el tiempo es perfecto.