miércoles, 30 de junio de 2021
Misticismo del sonido
Hazrat Inayat Khan, El misticismo del sonido y de la música
Bella traducción de Juan Manuel Tavella, alias El Conde para los bloguers amigos.
lunes, 28 de junio de 2021
Yoga por Emmanuel Carrère
Chan.
Luego viene la experiencia de su internación psiquiátrica, los diagnósticos, una narración difusa y angustiosa. Si quería explicar cómo funcionan los vrittis en la mente humana lo logró muy bien. Pero a mi me lo podría haber ahorrado.
Es interesante cuando cuenta su experiencia en la isla de Leros y de como ayuda a unos jóvenes migrantes. El personaje de Frederica y qué fue lo que la llevó a ella a hacer esa labor altruista. Te hace pensar también en qué es el verdadero altruismo.
Pero su texto no termina de cerrar.
Después me entero que tuvo que sacar un capítulo sobre el divorcio con la mujer y claro, ahí está la elipsis. La novela tiene un enorme agujero. Capaz que con ese capítulo era un buen libro, no sé.
Igual, espero que lo haya ayudado a sanar.
martes, 8 de junio de 2021
La cuestión
jueves, 3 de junio de 2021
Tela
Ayer nos levantamos muy temprano para ir a comprar la tela que fuera bien con los almohadones de placa que encargamos. Dani hizo su arte con los sillones escandinavos y les revivió la madera. Imaginen qué lindos que están ahora con la nueva piel lustrosa. La historia con estos sillones es que nunca tuvieron almohadones que invitaran realmente a sentar el culo en ellos. Eran bellos pero "se te clavaban las maderitas", nos dijo Zuly. Cuando llegaron a casa, descartamos esos almohadones viejos y finitos de tanto uso y le pusimos unos almohadones que nosotros ya teníamos. No quedaban mal pero tampoco eran los adecuados. Podías sentarte sólo un ratito. Lo justo para que, por ejemplo, un paciente de shiatsu se sacara o se pusiera los zapatos.
La tela. Para alguien como yo, que nunca en su vida tuvo una máquina de coser, ese lugar se me antojó como un planeta extraño. Rollos de telas diversas por doquier. El protocolo para el Covid un tanto extravagante pero necesario ya que el ambiente no tiene ni una ventana. Tienen un sistema de turnos y cuando entrás te miden la temperatura, te ponen alcohol en las manos y luego tenés que pasar por una máquina que te sanitiza. Sentís como unas gotitas se te impregnan en el pelo y no querés saber qué te están tirando. Ahí nomás se me acercó una mujer bajita de un pelo negro brillante envidiable y unos ojos que eran puro fuego. Le balbuceé algo de que quería tapizar unos sillones y al toque me llevó por un pasillo hasta llegar a otro santuario donde los rollos de tela se acumulaban como hongos en un día de lluvia. Una fiesta tal que mis ojos empezaron a bailar y mi cerebro estalló en directivas que tuve que acallar porque si no me iba a dar algo. Lino Spazio, le dije. Estos de acá son lino, me señaló. Yo buscaba un crudo pero no había. Lino Nirvana, me dijo. Y yo me reí para mis adentros porque reírse con barbijo es lo más feo del mundo, te queda la baba en la tela, se moja el barbijo y ahí se pudre todo.
Me llevé el Nirvana, sin ninguna duda. Con sólo tocarlo fue saber que ese iba a ser mi cielo.
miércoles, 26 de mayo de 2021
Cartografía de lo vivo
Me despierto con un dolor. Últimamente, haga lo que haga, siempre despierto con un dolor punzante en las cervicales que va menguando a medida que comienzo con los pequeños movimientos del día. Se ve que tanta quietud nocturna lo invita a hincar sus garras. Descubro que el movimiento lo adormece, lo funde con mi ser.
2.
Todas las madrugadas, cuando este dolor aparece, me sorprende por el lugar. No es un lugar que reconozco como mío. Las contracturas en mi espalda nunca fueron novedad. Convivo con ellas desde que crecí. ¿Cuándo crecí? Tenía 14 años. Lo recuerdo muy bien. Algo pasó, algo se rompió y perdí algo que quería para siempre. Nunca lo recuperé. Pero gané otras cosas. Nunca me arrepentí.
3.
Los dolores que reconozco siempre han estado en el omóplato derecho. Ese dolor alberga acciones que reconozco. Por ejemplo, escribir. Escribía mucho a mano con la mano derecha. Después ya no. Pero la mano derecha siempre está haciendo cosas. Cliqueo con la mano derecha, corto, cocino, alimento, revuelvo, limpio, acaricio, desnudo, cebo mate y... ofrezco con la mano izquierda.
Hay un dolor que descubrí hace unos diez años, en el centro del pecho. Creo que ha estado allí siempre, adormecido por el dolor del omóplato derecho, el dolor de la acción. A veces viene, se queda por un tiempo y luego se va. Descubrí cómo infundirle calor y así calmarlo. En realidad a veces creo que yo estoy allí y desde ese lugar me mando mensajes para dejar de mandarme cagadas.
Hace tiempo que el dolor del centro del pecho no me visita pero entonces empezó este dolor en el cuello. Es atrás, un poco en la base. Cuando lo toco está frío pero si dejo la mano un tiempo empieza a calentarse. Quizás me mudé y ahora habito un poco más arriba. Quién sabe.
sábado, 15 de mayo de 2021
Pienso
Mi trabajo consiste en "tocar" cuerpos. Tocar de una forma especial. No es exactamente un masaje aunque se le parece mucho y tiene efectos muy poderosos. Quienes han recibido sesiones de zen shiatsu lo comprenderán perfectamente. Se ejerce presión con las manos sobre distintas partes del cuerpo del otro pero sin hacer ninguna fuerza. Se trabaja con el propio peso corporal. Es un diálogo entre ese cuerpo y mi cuerpo. Una meditación en movimiento. Mis manos son simplemente las herramientas que llevan un mensaje.
Tocar en este momento tan especial de la pandemia se ha vuelto un lujo. Ser tocados por un otro que no es parte de nuestra burbuja también. Me descubro en un nuevo mundo donde los cuerpos han sido disciplinados, pertrechados para no sentir dolor. Una coraza invisible que se gesta simplemente por la ausencia del tacto.
También están aquellos otros cuerpos, doloridos y nerviosos. Cuerpos que mutan todos los días donde el dolor repentino viaja como un ping pong de preguntas. Aquí vienen a encontrar una posible respuesta.
viernes, 30 de abril de 2021
30 segundos
Hospital Italiano.
“30 segundos”
Mientras me enfermaba el Covid encontré algo en estas salas, en estos corredores, en la mirada de estas gentes.
Una cultura.
Un pathos.
Una emocionalidad antigua. Comprometida. Algo yaciendo silente, a la par de la ciencia y la tecnología.
Una cultura.
¿Qué significa descubrir una cultura en el Hospital Italiano en medio de un ataque como este?
Mucho.
Significa, contra lo que podría pensarse, que no es el resultado de muchísimas personas. Con roles marcados, tecnicaturas, profesiones, saberes, tecnologías, destrezas.
No. No es sólo eso. Es una matriz acogedora, extraordinariamente cálida y vivificante.
No es una nave científica que va a Marte. No. Esta va a la región más desolada de tu cerebro. Al caldo primordial de donde alguna vez nos arrastramos sin conciencia. Al lugar desde donde nos asusta el final del Covid llevándose nuestro aire.
Va al lado oscuro de tu cerebro para transformarse en una llamita con algo de calor y luz. Una cultura.
Me caí desmayado por la falta de aire y la desesperación y me encontré entrampado entre los muebles de la sala donde terminé. Donde me estrellé en la caída.
Unas manitas de enfermera tiraban de mí, Bibi.
Cuando crees que ya perdiste todo escuchas el braceo enérgico de la que podría ser hasta tu hija llegando a vos.
Braceando como pudo me alcanzó. Me abracé a ella y me di cuenta de que no estaba en un páramo sin vuelta atrás.
Entre todas me acostaron, me calmaron, me dieron su aire.
Una matriz regenerativa que es la que ayuda. Un supraorganismo como un micelio gigante que sustenta, sin que nadie lo vea exactamente, los bosques que lo acompañan.
Una cultura.
Llegué dispuesto a evitar prolongaciones que arañen dos meses más de sobrevida a costa de desesperación.
No rasguñar las piedras para mí.
Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación.
Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió.
No hay palabras. Es la matriz que regenera. La que de alguna manera cargamos los sapiens cuando nos fuimos de África. Nuestra estrategia. No preguntes por quién doblan las campanas, ya sabemos, suenan por vos y por mí, hermano.
Tuve que partir al servicio de terapia intermedia. Estaba inquieto. Aparecieron kinesiólogos, médicos, enfermeros. El mismo espíritu. Las médicas llamando a mi hija y ayudándola mientras ella me ayudaba a mí.
La matriz regenerativa y matriarcal de la viejísima Europa. Cuando los pueblos como Huyuk no tenían murallas. Los matriarcados de miles de años atrás, que sostenían la cultura. Cuando las culturas matriarcales no habían sido barridas por los caballos de la edad del hierro.
Y de pronto... las manitas de Bibi, el desborde humanista y contenedor de Bernardo, la dulzura de la kinesióloga, la gente que te ayuda de todas las formas porque son una cultura que dice que sos valioso. Seguramente es cierto. Pero es porque te quieren desde lo más básicamente humano.
Una cultura regenerativa que también alcanza a los varones.
Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!
Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida.
Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.
Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias.
28/08/1945 - 20/04/2021
martes, 27 de abril de 2021
Angustia COVID
sábado, 10 de abril de 2021
miércoles, 7 de abril de 2021
Pensaba...
martes, 6 de abril de 2021
Viva el futuro
lunes, 22 de marzo de 2021
Tener culo
Le mando la nota a mi hermano. Su mujer contrajo Covid el año pasado y la pasó realmente muy mal. Hubo que internarla y ayudarla con medicación y oxígeno. Mi hermano y mi sobrino, por el contrario, no se enfermaron.
-¡Mirá si resulta que es porque tenés superanticuerpos!
-Flor, a mi me hicieron la prueba de los anticuerpos y me salió que no tenía ninguno.
-Bueno, tuviste culo. Para la ciencia no sirve pero para la vida ¡un montón!
sábado, 20 de marzo de 2021
Bueno para mi TOC
El lomo de burro de alguna manera me enseña que lo derecho, en este caso, sucede cuando está torcido. Para mi, que tengo esta tendencia a enderezar, alinear y ordenar, este acontecimiento ubicado exactamente en la puerta de mi casa es un quebradero de cabeza. Resulta que las maniobras que aprendí no funcionan en esta peculiar geografía.
De todos modos, para mi TOC es todo un avance dejar estacionado el auto con la rueda de atrás subida al cordón.
Cuando llegamos a destino encuentro rápidamente un lugar para estacionar. ¡Un milagro! Creo que del susto estaciono perfecto, sin sobresaltos dejando el auto derechito y con espacio entre las ruedas y el cordón. Casi que está para sacarle una foto.

