jueves, 10 de diciembre de 2020

Sobre el dolor

 A veces siento que tu dolor es para que los que te rodean aprendamos el poder de la compasión y el amor. Es extraño que tu dolor físico produzca rechazo, enojo, frustración. Cuando vemos sufrimiento deberíamos cultivar la flor de la comprensión. 

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Tiempo a los seis años

Mientras armamos el arbolito hablamos con Lolo (6) sobre la noción del tiempo.

-Faltan 16 días para Navidad.
-¿Y eso es mucho o poco?
-Es mucho, no me aguanto.
-Depende de lo que estés haciendo.
-Hay veces que el tiempo pasa re lento y hay veces que pasa muy rápido.
-Eso es porque cuando te aburrís el tiempo pasa más lento. Pero si te divertís el tiempo pasa más rápido.
-¿Entonces hay que divertirse todo el tiempo?
-O podrías dormir. Hay gente que para pasar el tiempo, duerme.
-Podríamos dormirnos acá (señala el sofá de la casa de los abuelos) hasta que llegue la Navidad.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Diego y el protocolo

Diego y el protocolo es un oxímoron.
¿Saben lo que es un oxímoron? Es una figura retórica. Consiste en juntar una palabra con otra de significado contradictorio u opuesto. Se usa mucho en poesía. Por ejemplo: digo "fuego frío" y estoy diciendo un oxímoron porque el fuego nunca es frío. Digo: "Diego protocolo" y ni siquiera es poesía. La patada del Diez manda el "protocolo" al arco. Goooooool.
Eso es lo que pasó un poco ayer.
Lo inexplicable de la masa desbordada no va con el protocolo. Eso lo sabemos todos. Su muerte, como su vida, iba a ser fuera del protocolo. No digo que esté bien ni mal. Simplemente así son las cosas.
La única forma era reprimir. Algo que, se sabe, este gobierno, no quería que sucediera.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Lo mejor de la pandemia

¿Vieron que ayer se cayó el cielo en una lluvia desenfrenada? Es porque yo estaba arriba de un auto, poniendo primera, segunda, doblando por las esquinas de olivos con un instructor de lo más buena onda que me decía: vas bien, vas re bien.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Arenas movedizas

Charla presencial con Lolo (6) el día del cumpleaños de mi papá (71) en el jardín de su casa. (No nos veíamos desde marzo).

-¿Flor, te puedo contar un secreto?
-Sí, claro.
-Pero no se lo podés decir a nadie. Ni siquiera a Nico.
-¿A Nico tampoco?
-Bueno a él sí, pero sólo a él.
-Bueno.
-¿Vos sabías que hay distintos tipos de arena?
-No, ¿cómo sería eso?
-Hay arenas secas, arenas mojadas... y hay arenas movedizas.
-Uy, sí, qué miedo me dan.
-¿Sabés lo que son? Son unas arenas que te chupan los pies.
-¿Los pies nada más?
-No, bueno, te pueden tragar entero.
-Uy, qué miedo.
-Sí, pero yo te voy a contar el secreto de cómo te podés salvar.
-A ver.
-Con mi amiga Elu nos pusimos a investigar y descubrimos un video que te explica qué tenés que hacer para salvarte.
-Ah, qué bien.
-Entonces lo que tenés que hacer es mover el pie así.
-¿Así?
-No, no, lo estás haciendo mal, te estás moviendo toda y así te hundís más. Sólo tenés que mover el pie.
-Ah... ¿así?
-Sí, mejor.
-Bueno, voy a tener que practicar.
-Sí, y otra cosa muy importante que tenés que saber es que si te hundís en la arena movediza tenés que sacarte todo lo que te pesa y arrojarlo muy lejos.
-Claro, para pesar menos.
-Sí y tenés que sacar rápido los brazos, para arriba. Y mover el pie.
-Entonces me saco lo que me pesa, subo lo brazos hacia arriba y muevo el pie como vos me enseñaste.
-Sí... y así no te vas a hundir.
-Gracias Lolo, me ayudaste mucho hoy. Te quiero mucho.
-Yo también te quiero, Flor.

jueves, 12 de noviembre de 2020

A ras del suelo se ven las flores más pequeñas

"Medida del suelo. Tranco, salto, levitación, anhelada ingravidez sobre el suelo. La danza." 

Alejo Carpentier, La consagración de la primavera

Vivir a ras del suelo. 

Cuando comencé a practicar zen shiatsu esta frase se me hizo carne en el cuerpo. Vivir conectados con el suelo proporciona un hara inteligente, fuertemente anclado a la tierra. Conectar las palmas de las manos con la tierra, que la tierra sea nuestro sostén, que haya un otro en la tierra y, por ende, sea nuestro sostén. Y en esta unión sentir el Qi por todo el cuerpo, como un ramalazo brillante.

Ah.

Me faltó el suelo en estos meses. 

Tuve que andar a tientas, 

con mis manos vigilantes deshojando ausencias. 

Es que a ras del suelo se ven las flores más pequeñas,

las más insignificantes, las más austeras

las que sin saberlo,

con su mera presencia,

brindan el néctar de la existencia. 

lunes, 9 de noviembre de 2020

vértigo

 De la aspo a la dispo. ¿Ustedes también tienen vértigo?

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Ególatras

 Qué miedo que me da la gente que dice: "yo creo en mi sistema inmunológico".

Sueño de pandemia

Nuevos subrayados para un libro trece años después.
Estoy releyendo Crónicas del pájaro que da cuerda el mundo. La historia no me atrapa tanto pero sí reconozco que me resuenan algunos párrafos que en otro tiempo me hubieran resultado insignificantes.
Por ejemplo, Kumiko desaparece y Tooru Okada, o mejor dicho, el señor-pájaro-que-da-cuerda, como le llama tiernamente May Kasahara, entra en un sueño turbio. Mejor dicho, la realidad del señor Okada es tan irreal, los hechos que le han sucedido en los últimos días son tan increíbles que le entran unas ganas muy intensas de dormir: "No era un sueño corriente. Era intensísimo, casi violento. Me arrancaba la conciencia como si alguien le arrancara la ropa a un ser indefenso".
Tengo exactamente este tipo de sueño últimamente. No puedo evitar irme a dormir. Y en ese lapso, ocurren sueños en mi conciencia que en la vigilia me están vedados.
Por ejemplo, sueño que en el fondo de casa se enciende un objeto. Primero saltan unas chispas tímidas hasta formar una hoguera. Yo desenrollo la manguera y, con gran parsimonia, esparzo el agua sobre el fuego en forma de lluvia. El fuego enmudece. Luego con una escoba voy barriendo pedacitos de barro húmedo que han quedado debajo del futón de shiatsu.

sábado, 31 de octubre de 2020

Horizonte

Caminamos por la extensa explanada del vial costero de Vicente López. ¡Estamos vivos!, exclama nuestra amiga Ana a la que no vemos en carne y hueso desde antes de la pandemia. Dejamos que el viento nos abrace ya que nosotros no podemos hacerlo. Codito va, codito viene pero que sea el viento suave que sopla esta tarde quien nos rodee con sus brazos livianos. Por ahora nos tendremos que conformar con esa simple caricia.
-No se preocupen, el viento espanta el virus. 
Aún así caminamos embarbijados, sin tocarnos, botellita de alcohol en gel en el bolsillo. Mi cuerpo se mueve sin saber muy bien que hacer con tanto espacio. ¿Me he convertido en un animal de interiores? Eso está por verse. 
Dejamos atrás el miedo y nos entregamos al afuera, a nuestra amiga que se ha venido caminando desde CABA, a otros seres humanos que caminan junto a nosotros en esta tarde de sol. Una extensa marejada de cuerpos muy diversos, con barbijos, sin barbijos, algunos llevan mate doble, otros, más jóvenes (y con menos conciencia) toman mate compartido. 
-Yo quiero empezar a tomar al menos un colectivo cada tanto- nos dice Ana. 
Siento que en parte es una terapia. Volver al ámbito público, luego de tanto tiempo, acostumbrar el cuerpo a vincularse con otros, aunque sea este intento aséptico casi imposible porque la vida no es aséptica.
Como decía Galeano, el cuerpo es una fiesta.
Seguimos caminando, estoy embelesada. Mirar a lo lejos empieza a ser un privilegio de aquellos que tienen horizonte. Tener horizonte, en el medio de esta catástrofe ambiental, es casi una metáfora. Y digo casí porque la verdad es que hace mucho que no veo la línea del horizonte lejana, más allá de mi ventana a la que cada tanto digo, tengo que limpiarle los vidrios.






jueves, 29 de octubre de 2020

Una nave

 Abro las persianas de la habitación que supo ser alguna vez un estudio. Hoy es una nave con la cual sorteo el gran océano de las horas. El panel de controles está contra la ventana que da a un árbol. Hoy el árbol amaneció brotado pero los vidrios despiden un frío glaciar. ¿Qué estará pasando afuera? Aprieto unos botones y la máquina me da la información de la temperatura, el día, las horas. Siempre las horas. Abro el calendario donde se suceden las listas, los datos. Tecleo un título, programo una reunión y mando un enlace en el tiempo. Alguien del otro lado recibe el código, lo descifra y ahí vamos. En mi ventana aparece un ser humano listo para su clase del día. 

miércoles, 21 de octubre de 2020

No se debe oponer resistencia a la corriente

En las páginas de mi edición Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo hay muy poco subrayado. Casi diría que no subrayé nada. Fue un libro que devoré. La historia me atrapó al punto de sentirme yo misma Tooru Okada preparando espagueti a media mañana, planchando camisas para calmarse (a mi me calma planchar mis pantalones de shiatsu que son de puro algodón), buscando a un gato perdido, bajando por el pozo de la mansión de los Miyakawi, interactuando con todas esas mujeres raras: Kumiko, May Kasahara, Malta y Creta Kanoo, escuchando las predicciones del señor Honda. 

Sin ir más lejos, una de las enseñanzas del señor Honda me llegó tan profundo que la seguí al pie de la letra en varias ocasiones. 

"No se debe oponer resistencia a la corriente: hay que ir hacia arriba cuando hay que ir hacia arriba, y hacia abajo cuando hay que ir hacia abajo. Cuando debas ir hacia arriba, busca la torre más alta y sube hasta la cúspide. Cuando debas ir hacia abajo, busca el pozo más profundo y desciende hasta el fondo. Cuando no haya corriente, quédate inmóvil. Si te opones a la corriente, todo se seca. Si todo se seca, el mundo se ve envuelto en tinieblas"

Es el único subrayado de un libro extenso que contiene 681 páginas. Este subrayado me llevó al año siguiente a estudiar zen shiatsu. 

Así de importante fue el señor Honda, un personaje de un libro de Murakami en mi vida.  

martes, 20 de octubre de 2020

Queremos tanto a Patti

Leo a Patti Smith y me entran unos enormes deseos de tomar café negro muy caliente. A la derecha tengo el mate recién hecho. No es lo mismo pero va a servir. 

Desde que leo a Patti Smith tengo sueños iridiscentes que no logro descifrar bien. Me despierto varias veces en la noche sintiendo la mirada de los muertos. La gata aprovecha para cambiar de lugar y su larga cola me estremece la piel. 

Nunca me interesaron mucho los viajes pero cuando leo a Patti Smith siento que viajar cobra sentido, que su mirada me transporta más allá de lo mundano, que en realidad sus viajes son la excusa perfecta para celebrar la amistad y la soledad, el amparo de las habitaciones de hotel, el desarraigo de las calles desconocidas, la luz que cae diferente en las páginas de los libros, el gusto amargo del café. 

Leo sus palabras y me entran unas ganas de escribir en cuadernos desprolijos, con letra pequeña y entrecruzada, quiero dibujar diagramas, hacer listas, sacar fotos, tocar la guitarra, amar mucho, desear el bien. 

lunes, 19 de octubre de 2020

Otro mensaje al mar

Hubo un tiempo en que fui hermoso y fui libre de verdad... No es verdad. Volvimos a la plantilla anterior. Este blog ha tenido infinidad de plantillas, se ha intentado adaptar a los tiempos de la nueva internet. Primero los monitores se ampliaron, después fueron cuadrados, rectangulares, que si la laptop o la máquina de escritorio. Pero hoy todo se resume a la pantalla del celular. Nadie lee blogs, hoy todos miran instagram. Así que me voy a dar el lujo de volver a la plantilla cómoda. 

Al final no estaba tan errada cuando escribí mi primer mensaje allá por el 2004. Un mensaje dentro de una botella bollando por el mar de la internet llena de datos. Mar de datos. Mar de mensajes. La nube de agua no ha de faltar.