En las páginas de mi edición Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo hay muy poco subrayado. Casi diría que no subrayé nada. Fue un libro que devoré. La historia me atrapó al punto de sentirme yo misma Tooru Okada preparando espagueti a media mañana, planchando camisas para calmarse (a mi me calma planchar mis pantalones de shiatsu que son de puro algodón), buscando a un gato perdido, bajando por el pozo de la mansión de los Miyakawi, interactuando con todas esas mujeres raras: Kumiko, May Kasahara, Malta y Creta Kanoo, escuchando las predicciones del señor Honda.
Sin ir más lejos, una de las enseñanzas del señor Honda me llegó tan profundo que la seguí al pie de la letra en varias ocasiones.
"No se debe oponer resistencia a la corriente: hay que ir hacia arriba cuando hay que ir hacia arriba, y hacia abajo cuando hay que ir hacia abajo. Cuando debas ir hacia arriba, busca la torre más alta y sube hasta la cúspide. Cuando debas ir hacia abajo, busca el pozo más profundo y desciende hasta el fondo. Cuando no haya corriente, quédate inmóvil. Si te opones a la corriente, todo se seca. Si todo se seca, el mundo se ve envuelto en tinieblas"
Es el único subrayado de un libro extenso que contiene 681 páginas. Este subrayado me llevó al año siguiente a estudiar zen shiatsu.
Así de importante fue el señor Honda, un personaje de un libro de Murakami en mi vida.
