viernes, 17 de julio de 2026

Al gran pueblo argentino salud

Mientras la alegría mundialista inunda nuestros corazones, se cayó la sesión para tratar la ley que elimina la restricción a la compra de tierras por parte de extranjeros. ¿Por qué mezclo esto? Porque no puedo evitarlo. Ayer los tibios no dieron el aval para vender nuestro territorio (aún). El 6 de agosto veremos como sigue esta historia. ¿Habrá que estar atentos? ¿Se podrá hacer algo? ¿Se entiende lo que es perder la soberanía del territorio propio? Nos emocionamos con la bandera que reza que las Malvinas son argentinas pero ¿y la Patagonia? ¿Y el resto de las provincias?
 
Entiendo que esa bandera fue un gesto simbólico enorme. Un acto de desobediencia hacia el mundo que nos estaba mirando. ¿Qué somos los argentinos? ¿Un conglomerado de personas que sufren atrás de una pelota y nada más? ¿Somos el mate, el alfajor, el dulce de leche y el fernet? No, no se confundan. También somos desobedientes. Esa bandera es nuestro gran gesto simbólico al mundo entero. Esa bandera representa lo que en el himno cantamos: "al gran pueblo argentino salud".
 
Ya sé que el fútbol es cultura, unión, equipo. Todo eso lo entiendo. Pero no se ganan las disputas territoriales jugando partidos de fútbol. ¿Ayuda a la catarsis? Sí, claro. El gol de Enzo se escuchó como un rugido. Más de uno lanzó una puteada y lloró lo que no pudo llorar en estos dos años de puro apriete. Pero se sabe que las catarsis sirven para el momento catártico, alivian el peso pero luego... nos volvemos a quedar solos. El Mundial es el nuevo carnaval, esas fiestas que alteraban el orden del mundo. Por unos días todos éramos iguales, los ricos y los pobres. Después sólo quedaba el miércoles de cenizas y el orden del mundo volvía a caer sobre nosotros.

Los poderosos siguen siendo poderosos y cada vez más.

Nos vamos a quedar sin país mientras agitamos banderitas. Bah, nos vamos quedar sin mundo. Pero no quiero ponerme fatalista. No todavía. Me sumerjo en el quilombo, en el rugido y lloro, río, me pierdo. Parte de esta locura es que hay que perderse para poder encontrarse.

¡Salud!

miércoles, 15 de julio de 2026

Escuchar

 Lo que sí sé es que mi trabajo diario ayuda y mucho. 

Pasó muchísima agua bajo el puente desde que comencé a dar sesiones de zen shiatsu. Nunca paré. Estoy contenta y en paz con este camino. Creo que soy una buena terapeuta. Lo sé porque me lo cuentan: duermen mejor, tienen menos dolor, aprenden a ser más pacientes, empiezan a escucharse, desarrollan su propia inteligencia para sanar. Vuelven. Siempre vuelven y recomiendan. Es hermoso escucharlos y detenerse. Es hermoso lo que sucede en las sesiones. El tiempo se une a la eternidad. 

Aión. 

Aprendí a escuchar con las manos. Las manos son la expresión viva del corazón. Por ende, aprendí a escuchar mi corazón para ayudar a otros.  

Hay terapeutas que se ocupan de las palabras. Esos mismos me ayudaron muchísimo en este camino. Los llamo "los psicoanalistas". Una vez tuve un sueño fantástico que me dejó varios días pensando. Estábamos en una isla con mis amigos "los psicoanalistas". Y de pronto llegaba por el aire un elefante gigante y volador que aterrizaba en el agua. Todos nos poníamos contentos y aplaudíamos al grito de: ¡Ganesha, viniste! Creo que ese sueño es la síntesis de una búsqueda que aún no cesa. 

Se puede tocar el corazón de alguien también con la palabra.

Creo que en definitiva todos los trabajos tocan el corazón de las personas. Un amigo está construyendo su casa. Me manda fotos de cómo le va quedando el techo. Se lo ve feliz con dos amigos que lo están ayudando. El cielo azul por encima de su cabeza. Esas fotos tocan mi corazón. Me ponen feliz. 

Levantar una casa, el acto de cocinar para alguien, apaciguar un dolor, curar una herida, coser el ruedo de un patalón, sembrar un campo, cuidar animales, investigar cómo funcionan las cosas, hacerse preguntas, cuidar a los hijos, cuidar a los padres, cuidarnos entre nosotros, enseñar algo que nos gusta mucho, practicar un deporte, escuchar la música, escuchar.

En eso andamos.  

miércoles, 1 de julio de 2026

Vamos que seguimos

 Volví a leer y volví a escribir (algo). Sigo haciendo mi práctica de asanas (pero menos) porque no quiero romperme pero sé que el trabajo energético hoy pasa por otro lado. Tener un cuerpo, respirar, pacificar la mente y actuar con conciencia es algo bien real. Listo. No hay mucho más. Parte de crecer supongo que viene de la mano del desencantamiento de ciertos rituales. Hace tiempo que vengo rumiando que quiero estudiar algo más pero no empiezo. Temo que ese deseo quede en nada. Pero tampoco temo realmente. La vida, tal como es, se desarrolla bien.

Decía que volví a leer y entonces escribo. También intento mirar películas que no sean puro netflix. Hay un achatamiento tan evidente en las plataformas. Y cuando hacen algo interesante pretenden que dure mil temporadas. Cuando querés retomar el hilo de una serie que te gustó mucho ya no recordás nada. Eso también es parte de esta época. No recordar. Tengo poca memoria para los libros que leo, las películas que miro, las series que sigo. La mente de desliza como el agua de una canaleta. Ciega, muda. ¿A donde voy? No sé.