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Un idioma

Por Pablo Canapé
Es un idioma que aprender,
tiene su lógica perfecta en su lenguaje de símbolos.
Aunque parezcan delirantes e in-dirigibles
los sueños nos cuentan nuestros secretos
lo que a nosotros nos da vergüenza
al subconsciente no,
no tiene moral ni Dios
nuestros miedos y deseos se liberan
del controlador y su frontera
y en un viaje fantástico o aterrador
se revela lo oculto,  deseos inadmisibles. Los sueños nos equilibran
comprender nuestro soñar
es comprenderse a uno mismo
porque un sueño puede cambiar la realidad
si se le da la oportunidad.
Cómo no interesarse
en un mundo donde el ciego ve
y los muertos nos abrazan.
Cuando soñamos estamos ahí,
y lo más lindo
formar parte de los sueños de otra persona
ser creado en otro mundo...

La espada

Charlas telefónicas (por el fijo) con Lolo (en breve cumple 6).
-Tenés una espada?
-¿Una espada?
-Sí, una espada... para luchar contra los portugueses.
-Mnno, no... no tengo una espada acá.
-Bueno, ¿tenés una regla larga?
-¿Una regla?
-Sí, la podés usar como espada.
-Sí! ¡Tengo una! Esperá que la busco.
Saco una regla larga del cajón donde guardo los útiles.
-Acá está, la tengo en mi mano.
-Bueno, ¿estás lista?
-Sí.
-¡A la cargaaaaa!
Luego de jugar un rato por teléfono, cuando cortamos, Nico me dice:
-No puedo creer que DE VERDAD buscaste la regla.
-La regla no, la espada.

Vestuario

Empezó a hacer mucho frío y entonces me doy cuenta de que sigo alternando los mismos dos pulóveres desde que comenzó la cuarentena. Mis vestiditos de verano siguen colgados en el placard. Esta bien que casi no abro el placard y voy alternando un par de mudas de ropa pero hoy que hace mucho frío tengo el vago recuerdo de que yo tenía pulóveres lindos guardados en alguna parte. Con ayuda de una escalerita voy bajando la ropa de invierno y acomodando los vestidos de verano en cajas para "archivarlos".
Hace algunos años que vengo regalando mucha ropa que ya no uso. Hoy, sin embargo, me asombra toda esa ropa que tengo sólo para aparentar. Hay muchas cosas que en el medio de una pandemia dejan de tener sentido. Los vestidos de fiesta, los abrigos bonitos, los zapatos incómodos. ¿Por qué uno andaría con zapatos incómodos en su propia casa si puede estar en medias y/o plantuflas?

¿Viste cuando algo se rompe por tu culpa y no tenías idea de que lo habías roto y cuando te lo dicen ni siquiera te importa?
Bueno, eso es el coronavirus.

Buena onda, che

Me quedé en la buena onda y entonces no podía escribir nada. Todo trabado, che. Que hacer pan, que Nico arrancó con sus clases de yoga y está más flexible que un conejo, que si doy clases por zoom, el jitsi o el meet entre amigos, que el whatsapp con la flia, que salir o no salir, que no veo a nadie y veo a todo el mundo virtualmente, que el jardín está impecable, que el gato duerme feliz, buena onda todo, che.
Pero no.
Desde hace unos días siento todo trabado. Voy en automático, leo las cifras, los números, la indignación de todo el mundo por cada cosa que pasa. De pronto todos somos unos pelotudos que no entendemos nada, nadie es tan genial como vos que posteás la posta en tu red social del orto. Pero seguro que vos también estás hecho bosta entonces ni da para enojarse.

PANdemia

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Mis primeros panes fueron un fiasco. Pero de los errores se aprende. Por supuesto, yo le echaba la culpa a que no tengo balanza ni rasqueta ni banneton ni un horno como la gente. Pero en realidad el problema estaba en que yo no sabía escuchar la masa. Y entonces me salía un pan con una miga "boba", apelmazada abajo y con grandes agujeros arriba. O me quedaban panes chatos como platos. Finalmente logré un pan de masa madre de aspecto bonito (dentro de lo que mi horno casero permite), una miga deliciosa y alveolada y ese leve sabor ácido que me encanta.

Anoto acá lo que me funcionó:

2 tazas de harina blanca y una taza de harina integral. (3 tazas en total)
1 taza de masa madre muy activa
1 taza y media de agua (esto va a ojo, a veces más, a veces menos)
1 cucharadita de sal.

Primer paso:
Colocamos las harinas en un bowl. Le hacemos un agujero en el centro. En el centro colocamos la masa madre súper activa. En los bordes espolvoreamos la sal (nunca en el centro). Agregamos el a…

Yogi

Algo que pasó hoy y no me quiero olvidar. Nico hizo su primer adho muka svanasana y no se murió en el intento.
Cada día que pasa me pide más práctica.
Vamos a terminar la cuarentena con un yogi.

Dar clases para la cámara

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Sábado por la mañana. Hoy tenemos práctica.
Voy en busca de la tablet y verifico que tenga carga.
Barro la sala, acomodo el mat, coloco los tacos de madera cerca. Abro las cortinas de par en par para que entre luz natural. Siempre que hago esto pienso que debería limpiar los vidrios pero, por suerte, eso en el video no se ve.

Prendo la cámara y acomodo el ángulo. Lo fijo de manera que todo mi cuerpo se vea. Pruebo que no se corten las manos cuando extiendo los brazos hacia arriba. Me subo en puntitas de pie y me miro por última vez en la cámara reversa. Me doy el ok.

Pongo play y ya estoy en escena. Camino hacia el mat, doy un breve saludo de bienvenida ubicándome en tiempo y el espacio: "Hoy es sábado por la mañana, vamos a hacer nuestra práctica de yoga". Es importante porque podría no ser sábado a la mañana y podría grabarme haciendo otra cosa. Siento que hay que dar un marco. Entonces le hablo a la cámara y cuando lo hago trato de recordar algunas caras de cuando el mund…

Pan Qi

mi cuarto pan de masa madre
va a salir bien
lo intuyo

me puse a practicar Qi gong:
en mis manos sentía
los movimientos del pan

Tapa boca

Me tapo la boca como puedo. No sé coser, no voy a aprender ahora. Me armo un tapaboca con un pañuelo de florecitas de ciruelo y unos ideogramas chinos que no sé qué significan. El pañuelo me lo trajo mi papá hace mucho tiempo de China cuando China era un lugar donde se hacían negocios y no "el lugar" de donde surgen los virus de pangolín. Como no uso pañuelos, en ese momento lo guardé en el fondo del cajón de las bombachas pero ahora que tengo que usar tapaboca se convirtió en un objeto importante.
Me miro un segundo al espejo y observo las florecitas tapándome la boca. Me pregunto si alguien se lo tomará a mal esto de taparme la boca con florecitas e ideogramas chinos. Parece un chiste. Podríamos pensar que al final los chinos nos pusieron la tapa a todos si no fuera porque primero se la pusieron ellos y no tiene gracia.  Una vez en la calle sucede lo predecible: se me salta una gomita y se me desnuda la mitad de la cara. Siento el aire nuevo como si fuera la mano de un des…

Canto védico + práctica meditativa

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Este jueves 14 de mayo a las 18:15 estaré guiando junto a dos profes más una práctica meditativa GRATUITA a través del canto védico. Estas prácticas son gratuitas y se vienen dando todos los jueves via zoom por un grupo de profesores de la Tradición Krishnamacharya en la Argentina.
El sonido en sánscrito acarrea en su interior la vibración de los elementos que gobiernan nuestras energías llevándonos a una experiencia interior.
Si quieren participar me avisan y les pasó el ID y la contraseña para que se conecten al Zoom.
¡Gracias!

Neelakanta

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Hay una leyenda hindú que cuenta que tanto dioses como demonios decidieron batir el océano cósmico para así obtener el amrta (el néctar de la inmortalidad). Lo hicieron con la ayuda de una montaña y una serpiente anudada a su base a modo de cuerda. Comenzaron a batir pero lo que salió del océano fue un veneno muy poderoso que podía matar a todas las criaturas. Nadie quería ese veneno pero Shiva movido por la compasión bebió todo ese veneno y lo retuvo en su garganta purificando nuevamente el océano. Por eso se lo conoce a Shiva también como Neelakanta (el que tiene la garganta azul por el veneno).
Al retener el veneno en su garganta Shiva no lo traga. El veneno no lo afecta y le da la capacidad de transformarlo. Shiva acepta el veneno, no lo niega y lo toma como una oportunidad para transformarlo.


Masagochi/cuarentena/marcha contra el comunismo

Mi amor por Masagochi me lleva a situaciones muy bizarras. Ahora que vino el frío y que el cuarto donde esta el escritorio es el más pequeño, por ende, el mejor caldeado, Masagochi está conmigo. Hoy voy a intentar hacer el cuarto pan de la cuarentena y para eso estoy intentando mejorar algunas cosas. Nunca lo hago igual, ergo, nunca sale igual. Voy aprendiendo de mis errores.
Me pasaron el canal de Youtube de un panadero español que te explica cómo hacer el mejor pan de masa madre. El panadero es un sol, con unas manazas preciosas (no puedo evitar mirarle las manos redondeadas y generosas que tiene) pero para hacer el pan tiene un montón de adminículos que yo no poseo. A saber: balanza, amasadora, rasqueta, una piedra para horno y un cuchillo para greñar el pan.
A falta de eso tengo un bowl blanco lindísimo que me traje una vez de Uruguay, una especie de paleta de plástico que me sirve las veces de rasqueta, un horno que anda como se le canta y ninguna balanza.
El panadero español emp…

La vieja está en la cueva

Se puso fulero el otoño. Hasta ahora venía soleado o lluvioso. Pero el otoño con viento ya es otro cantar. Esa mezcla de frío, viento y lluvia da para quedarse en la cueva. Como ya estamos en una cueva (y muy confortable, debo admitir) me pongo a pensar en qué cosas solía hacer los martes en mi vida de antes. Por ejemplo, hubo martes del año pasado en los que con este mismo frío y lluvia me levantaba antes de las seis para estar a las siete y media de la mañana dando una clase de yoga en Martínez. En días como estos pienso que esas cosas eran surrealistas y no el hecho de estar encerrada ya más de cuarenta días adentro de mi casa.

Un adelantado

El doc venía todas las semanas. Jamás faltaba a su sesiones de zen shiatsu. Sus martes eran sagrados. Era "su" hora.
Vale la pena aclarar para quien no lo sabe: las sesiones de zen shiatsu se hacen sobre un futón (japonés) que contiene capas y capas de puro algodón natural. Los terapeutas de zen shiatsu trabajamos siempre a ras del piso, en contacto con el suelo, por eso, para proteger nuestras rodillas, si somos afortunados, lo hacemos sobre un futón. Usamos nuestro propio peso corporal para dar un masaje, nunca utilizamos la fuerza. De ahí que podamos dar varias sesiones sin cansarnos ni lastimarnos. Mi consultorio tenía (tiene) un futón hermoso de tres metros por dos metros y medio. Es decir, una habitación acolchada en casi su totalidad para el placer visual del que viniera a recibir su sesión. El futón era (es) rojo e invitaba (invita) a la relajación plena. Ya era (es) un terapeuta en sí mismo.
El doc venía siempre pero alguna vez tuvimos que suspender su sesión porque…