Hoy terminé de leer el libro de José Donoso. El obsceno pájaro de la noche. Casi 600 páginas de hebras y agujas que hilvanan y se clavan dolorosamente en los cuerpos del Mudito, la Madre Benita, la Iris Mateluna, las viejas decrépitas asiladas en La Casa, un Jerónimo Azcoitía incapaz de engendrar a su hijo en el útero de su mujer. La Peta Ponce y su prisma. Ah, un estallido del sentido en todo su esplendor. O si se prefiere, un paquete enorme que, de a poco, es preciso ir desenvolviendo para así encontrar otro paquete que, a su vez, contiene otro y otro y otro.
La novela de Donoso: un gran paquete que contiene hedores, pústulas, carne, sexo, pelos, política, viejas, monstruos, ciudades, crueldad, vehemencia, lástima, ternura, dolor, miseria y la lista sigue.
Un gran paquete. Un envoltorio. Una cáscara.
¿De qué?
Les digo que estoy extenuada.
martes, 1 de mayo de 2007
viernes, 27 de abril de 2007
Feria del Libro
Viernes por la tarde, feria del libro. Hace un año fui con un pretexto. Hoy voy porque quiero y, valga la redundancia, porque compraré algunos libros. No me distraigo en los stands de las librerías -que conozco de memoria-. Voy directamente hacia Fondo de Cultura Económica (a veces traen algo) y luego a Tusquets. Me gustaría conseguir más libros de Marguerite Duras. En el interín descubro que tienen los dos tomos de Los papeles salvajes de Marosa de Giorgio.
El stand de Tusquets, un verdadero festín.
El stand de Tusquets, un verdadero festín.
jueves, 26 de abril de 2007
Gustave Flaubert
Me gusta mirar libros: ojearlos, desvestirlos de esa capita plástica que les ponen para protegerlos, pasar las hojas y admirar su tipografía, el olor del papel, las diferentes texturas: tapa, contratapa, lomo. Si es posible me llevo alguno.
A veces no es posible.
A veces no es posible y no siempre es por falta de dinero.
A veces no es posible porque todos los libros que me gustaría leer ya los he leído.
¡Qué sensación nefasta!
Ayer, sin embargo, encontré una edición de Tres cuentos de Gustave Flaubert y sin decir agua va lo agarré y empecé a leer: "Durante medio siglo, los burgueses de Pont-l'Eveque le envidiaron a Mme Aubain su sirvienta Félicité.". Oh. Oh. Oh.
Primero me acordé del loro de Flaubert. Sí, su loro. Porque Flaubert, para escribir este cuento, se hizo prestar un loro.
Después, me acordé de un artículo de Barthes que explicaba los procedimientos del realismo a partir de este cuento. Lo que no podía recordar era el cuento en sí. ¿Qué pasaba con Félicité (o Felicitas, que así recordaba yo su nombre por haber leido otra traducción, vaya a saber uno en qué fotocopia trucha del CEFyL)?
Flaubert escribió Tres cuentos mientras nadaba en las páginas interminables de su Bouvard y Pécuchet.
A mí, Bouvard y Pécuchet me gustó enormemente cuando lo leí aunque no es un libro para andar regalando, la verdad. Encima no está terminado porque Flaubert se murió antes de terminarlo. La edición de Losada incluyó unos apuntes que tenía Flaubert a modo de final. Horrible pero muy interesante. Digo, són los apuntes de un escritor.
Me llevé Tres cuentos con miedo de ya tenerlo en mi biblioteca. ¿No habrá quedado en los libros que me faltaban traer?
A la nochecita, a la luz de mi lámpara, leí el cuento de Félicité y su loro. Sin desperdicio. Guille se reía porque de todos los libros contemporáneos que hay en el mundo yo vengo a agarrar uno del siglo XIX.
¿De qué siglo sos, nena?
Qué se yo.
No me importa, además.
A veces no es posible.
A veces no es posible y no siempre es por falta de dinero.
A veces no es posible porque todos los libros que me gustaría leer ya los he leído.
¡Qué sensación nefasta!
Ayer, sin embargo, encontré una edición de Tres cuentos de Gustave Flaubert y sin decir agua va lo agarré y empecé a leer: "Durante medio siglo, los burgueses de Pont-l'Eveque le envidiaron a Mme Aubain su sirvienta Félicité.". Oh. Oh. Oh.
Primero me acordé del loro de Flaubert. Sí, su loro. Porque Flaubert, para escribir este cuento, se hizo prestar un loro.
Después, me acordé de un artículo de Barthes que explicaba los procedimientos del realismo a partir de este cuento. Lo que no podía recordar era el cuento en sí. ¿Qué pasaba con Félicité (o Felicitas, que así recordaba yo su nombre por haber leido otra traducción, vaya a saber uno en qué fotocopia trucha del CEFyL)?
Flaubert escribió Tres cuentos mientras nadaba en las páginas interminables de su Bouvard y Pécuchet.
A mí, Bouvard y Pécuchet me gustó enormemente cuando lo leí aunque no es un libro para andar regalando, la verdad. Encima no está terminado porque Flaubert se murió antes de terminarlo. La edición de Losada incluyó unos apuntes que tenía Flaubert a modo de final. Horrible pero muy interesante. Digo, són los apuntes de un escritor.
Me llevé Tres cuentos con miedo de ya tenerlo en mi biblioteca. ¿No habrá quedado en los libros que me faltaban traer?
A la nochecita, a la luz de mi lámpara, leí el cuento de Félicité y su loro. Sin desperdicio. Guille se reía porque de todos los libros contemporáneos que hay en el mundo yo vengo a agarrar uno del siglo XIX.
¿De qué siglo sos, nena?
Qué se yo.
No me importa, además.
miércoles, 25 de abril de 2007
Great Britain
Reales y cortaditos por la misma tijera. Colegios británicos de Olivos. ¿Cuántos años pasaron de eso? Ternura es un sustantivo común abstracto. Deviene del adjetivo tierno. Pero qué es ternura. Inquinidad es un sustantivo común abstracto. ¿Es malo? Malo, malo, malo. Después de todo, ¿qué es la inquinidad a los ocho años? Si hasta se parece a la palabra quinina que es lo que le ponen a Amy en las uñas para que no se las coma en Mujercitas (aaaah, Luisa May Alcott, gran baluarte de la literatura infantil).
Mi tristeza no sabe de dónde viene. Si es del invierno. Si es del hermano que deambula de consultorio en consultorio. Pero si en las fotos siempre salimos los dos con la sonrisa bien abierta. Los dientes que salen tarde. Dentición tardía. Masticar. Masticar. Masticar inquinidad, avaricia, pulcritud y la estupidez de las maestras de la primaria. Amar es un verbo de la primera conjugación. ¿Qué vas a hacer cuando seas grande? Bióloga, como mi mamá. No, cantante. También como mi mamá. No, escritora: voy a escribir sobre animales, plantas. La vida, bah.
Y esa tristeza de lo estático. Hasta los diez años el invierno tenía el color de mi uniforme rojo y azul. Y mi flequillo rebelde se dejaba atenazar por hebillas de color marrón.
Miro a mi alumnito que repite: sustantivo común colectivo singular. Y está tan triste. Yo también estoy triste porque cómo maizal va a ser sólo eso. Mejor dejá eso y hablamos de por qué tu dragón se escondió en las manchas de tinta.
Mi tristeza no sabe de dónde viene. Si es del invierno. Si es del hermano que deambula de consultorio en consultorio. Pero si en las fotos siempre salimos los dos con la sonrisa bien abierta. Los dientes que salen tarde. Dentición tardía. Masticar. Masticar. Masticar inquinidad, avaricia, pulcritud y la estupidez de las maestras de la primaria. Amar es un verbo de la primera conjugación. ¿Qué vas a hacer cuando seas grande? Bióloga, como mi mamá. No, cantante. También como mi mamá. No, escritora: voy a escribir sobre animales, plantas. La vida, bah.
Y esa tristeza de lo estático. Hasta los diez años el invierno tenía el color de mi uniforme rojo y azul. Y mi flequillo rebelde se dejaba atenazar por hebillas de color marrón.
Miro a mi alumnito que repite: sustantivo común colectivo singular. Y está tan triste. Yo también estoy triste porque cómo maizal va a ser sólo eso. Mejor dejá eso y hablamos de por qué tu dragón se escondió en las manchas de tinta.
martes, 24 de abril de 2007
Tarde de Idioma
Escribo todo mezclado. No me reten por eso. La lluvia que amenaza con irse. Piso lo mojado como una afirmación de la verdad más absoluta. Ha llovido y ha vuelto a llover. Llover es un verbo trunco.
Se tronchó una rama del lenguaje. Laura Mazzocchi me llama. Es que Idioma.
Me espera en un café. Llego tarde. El bar, salpicado de ladrillo a la vista y lamparitas dicroicas. Acá todo es muy caro, me dice mi amiga poeta. Y ahí yo pienso: para los poetas todo siempre es extremadamente caro, vayan donde vayan. Las lamparitas de filamento lo hacen todo más... ¿accesible? Si es dicroica tendrá que ser complicado: (otro prejuicio). Es raro, Laura está allí, del otro lado de la mesita en este abril. Un café con leche a medio tomar. Yo pido el cortado de rutina y desciendo de mi caballo atolondrado. De mi cuerpo batallado. Ella quiere alargar la entrega. Hablamos un poco y otro poco nos miramos. Otra vez acá. Hola. Hola.
Amiga idioma,
arbolita mía
que a pasitos
cabalga una noche de abril
y se pierde en sus sombras anclar.
Me acuerdo. Me acuerdo.
Era abril. Hace un año. El mismo ritual. Yo, del otro lado de la mesita. Hace un año tus sombras anclar y ahora esto. Me entregás tu diccionario de agua. Una porción de ternura.
Hace un año me preguntabas la diferencia entre lengua e idioma.
¿Te acordás?
A pasitos. Tus pasitos ayudan a mis pasitos.
A saltar el abismo, carajo.
Se tronchó una rama del lenguaje. Laura Mazzocchi me llama. Es que Idioma.
Me espera en un café. Llego tarde. El bar, salpicado de ladrillo a la vista y lamparitas dicroicas. Acá todo es muy caro, me dice mi amiga poeta. Y ahí yo pienso: para los poetas todo siempre es extremadamente caro, vayan donde vayan. Las lamparitas de filamento lo hacen todo más... ¿accesible? Si es dicroica tendrá que ser complicado: (otro prejuicio). Es raro, Laura está allí, del otro lado de la mesita en este abril. Un café con leche a medio tomar. Yo pido el cortado de rutina y desciendo de mi caballo atolondrado. De mi cuerpo batallado. Ella quiere alargar la entrega. Hablamos un poco y otro poco nos miramos. Otra vez acá. Hola. Hola.
Amiga idioma,
arbolita mía
que a pasitos
cabalga una noche de abril
y se pierde en sus sombras anclar.
Me acuerdo. Me acuerdo.
Era abril. Hace un año. El mismo ritual. Yo, del otro lado de la mesita. Hace un año tus sombras anclar y ahora esto. Me entregás tu diccionario de agua. Una porción de ternura.
Hace un año me preguntabas la diferencia entre lengua e idioma.
¿Te acordás?
A pasitos. Tus pasitos ayudan a mis pasitos.
A saltar el abismo, carajo.
jueves, 12 de abril de 2007
Agradecimiento mutuo
Una vez le agradecí a mi maestra de yoga por todo lo que estaba aprendiendo a su lado. Ella me sonrió enigmáticamente y me dijo que no había nada que agradecer. Que ella me agradecía a mí por haberla elegido como maestra. Y agregó que el maestro existe gracias a que el alumno existe. Y que en algún punto cuando ese alumno aparece uno tiene que agradecer por ello. Y que entonces ella me agradecía a mí.
martes, 10 de abril de 2007
Sabiduría popular
Hace tiempo yo cantaba estas coplas anónimas:
Me dijo un sabio profundo
con experiencia madura
que no se hace el pan sabroso
sin amarga levadura.
Y qué cierto es.
Cuando la levadura se malogra no hay con qué darle al pan.
Sólo una humilde pizzeta.
Me dijo un sabio profundo
con experiencia madura
que no se hace el pan sabroso
sin amarga levadura.
Y qué cierto es.
Cuando la levadura se malogra no hay con qué darle al pan.
Sólo una humilde pizzeta.
viernes, 30 de marzo de 2007
Mojado
Respiro mojado. Respiro. Eso ya es algo muy bueno.
La espera larga del crepúsculo con mate y pavita en la terraza. El sol pintó su cuadro de atardecer. Yo estoy cansada de barrer la lluvia. Cansada de olerla. De vivirla.
MAÑANA.
Pero el hoy es tan vivo que salgo a pisar mojado. Aunque importe.
La espera larga del crepúsculo con mate y pavita en la terraza. El sol pintó su cuadro de atardecer. Yo estoy cansada de barrer la lluvia. Cansada de olerla. De vivirla.
MAÑANA.
Pero el hoy es tan vivo que salgo a pisar mojado. Aunque importe.
lunes, 26 de marzo de 2007
Coso mi vestido de dudas
En él hay fotografías desteñidas y puntadas sin hilo. No importa. Para amarte no necesito un vestido. Leo un poema que aún resuena en la punta de mi lengua. Me despierta la niñez dormida. Los ojos más grandes que la boca. La boca más grande que la nariz. Viva. Viva. Viva. Tres veces viva por las lluvias internas del organismo.
Así, sin espejo, parada en el fondo del salón pequeño. No hay profundo pozo. Sólo rizomas. Los niños me tocan. El olor de la infancia me susurra movimiento. Las entrañas cantan la tierra de un ser nuevo. Y el camino está en las panzas de otros. El ciclo nunca se detiene.
y yo
y yo
y yo
compro poesía en una librería
para tu futura infancia.
Así, sin espejo, parada en el fondo del salón pequeño. No hay profundo pozo. Sólo rizomas. Los niños me tocan. El olor de la infancia me susurra movimiento. Las entrañas cantan la tierra de un ser nuevo. Y el camino está en las panzas de otros. El ciclo nunca se detiene.
y yo
y yo
y yo
compro poesía en una librería
para tu futura infancia.
viernes, 23 de marzo de 2007
viernes, 16 de marzo de 2007
Clarivigilia Primaveral
Laura encuentra tesoros en las librerías de Buenos Aires. Fue ella quien me prestó Clarivigilia Primaveral de Miguel Angel Asturias. ¿Sabías que Asturias escribía poesía?, me dijo dándome un librito un poco amarillo -agotadísimo hace añares- y que yo devoré en pocos días y que seguí devorando en cada relectura. Clarivigilia Primaveral es uno de esos libros que me hubiera encantado poder escribir. Pero ya no puedo hacerlo pues ya está escrito y porque además yo no soy Asturias. A otra cosa, mariposa, dicen que dicen.
Ah, pero me quedé con el libro.
¿Y qué creen que hizo Laura? Ningún problema. Con su andar despreocupado entró a otra librería de usados y encontró otro ejemplar de Clarivigilia que luego me entregó con orgullo de cazadora (¿o pescadora?). Y sé que lo volvería encontrar si fuera necesario.
Hoy encontré en una librería de usados El sueño de Úrsula de María Negroni, otro libro imposible de conseguir que Laura me prestó antes de irse a Bolivia.
Pa' mi que Laura me echó uno de sus polvos mágicos.
Ah, pero me quedé con el libro.
¿Y qué creen que hizo Laura? Ningún problema. Con su andar despreocupado entró a otra librería de usados y encontró otro ejemplar de Clarivigilia que luego me entregó con orgullo de cazadora (¿o pescadora?). Y sé que lo volvería encontrar si fuera necesario.
Hoy encontré en una librería de usados El sueño de Úrsula de María Negroni, otro libro imposible de conseguir que Laura me prestó antes de irse a Bolivia.
Pa' mi que Laura me echó uno de sus polvos mágicos.
martes, 13 de marzo de 2007
Rimbaud
Todos se preguntan por qué Rimbaud dejó de escribir poesía.
Todos abrieron la boca para decir algo al respecto.
Rimbaud no dijo nada y vivió su vida.
Le adjudicaron una serie de etiquetas y motes que escribieron en sendas biografías.
Nunca sabremos la verdad.
Todos abrieron la boca para decir algo al respecto.
Rimbaud no dijo nada y vivió su vida.
Le adjudicaron una serie de etiquetas y motes que escribieron en sendas biografías.
Nunca sabremos la verdad.
lunes, 12 de marzo de 2007
Dentelladas
También pienso en que uno de estos dias voy a patear el tablero. Y pienso que no quiero estar ese día en mi lugar. Entonces pienso que debe haber otras formas de patear cosas pero con una energía que manifieste la agresividad justa. Una agresividad que no destruya sino que mueva. Como cuando la tierra acomoda sus carnes sin destruir ningún pueblo. Una caricia casi adormecida.
Pero no duerme.
Con esto quiero decir que ya no me importa ser una buena persona sino que me interesa ser lo más auténtica posible.
Esto significa que empiezo a dar rienda suelta a todos mis sentimientos.
La agresividad cae de maduro. Una lluvia de manzanas para morder.
Por favor.
Pero no duerme.
Con esto quiero decir que ya no me importa ser una buena persona sino que me interesa ser lo más auténtica posible.
Esto significa que empiezo a dar rienda suelta a todos mis sentimientos.
La agresividad cae de maduro. Una lluvia de manzanas para morder.
Por favor.
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