jueves, 10 de marzo de 2011

AURYN

Un día, después de haber estado alborotando, Bastián se sentó un poco sin aliento y preguntó: -¿No podría quedarme siempre contigo? El león sacudió la melena. -No, señor. -¿Por qué no? -Aquí sólo hay vida y muerte. No hay historias. Y tú tienes que vivir tu propia historia. No debes quedarte aquí. -Pero, ¡si no puedo marcharme! -dijo Bastián-. El desierto es demasiado grande para que nadie pueda salir de él. Y tú no puedes llevarme porque llevas el desierto contigo. -Los caminos de Fantasía -dijo Graógraman -sólo puedes encontrarlos en tus deseos. Y sólo puedes ir de un deseo a otro. Lo que no deseas te resulta inalcanzable. Eso es lo que significan aquí las palabras "cerca" y "lejos". Y tampoco basta con querer marcharse de un lugar. Tienes que querer ir a otro lugar. Tienes que dejarte llevar por tus deseos. -Pero si yo no deseo marcharme... -respondió Bastián. -Tendrás que encontrar tu próximo deseo- contestó Graógraman casi serio. -Y si lo encuentro -preguntó Bastián- ¿cómo podré marcharme de aquí? -Escucha, señor -dijo en voz baja Graógraman- hay en Fantasía un lugar que conduce a todas partes y al que puede llegarse desde todas. Ese lugar se llama el Templo de las Mil puertas. Nadie lo ha visto nunca por fuera porque no tiene exterior. Su interior, sin embargo, está formado por un laberinto de puertas. El que quiera conocerlo tiene que atreverse a entrar. -¿Cómo es posible entrar si uno no puede acercarse por fuera? -Cada puerta de Fantasía entera -prosiguió el león -incluso una puerta completamente corriente de establo, de cocina o de un armario puede ser, en un momento determinado, la puerta de entrada al Templo de las Mil puertas. Si el momento pasa, la puerta vuelve a ser lo que era. Por eso nadie puede entrar una segunda vez por la misma puerta. Y ninguna de las mil puertas conducen otra vez al lugar de donde se vino. No hay vuelta atrás. -Pero cuando se está dentro, ¿se puede volver a salir otra vez a alguna parte? -Sí - respondió el león - pero no es tán fácil como en las casas corrientes. Porque a través del laberinto de las mil puertas sólo puede guiarte un deseo auténtico. Quien no lo tiene ha de vagar por el laberinto hasta que sabe lo que desea. Y a veces hace falta mucho tiempo para eso. -¿Y cómo se puede encontrar la puerta de entrada? -Hay que desearlo. -Es extraño que no se pueda desear simplemente lo que se quiere. ¿De dónde vienen realmente los deseos? ¿Y, qué es eso, un deseo? Graógraman miró al muchacho con los ojos muy abiertos pero no respondió. Unos días más tarde, tuvieron otra vez una conversación muy importante. Bastián le enseñó al león la inscripción del reverso de la Alhaja. -¿Qué significa -preguntó- "HAZ LO QUE QUIERAS". Eso quiere decir que puedo hacer lo que me dé la gana, ¿no crees? El rostro de Graógraman pareció de pronto terriblemente serio y sus ojos comenzaron a arder. -No - dijo con voz profunda y retumbante - Quiere decir que debes hacer tu Verdadera Voluntad. Y no hay nada más difícil. -¿Mi Verdadera Voluntad? -repitió Bastián impresionado- ¿Qué es eso? -Es tu secreto más profundo, el que no conoces. -¿Cómo puedo descubrirlo entonces? -Siguiendo el camino de tus deseos, de uno a otro hasta llegar al último. Ese camino te conducirá a tu Verdadera Voluntad. -No me parece tan difícil -opinó Bastián. -Es el más peligroso de todos los caminos -dijo el león. -¿Por qué? -preguntó Batsián -. Yo no tengo miedo. -No se trata de eso -retumbó Graógraman- Ese camino exige la mayor autenticidad y atención porque en ningún otro es tan fácil perderse para siempre. -¿Quieres decir que no siempre son buenos los deseos que se tienen? - trató de averiguar Bastián. -¡Qué sabes tú lo que son deseos! ¡Qué sabes tú lo que es o no bueno! Michael Ende, La historia interminable, Alfaguara, Madrid, 1987, pág 226-227

jueves, 3 de marzo de 2011

Puesta brillante

Primer día en La Pedrera, Uruguay.
Está oscureciendo.
Lo veo entrar a Nico apresurado al cuarto de la posada donde nos estamos hospedando.

-¡Flo! ¿Viste la cámara? ¡Hay una puesta de sol increíble!
-Está por ahí... ¿Se ve la puesta de sol desde La Pedrera?
-Sí, la quiero fotografiar.
-¿Pero se pone en el mar?
-Te juro, se pone en el mar, vení a verla.

Salimos apresuradamente del cuarto. Mientras caminamos voy rumiando la posibilidad de que el sol se ponga en el mar en esta playa. Estamos a diez kilómetros de La Paloma, donde el sol sí se pone en el mar. Pero en esos diez kilómetros hay algunas curvas que no parecieran permitir una puesta de sol al estilo "La Balconada".

-¡Mirá! ¡Ahí está!
Veo una cosa redonda, anaranjada y brillante.
-Pero Nico...
-¿Qué?
-Nico, esa es la luna.

martes, 15 de febrero de 2011

Primera Persona

Revisando unas cajas donde guardo material de la facultad y de otras materias que fui estudiando a lo largo de mi vida encuentro una caja azul etiquetada de la siguiente forma "Cosas, secundaria". La abro sin mucho interés y me encuentro con algunos trabajos, narraciones escritas a mano y fotocopias de artículos. Algunos trabajos de quinto año están escritos en una máquina de escribir que tuve antes de que mi padre comprara la primera PC.

Sin embargo, la joyita máxima se la llevó una corrección de mi profesor de Historia -era universitario de Puan, el colegio se jactaba de tener todos profesores universitarios- en un trabajo que hice sobre la caída del muro de Berlín. En el trabajo (escrito ya en la flamante PC que mi padre trajo un buen día de 1994) yo había escrito una frase que decía "me propongo demostrar.... etc.). La frase está marcada en rojo y la corrección es la siguiente: NUNCA USAR LA PRIMERA PERSONA.

Ahí comenzó la fragmentación supongo. Esta frase la escuché hasta el hartazgo en la universidad.
Hoy, sin embargo, me propongo usar la primera persona. La singular y la plural.
Cuando quiero hacer algo lo hago siempre en primera persona. Siempre.
Pasivas con se y usos impersonales del lenguaje, absténganse, por favor.

lunes, 14 de febrero de 2011

Buena suerte

Hace dos años, Nico y yo nos zambullimos uno adentro del otro en una vorágine sexual maravillosa.
Dos febreros atrás, aún embriagados por esta inexplicable felicidad, una noche de sábado cualquiera salimos a buscar un lugarcito para comer. Resultó que ese día era San Valentín y ningunos de los dos se había percatado de ello. Terminamos comiendo en Demetria, un lugar de comida naturista porque nos pareció que allí iba a haber menos cola que en Primavera Trujillana. A la luz de las velas bebimos y comimos como sólo una parejita muy enamorada puede hacerlo.

Hoy, para rememorar ese día, lo invité a Nico a cenar afuera. Como todo fue a último momento y no teníamos reserva en ningún lado, tuvimos que apelar a nuestra buena suerte y en La Bataraza nos dieron una mesita afuera con la infaltable velita.

Y comimos y bebimos como sólo una parejita muy enamorada puede hacerlo.

martes, 1 de febrero de 2011

De pie

Estoy estudiando una nueva técnica llamada ashiatsu donde se trabaja con los pies.
Al principio de la clase nos explicaron que ashiatsu significa no shiatsu (por el prefijo, claro está). También parece ser que ashi en japonés es pie, pierna, etc.
Juego de palabras.
Cuando me tocó rebotar en un pie y balancear el otro en la pierna de mi receptor pensé: ¿por qué no aprendí esto antes? ¡Es genial!
Después me respondí solita.
Me llevó tres años volver a pararme sobre los pies.

viernes, 21 de enero de 2011

Pilas

En casa de mis padres, tomando un mate con ellos antes de irme a Mardel.

-Pa, ¿no tendrás una de esas pilas triple A?
-Sí, creo que tenemos, las compramos para los controles de los aires acondicionados.
-¿Te sobra alguna?
-Sí, queda alguna.
-¿Me darías una para mi mp3?
-Sí, claro.
-¿Seguro que no la vas a usar?
-No, no, mis pilas son tus pilas. Podemos compartir las pilas con vos.

Me mata su ternura.

miércoles, 19 de enero de 2011

Maru Kogan

El sinsentido de la muerte de Maru Kogan. Era joven. Era hermosa. Era buena. Leo los últimos mails que nos escribimos, las conversaciones por chat, algo de unos exámenes, mudanzas y, por sobre todo, escribir. Le gustaba escribir literatura autoreferencial y, a veces, se sentía menos por eso. Es un enorme sinsentido esto. Leo su twitter en donde dice algo sobre sus plantas, si alguien se las puede regar cuando sus plantitas la sobrevivan. Y me largo a llorar. Y me digo, no puedo estar tan triste por alguien que sólo vi una vez en mi vida. Pero qué va, los lazos de escritura a veces son más fuertes.

miércoles, 12 de enero de 2011

Nunca para la muerte

Busco en la librería un texto bello. Encuentro la edición facsimilar del diario de Frida Khalo. Me acuerdo de este diario. Me siento en una de esas sillas enormes de la librería. Paso lentamente las hojas del libro. Miro sus dibujos. Su ser en colores.
Pienso, Frida sufrió tanto en su vida. Eso es sufrir. Que se te clave un caño en un accidente de ómnibus y te atreviese el cuerpo. Y quedar viva. Y aún así usar el cuerpo para la vida. No para la muerte. Nunca para la muerte.

lunes, 10 de enero de 2011

Sin mar aún

Enero trae trabajo y yo sólo quiero irme al mar. Tengo saudades de la playa y unos tambores que nunca toqué pero que los siento tan adentro de la sangre como el brebaje que ahora estoy tomando. Tengo saudades de la sal ardiendo en la piel, las algas pegadas al pelo mojado, la arena caliente en la planta de los pies, la libertad de ver el horizonte sin que nada lo detenga. Qué suerte que no se puede construir en el océano.
Escucho The Chieftains. Es adecuado para que la lluvia caiga de una buena vez sobre nuestras cabezas.

viernes, 31 de diciembre de 2010

31

Ea, ea, ea...
el mar está arriba,
el mar está arriba
y la Luna también.
Las estrellas nadan alrededor.
¡Ah! es el Cielo Azul.
Ea, ea, ea, ¡es el Cielo Azul!

Canto de los Paeces, Suramérika

lunes, 13 de diciembre de 2010

caro mio ben



Caro mio ben fue la primer canción que aprendí cuando, hace quince años, empecé a incursionar en el canto lírico. Es una canción simple pero muy hermosa. Habla de un amante que implora: amor mío, créeme que sin ti mi corazón languidece.
Amo esta canción. Y a la Bartoli también por cantarla magníficamente.


Caro mio ben,
credimi almen,
senza di te
languisce il cor.

Il tuo fedel
sospira ognor
Cessa, crudel,
tanto rigor!

Cessa, crudel,
tanto rigor,
tanto rigor!

Caro mio ben,
credimi almen,
senza di te
languisce il cor.

martes, 16 de noviembre de 2010

Legitimar

Legitimización no es lo mismo que legalidad.
Hace muchos años este fue mi tema de monografía para La Tierra Púrpura de Hudson, un libro que me fascinó cuando cursé Literatura Argentina del siglo XIX. Para ello tuve que leer Tecnologías del yo, de Foucault. ¿Quién iba a decirme que muchos años después lo estaría aplicando para mi vida cotidiana?
Tardé años en darme cuenta de que el verdadero saber no siempre está en las instituciones sino en las personas. Creía que ya lo sabía pero se ve que no.
Hoy trabajo como terapeuta de shiatsu, y aunque en Japón esto que hago es bien legal, aquí en Argentina es bien legítimo.

martes, 9 de noviembre de 2010

La amistad

Ayer fue un día largo pero hermoso. Visité a una amiga que vive en Villa Crespo y la ayudé a poner lindo su balcón. Tiene un balcón precioso que da a una avenida muy ruidosa. El departamento es bonito pero le falta una mesa, almohadones, algo en la pared y una biblioteca para sus libros que aún están en cajas. Las paredes están desnudas. Y no es que mi amiga no tenga con qué llenarlas pero creo que aún sigue triste. Hace un año le regalé un malvón enorme color rojo, un pequeño ficus y un potus. Ella del malvón hizo nuevos malvoncitos. Quedamos en que me va a regalar uno. No le dije que ese malvón era una planta de la terraza de Mamina. Ahora es como un pequeño arbusto en las alturas de un balcón cerca de Parque Centenario. Qué extraño.

En el balcón había una maceta grande que estaba llena de tierra seca. Tierra muerta. Había un palo clavado como una estaca, lo que había quedado de un ficus anterior. Lo sacamos. Con un tenedor y agua removimos la tierra estancada. Cuando uno trabaja con elementos vivos, aprende. La tierra despertó con el agua. Fue sólo un movimiento. Recuperó la humedad y, de pronto, escarbar fue fácil. Increíble. El olor a humus ascendió por nuestras narices. El masacote se transformó en tierra lista para albergar una planta viva. Plantamos el ficus pequeño en la maceta grande. Ahora mi amiga lo podrá ver desde su cuarto.

Hoy mi amiga me llamó para decirme que se había despertado a la mañana y que la simple visión del ficus desde la cama le había dado alegría.
Movemos cosas de lugar y recuperamos la alegría. ¿Por qué?
De eso se trata la vida en todos sus aspectos, supongo.