Escribo esto con Mani durmiendo a mi lado. Finalmente ayer lo castramos.
El día que volvió con la cara sangrante, sucio de fango y consumido por la excitación sexual fue demasiado para mi. Es un gato maravilloso y se merece vivir mucho y bien. Ni idea de si Mani era un macho alfa pero lo que sí sé es que se esmeraba mucho por serlo. Un día era un amor de gato y al día siguiente volvía como Rambo en una guerra. No hay corazón que resista eso.
Al ser mi primer gato macho tenía algunos resquemores. ¿Castrarlo? ¡Pobrecito! Pero luego descubrí que también era un pobrecito si no lo castraba. Esclavo de sus hormonas iba a terminar en el cementerio de gatos.
La sexualidad en los gatos es muy distinta de la nuestra. No lo hacen por gusto sino por el simple afán de reproducirse. Donde hay una gata en celo, hay cinco machos que la acosan. Y se matan por conseguirla. Pobre gata, realmente. Pero también pobres los gatos que llevados por el impulso de la testosterona se juegan el todo por el todo y no pueden parar aunque estén perdiendo.
Más allá del deber de cada uno de castrar a su mascota (por el bien suyo y por el de las hembras que ya no embarazará), lo de Mani fue un intento de protegerlo de sí mismo.
A ver, ¡vamos! yo lo adoro pero es un gato blanco. ¡Blanco! De noche se lo ve a las mil leguas, es un foco con un cartel que dice: ¡vengan y péguenme!
Lo cierto es que trataremos de que se haga un gato casero y esperamos que sea feliz con sus otras cualidades felinas. Por lo pronto, mientras les escribo, lo veo dormitar en la cama, al lado de Nico. Los dos duermen y hacen ruidos muy parecidos. Les juro que me muero de amor.
viernes, 31 de enero de 2014
lunes, 27 de enero de 2014
Savasana
En casa, desde que hago yoga, a veces se dan estas situaciones.
Estoy en el cuarto de shiatsu haciendo mi práctica. Nico está en el playroom viendo una serie nueva que le encanta, descostillándose de risa. De pronto, lo escucho bajar por la escalera. Yo estoy haciendo sirsasana, mi paro de cabeza. No puedo verlo pero siento su presencia en el cuarto. Nico no dice nada, sabe que estoy haciendo yoga, no me interrumpe, sólo verifica que no me rompí la crisma y luego continúa su camino hacia la cocina, supongo para beber algo de la heladera.
Pasan unos veinte minutos y lo vuelvo a escuchar deambular por la casa. Ahora estoy haciendo vriksasana, la postura del árbol (equilibrio). Se detiene unos segundos en la puerta del cuarto y me mira. Tampoco dice nada y sigue su camino.
A la media hora, ya estoy en savasana (la postura del muerto), en plena relajación.
-¡Amor! ¿¿Estás bien??
-Mmmh...
-Flor, ¿estás bien?
-....
-¡Flor!
-Nico, estoy en savasana, no me molestes.
-¿En qué?
-¡Estoy haciendo la postura del muerto!
-Ah, qué susto ¡Te sale perfecto!
Estoy en el cuarto de shiatsu haciendo mi práctica. Nico está en el playroom viendo una serie nueva que le encanta, descostillándose de risa. De pronto, lo escucho bajar por la escalera. Yo estoy haciendo sirsasana, mi paro de cabeza. No puedo verlo pero siento su presencia en el cuarto. Nico no dice nada, sabe que estoy haciendo yoga, no me interrumpe, sólo verifica que no me rompí la crisma y luego continúa su camino hacia la cocina, supongo para beber algo de la heladera.
Pasan unos veinte minutos y lo vuelvo a escuchar deambular por la casa. Ahora estoy haciendo vriksasana, la postura del árbol (equilibrio). Se detiene unos segundos en la puerta del cuarto y me mira. Tampoco dice nada y sigue su camino.
A la media hora, ya estoy en savasana (la postura del muerto), en plena relajación.
-¡Amor! ¿¿Estás bien??
-Mmmh...
-Flor, ¿estás bien?
-....
-¡Flor!
-Nico, estoy en savasana, no me molestes.
-¿En qué?
-¡Estoy haciendo la postura del muerto!
-Ah, qué susto ¡Te sale perfecto!
viernes, 24 de enero de 2014
lunes, 20 de enero de 2014
Un gato blanco que quiere quedarse
Mucho se ha dicho sobre los gatos blancos. Limpieza, purificación, bendición, suerte. Lo cierto es que Mani es hermoso y bueno. Hoy fue el primer día que se quedó todo el día con nosotros. Hasta ayer venía por las noches. Aún no dejo que pase de la cocina. Recién lo desparasitamos y mañana viene un veterinario a darle las vacunas necesarias que lo habiliten para convivir con nosotros sin que haya riesgo de alguna enfermedad. Por ahora disfruto de verlo dormir, comer, maullar, trepar medianeras, husmear, jugar con una ramita. No sé qué pasará con él, si se quedará o no (todo parece indicar que sí). Pero lo que sea que suceda será con salud, amor y libertad.
viernes, 17 de enero de 2014
Mani
Hace
dos noches apareció un gato blanco. Vino con la luna y muy desconfiado.
Le dejé comida de mi gata Marilyn (nos sobró una bolsa entera). Hoy
volvió a aparecer. Estaba más manso. Se dejó acariciar, ronroneó, se
puso panza arriba, todos detalles que me hacen creer que se sintió
seguro y protegido. Es macho, muy blanco y de ojos celestes. Es
bellísimo. Lo llamamos Mani, dios de la luna (nórdico). Ni idea de qué
sucederá. Yo creo que Marilyn nos lo envió para que no la extrañáramos
tanto.
jueves, 9 de enero de 2014
Marilyn
Por acá no lo conté: hace poco menos de un mes un auto mató a mi gata Marilyn. Tristeza. Desazón. Bronca. El tipo iba a mil. Así como mató a mi gata podría haber matado a un niño. Una calle residencial con un inmenso lomo de burro en el medio... a quién se le ocurre.
Fue horrible. Horrible. Amábamos a esa gata. Esa gata me enseñó todo sobre los gatos. Yo no sabía nada. Ella fue paciente conmigo. Muy paciente. Yo la trataba como a los perros. Y recibí unos cuantos arañazos, maullidos reprobatorios, mordidas. Pero nada grave. Marilyn fue paciente y consiguió domesticarme. Consiguió que la quisiera enomemente.
Hoy la extraño a horrores.
Fue horrible. Horrible. Amábamos a esa gata. Esa gata me enseñó todo sobre los gatos. Yo no sabía nada. Ella fue paciente conmigo. Muy paciente. Yo la trataba como a los perros. Y recibí unos cuantos arañazos, maullidos reprobatorios, mordidas. Pero nada grave. Marilyn fue paciente y consiguió domesticarme. Consiguió que la quisiera enomemente.
Hoy la extraño a horrores.
jueves, 26 de diciembre de 2013
Navidad reloaded
A mis viejos les gustaban los Reyes Magos y nos inculcaron el temita del pastito y el agua para los camellos. Igual, lejos estábamos de tener un pesebre. Todos agnósticos, judíos y ateos. Jesús era un hombre extraordinario, un revolucionario que pregonaba el amor. Y Barrabás un revolucionario que pregonaba la lucha armada. Y los hombres prefirieron a Barrabás. Hay que ver las cosas que uno escucha de niño, eh.
Los regalos, de todos modos, sí se esperaban con mucha ansiedad. Nos encantaba armar el arbolito pero Papá Noel eran mis padres, mis tíos y mis abuelos. Y estaba bien que fuera así. Me daban pena algunas compañeritas mías del colegio que no sabían la verdad y se creían la historia del gordo de rojo y blanco bajando por una chimenea. Eran las mismas que tampoco sabían lo que era la menstruación y creían que los bebés los traía la cigüeña.
Además sabíamos que los regalos costaban dinero. Entonces el regalo de mamá y papá era un regalo caro y el regalo de mis abuelos era pequeñito y barato (porque no tenían mucha plata) pero había que agradecerlo igual. A veces nos disfrazábamos nosotros e inventábamos personajes. Y siempre, siempre se cantaba y había música pero nunca jamás hubo pirotecnia.
Hoy, sin embargo, la Navidad vuelve recargada con familia distinta. Eso es lo que pensaba ayer mientras masticaba un turrón de esos con maní y pasta dura, delicioso. En mi familia ya no se come turrón pero parece que acá sí, todas las especialidades de la comida navideña: turrón, mantecol, garrapiñada, pan dulce. En fin. La Navidad no morirá nunca.
Los regalos, de todos modos, sí se esperaban con mucha ansiedad. Nos encantaba armar el arbolito pero Papá Noel eran mis padres, mis tíos y mis abuelos. Y estaba bien que fuera así. Me daban pena algunas compañeritas mías del colegio que no sabían la verdad y se creían la historia del gordo de rojo y blanco bajando por una chimenea. Eran las mismas que tampoco sabían lo que era la menstruación y creían que los bebés los traía la cigüeña.
Además sabíamos que los regalos costaban dinero. Entonces el regalo de mamá y papá era un regalo caro y el regalo de mis abuelos era pequeñito y barato (porque no tenían mucha plata) pero había que agradecerlo igual. A veces nos disfrazábamos nosotros e inventábamos personajes. Y siempre, siempre se cantaba y había música pero nunca jamás hubo pirotecnia.
Hoy, sin embargo, la Navidad vuelve recargada con familia distinta. Eso es lo que pensaba ayer mientras masticaba un turrón de esos con maní y pasta dura, delicioso. En mi familia ya no se come turrón pero parece que acá sí, todas las especialidades de la comida navideña: turrón, mantecol, garrapiñada, pan dulce. En fin. La Navidad no morirá nunca.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Neverending story
"Enigmático", dijo SAL. "¿No vas a escribir más?", dijo un anónimo. La palabra fin es una palabra compleja. Hay un fin cuando se piensa en un tiempo lineal. La línea del tiempo en historia, por ejemplo. La batalla X comienza en tal año y termina en tal otro y luego.... y luego habrá más batallas. Un gobierno se sucede a otro gobierno, una catástrofe deja paso a la quietud que luego devendrá en otra catástrofe, un amor se sucede a otro amor.... aunque, a veces, - hay que admitirlo- sea el mismo amor. Pero claro, no hay un fin.
No hay un fin rotundo.
¿Por qué?
Porque siempre está la espiral. Y como buena espiral nunca un hecho es igual a otro pero sí es más o menos parecido. Por eso las elicoidales son lo más. Al menos para mí.
Por eso, no me puedo ir a ningún lado.
Y sí... estoy divagando.
Hoy me dan mi mantra en un ritual que hacemos en el marco del profesorado de yoga. Suena bien lo del "profesorado de yoga" pero no crean que es muy institucional la cosa. Las clases son las prácticas de las semanas y una vez al mes nos juntamos a hablar durante cuatro horas de algún tema en particular vinculado a esta ciencia. Los yoga sutras de Patanajali, las diferentes escuelas del yoga, los maestros, cuerpo físico, mental y sutil, los chacras, budismo, hinduismo, taoismo, algunos principios del ayurveda. El año pasado nos dieron un nombre en sánscrito a cada uno. Yo me llamo Baghavad Dharma Ananda. Traducido podría ser: "el camino superior de la felicidad". Suena un poco pretencioso pero así son los nombres en sánscrito.
Este año ha sido ardua la caminata. Pero por nada del mundo la cambiaría. Todo lo que hice se queda conmigo. Estoy contenta. Como quien ha logrado una gran hazaña. Vencí muchos miedos. Me paré frente a lo que me gustaba, me deshice de adornos que me entorpecían, me puse cara a cara con un deseo largamente ninguneado.
Estoy contenta porque todo fue con buena leche.
Estoy contenta porque tengo salud, energía y amor para rato. Para muchas elicoidales más.
Así que diciembre, allá vamos.
No hay un fin rotundo.
¿Por qué?
Porque siempre está la espiral. Y como buena espiral nunca un hecho es igual a otro pero sí es más o menos parecido. Por eso las elicoidales son lo más. Al menos para mí.
Por eso, no me puedo ir a ningún lado.
Y sí... estoy divagando.
Hoy me dan mi mantra en un ritual que hacemos en el marco del profesorado de yoga. Suena bien lo del "profesorado de yoga" pero no crean que es muy institucional la cosa. Las clases son las prácticas de las semanas y una vez al mes nos juntamos a hablar durante cuatro horas de algún tema en particular vinculado a esta ciencia. Los yoga sutras de Patanajali, las diferentes escuelas del yoga, los maestros, cuerpo físico, mental y sutil, los chacras, budismo, hinduismo, taoismo, algunos principios del ayurveda. El año pasado nos dieron un nombre en sánscrito a cada uno. Yo me llamo Baghavad Dharma Ananda. Traducido podría ser: "el camino superior de la felicidad". Suena un poco pretencioso pero así son los nombres en sánscrito.
Este año ha sido ardua la caminata. Pero por nada del mundo la cambiaría. Todo lo que hice se queda conmigo. Estoy contenta. Como quien ha logrado una gran hazaña. Vencí muchos miedos. Me paré frente a lo que me gustaba, me deshice de adornos que me entorpecían, me puse cara a cara con un deseo largamente ninguneado.
Estoy contenta porque todo fue con buena leche.
Estoy contenta porque tengo salud, energía y amor para rato. Para muchas elicoidales más.
Así que diciembre, allá vamos.
lunes, 25 de noviembre de 2013
Fin
Y de pronto sucedió que se llovió todo. La nube se ha esfumado. El agua corre como hilos sobre mi alma y el corazón continúa latiendo, rojo y enamorado porque la vida es un privilegio. También lo es el tiempo que corre por mis células. Y lo es que todos ustedes vivan sus vidas al compás de este tiempo. Algunos le llaman ilusión. Hay quienes dicen que esto no es más que un escenario dispuesto por vaya uno a saber qué inteligencia cósmica.
Se llovió todo y el cielo está límpido.
Vamos por la transformación.
La nube se queda acá.
Yo me voy.
Se llovió todo y el cielo está límpido.
Vamos por la transformación.
La nube se queda acá.
Yo me voy.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Cadena alimenticia
Salgo
al jardín, descalza, con un mate, dispuesta a disfrutar de la mañana
increíble del domingo. En el fondo, cerca del limonero veo un montículo
de plumas y algo rojo. Me voy acercando lentamente intuyendo ya lo
inevitable. Es un pájaro. O lo que queda de un pájaro: plumas, cabeza y
patas. El resto ha sido devorado. Las hormigas negras no pierden el
tiempo y ya están haciendo su trabajo de hormiga. Pronto no quedará
nada. Busco a la culpable de todo esto. La gata no está por ningún lado.
Luego recuerdo, sí, está durmiendo la mona en mi cama, extenuada,
seguramente haciendo la digestión.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Identidad
Soy bajita, flexible y alguna gente piensa que me faltan un par de tornillos en la cabeza. Bueno, allá ellos.
Lo cierto es que mi casa, por así decirlo, hoy también trató de decirme algo. Creo.
Por ejemplo, tengo un termotanque al que le pusieron unos "tacos altos" para que calzara justo con la medida de los caños del termotanque anterior.
Y eso no es todo.
A la cocina a gas le instalaron un caño flexible (ahora la puedo correr cuando quiero y limpiar lo que se cayó detrás, lo que no se ve) pero en el interín de cambiarle el caño, perdió un par de tornillos en la tapa ya que se negaban a salir. Hubo que cortarlos literalmente con una agujereadora. En fin.
Claramente, no siempre se logra limpiar las cosas suavemente.
Lo cierto es que mi casa, por así decirlo, hoy también trató de decirme algo. Creo.
Por ejemplo, tengo un termotanque al que le pusieron unos "tacos altos" para que calzara justo con la medida de los caños del termotanque anterior.
Y eso no es todo.
A la cocina a gas le instalaron un caño flexible (ahora la puedo correr cuando quiero y limpiar lo que se cayó detrás, lo que no se ve) pero en el interín de cambiarle el caño, perdió un par de tornillos en la tapa ya que se negaban a salir. Hubo que cortarlos literalmente con una agujereadora. En fin.
Claramente, no siempre se logra limpiar las cosas suavemente.
martes, 15 de octubre de 2013
¿Qué es zen shiatsu?
el misterio del hara
la alegría del contacto
presión perpendicular a tierra
sus pies, mis manos, el hara
alivio
Fotos de Marian Cullen
jueves, 10 de octubre de 2013
La inteligencia del cuerpo
Hay cuerpos más inteligentes que otros. Pero todos los cuerpos tienen la capacidad de recuperarse. Esa es mi humilde opinión. Y de eso quiero hablar en este post.
La inteligencia del cuerpo no tiene nada que ver con la inteligencia de la mente. Hay mentes maravillosamente inteligentes que portan cuerpos como si fueran un saco al que hay que darle de comer, bañar de vez en cuando y vestir. Esas mentes necesitan encontrar una via que los reconecte con su cuerpo.
Los cuerpos poseen inteligencia y aprenden. La mayoría de las contracturas que tenemos son porque algo hacemos mal. Nos olvidamos del cuerpo, lo obligamos a estar en posiciones inadecuadas y olvidamos movimientos que nos son propios.
Hay muchas vias que nos vuelven a conectar con esta bella maquinaria que nos fue dada para vivir nuestra vida. Muchas vias que nos llevan a nosotros mismos.
La inteligencia del cuerpo no tiene nada que ver con la inteligencia de la mente. Hay mentes maravillosamente inteligentes que portan cuerpos como si fueran un saco al que hay que darle de comer, bañar de vez en cuando y vestir. Esas mentes necesitan encontrar una via que los reconecte con su cuerpo.
Los cuerpos poseen inteligencia y aprenden. La mayoría de las contracturas que tenemos son porque algo hacemos mal. Nos olvidamos del cuerpo, lo obligamos a estar en posiciones inadecuadas y olvidamos movimientos que nos son propios.
Hay muchas vias que nos vuelven a conectar con esta bella maquinaria que nos fue dada para vivir nuestra vida. Muchas vias que nos llevan a nosotros mismos.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Límites del shiatsu, o bien, lo que el shiatsu provoca
Hoy vino una paciente a casa. La conozco desde el año
pasado. Tenía un diagnóstico de ovarios poliquísticos, no le venía la
menstruación. Con tres sesiones de shiatsu se normalizaron sus ciclos.
Ella, muy agradecida me llamaba cada tanto para recibir alguna que otra
sesión. Las menstruaciones nunca más se le interrumpieron.
Hace una semana volvió porque le encontraron unos quistecitos muy pequeños en la tiroides. No está ni hipo ni hipertiroidea. Se siente bien, tiene buena energía pero algo la traía al futón. ¿Qué era ese algo? No lo sabíamos bien.
La semana pasada le di una sesión de meridianos del elemento Tierra con sus extendidos. La mano madre en el hara siempre acompañando. Fue una sesión muy dulce y llena de pausas y calma. Ella se fue feliz de haber retomado.
Hoy volvió y me dijo que se sentía bien, que había tenido una buena semana. Le pregunté si había algo que me quisiera compartir y me dijo que no.
Le pedí que se pusiera boca arriba (la vez pasada habíamos comenzado boca abajo) y comencé con un hara. De pronto, un malestar general me invadió de pies a cabeza. Mis manos en su hara estaban frías, como sin vida. Traté de respirar con ella pero no lo conseguí. De a poco fui palpando con la yema de mis dedos las zonas de diagnóstico. Salió que el área de bazo estaba muy kyo. Volví a hacer el trabajo de bazo con extendidos pero me sentía muy cansada. El malestar no se me iba. La parte baja de mi hara empezó a dolerme. Traté de serenarme y concentrarme en la persona que tenía delante. En sentir el fluir de la energía en mis manos, en descansar en ella, ir con el hara. Pero mi hara se resistía, había una barrera, algo que no me permitía fluir.
Decidí ponerla boca abajo a ver qué pasaba. Fue mejor pero aún así, sentía su cuerpo como de piedra. Un mármol frío por debajo de la piel. Fui muy suave y blanda, trabajé con palmas, casi no usé rodillas.
Al darla vuelta su cara, por suerte, tenía otra expresión. Respiraba distinto.
Terminé con manos en el hara.
Ella bostezó y se incorporó muy lentamente. Me dijo:
-No sé cómo poner en palabras algo que me pasó hoy.
-¿Sentiste que una sesión distina?
-Sí, yo estaba como muy mental.
-Sí...
-Como que no me podía entregar.
-Sí...
-Sentía el cuerpo durísimo, como una piedra, pero no de estar contracturada sino como de coraza.
Nos quedamos por unos instantes en silencio.
De pronto se me ocurrió preguntarle:
-¿Hubo algo esta semana que hiciera que te cerraras, que te pusieras como hermética?
Y entonces ella suspiró y empezó a llorar. Y con cada sollozo el cuerpo se le iba ablandando más y más. Lloró largo y tendido.
Y entonces ahí comprendí algo más acerca del shiatsu. La sesión en sí misma no había sido gran cosa pero la pregunta posterior -y muy necesaria- había calado en su alma.
A veces llorar es el mejor shiatsu que nos podemos dar.
Hace una semana volvió porque le encontraron unos quistecitos muy pequeños en la tiroides. No está ni hipo ni hipertiroidea. Se siente bien, tiene buena energía pero algo la traía al futón. ¿Qué era ese algo? No lo sabíamos bien.
La semana pasada le di una sesión de meridianos del elemento Tierra con sus extendidos. La mano madre en el hara siempre acompañando. Fue una sesión muy dulce y llena de pausas y calma. Ella se fue feliz de haber retomado.
Hoy volvió y me dijo que se sentía bien, que había tenido una buena semana. Le pregunté si había algo que me quisiera compartir y me dijo que no.
Le pedí que se pusiera boca arriba (la vez pasada habíamos comenzado boca abajo) y comencé con un hara. De pronto, un malestar general me invadió de pies a cabeza. Mis manos en su hara estaban frías, como sin vida. Traté de respirar con ella pero no lo conseguí. De a poco fui palpando con la yema de mis dedos las zonas de diagnóstico. Salió que el área de bazo estaba muy kyo. Volví a hacer el trabajo de bazo con extendidos pero me sentía muy cansada. El malestar no se me iba. La parte baja de mi hara empezó a dolerme. Traté de serenarme y concentrarme en la persona que tenía delante. En sentir el fluir de la energía en mis manos, en descansar en ella, ir con el hara. Pero mi hara se resistía, había una barrera, algo que no me permitía fluir.
Decidí ponerla boca abajo a ver qué pasaba. Fue mejor pero aún así, sentía su cuerpo como de piedra. Un mármol frío por debajo de la piel. Fui muy suave y blanda, trabajé con palmas, casi no usé rodillas.
Al darla vuelta su cara, por suerte, tenía otra expresión. Respiraba distinto.
Terminé con manos en el hara.
Ella bostezó y se incorporó muy lentamente. Me dijo:
-No sé cómo poner en palabras algo que me pasó hoy.
-¿Sentiste que una sesión distina?
-Sí, yo estaba como muy mental.
-Sí...
-Como que no me podía entregar.
-Sí...
-Sentía el cuerpo durísimo, como una piedra, pero no de estar contracturada sino como de coraza.
Nos quedamos por unos instantes en silencio.
De pronto se me ocurrió preguntarle:
-¿Hubo algo esta semana que hiciera que te cerraras, que te pusieras como hermética?
Y entonces ella suspiró y empezó a llorar. Y con cada sollozo el cuerpo se le iba ablandando más y más. Lloró largo y tendido.
Y entonces ahí comprendí algo más acerca del shiatsu. La sesión en sí misma no había sido gran cosa pero la pregunta posterior -y muy necesaria- había calado en su alma.
A veces llorar es el mejor shiatsu que nos podemos dar.
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