miércoles, 22 de junio de 2005

Revisión de las horas

Las clases están saliendo redonditas. Pero dar seis horas de clase con sólo media hora en el medio para descansar no es bueno para mi salud.
Hoy un alumno me preguntó si yo era de Inglaterra (¿habrá sido por mi buen inglés o por mi pésimo español?)

Anyway, hay vida después del instituto y debo continuar con mis otros yoes. Con permiso.

viernes, 17 de junio de 2005

Mi alumno Seth

Durante un mes y medio ahondamos en los secretos de su idioma. Refinamos sus estructuras hasta hacerlas maleables, buceamos en el interior de cada palabra y navegamos en el barquito de las subordinadas.
Pero se nos cruzó la Historia.
La Argentina se abrió con palabras de metralla y banderas de hierro. Entramos en esa rajadura y vimos juntos las manos de los ahogados, las bocas hambrientas de lo más pobres, los cogotudos enfundados en trajes europeos, el canto de los poetas, el granero del mundo en la Pampa Húmeda y las joyas de reina en la garganta de La Reina de los humildes.Oímos los acordes mediocres de un Palito Ortega.Y vimos la ronda de mujeres en una plaza céntrica.
En sus ojos aparecieron preguntas que su boca no podía decir. Y está bien que así sea. Porque esas preguntas vienen del alma y no del intelecto. Cuando se ha llegado a tocar el alma de una lengua no hay estructuras que valgan. Hay que romperlas para armarlas de nuevo. Hay que quebrarlas para decirlas.
Una vez que esto sucede ya no se vuelve a la lengua madre del mismo modo.
Y eso es lo genial de este trabajo que tengo. 

martes, 31 de mayo de 2005

Subjuntivo

Hace unas semanas que vengo pensando en todas esas cosas que haré cuando termine con todo este trabajo. Por eso me sorprendo cuando tengo que enseñar estas mismas estructuras a mis alumnos de español.
Cuando termine...
Apenas termine...
En cuanto termine...

Cada día las explicaciones me salen más viscerales.

sábado, 21 de mayo de 2005

Desafíos


¿Y si mejor arqueo la espalda, cierro costillas y canto con el cuello estirado hacia atrás? ¿Y si mejor?

martes, 17 de mayo de 2005

Grisel

Y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé
ni te acuerdas de mí

Iba caminando por una calle cuando a lo lejos divisé a un muchacho cuya cara borrada por el efecto de mi astigmatismo creí reconocer. Como si estuviéramos en espejo el muchacho se detuvo -a una cierta distancia- y empezó también a observarme con detalle. Desde la otra cuadra le grité:
-Perdoname, pero es que desde acá no te veo la cara.
-¿Vos sos Grisel?
-¿Cómo?
-Grisel. ¿Vos te llamás Grisel?
-No.
Se fue. Se apartó. Yo ya no le interesaba.
Inútil preguntarle si él era fulano de tal. Yo no era su Grisel. Y con eso bastaba.

lunes, 16 de mayo de 2005

Exhumación

Domingo por la tarde revolviendo cajas. Las hojas salen amarillentas, subrayadas, tachonadas y manuscritas. Cajas y cajas con mi pasado universitario amontonado.
Exhumación de cadáveres.
Entre todo ese papelerío encuentro una carta escrita a los apurones, con letra enmarañada.

Estoy leyendo un libro que habla de lo que significa la modernidad. Me pregunto qué les sucede a los países que hace poco perdieron sus valores, que han estallado en mil pedacitos. Me refiero, especialmente, a los países orientales. Una tradición y de pronto ¡puf! todo se derrumba. No hay de dónde agarrarse. No hay parámetros externos que nos digan: por allí, por allí: eso está bien, eso está mal. ¿Y ahora? ¡BUM! Te digo algo: hay que leer a Nietzsche y a Marx. Sí, sí, sí, ya, ya, ya...Nietzsche en un momento dado dice: "el hombre del mañana tendrá el valor y la imaginación para crear 'nuevos valores necesarios' para que los hombres y las mujeres modernas se abran camino a través de los peligrosos infinitos en que viven" (sic). Vos sin saber nada de Nietzsche me decías que ir a buscar los valores en otro lado que no fuera uno mismo sólo traía sufrimiento. Los valores impuestos desde un afuera eran falsos, hipócritas y traidores a nosotros mismos. Vos, vos, vos...potenciaste esa capacidad en mí. Sufrí como una hija de puta pero ahora que lo entiendo, ahora que entiendo todo sólo me resta buscar esos valores aquí, adentro mío, es decir, TAMPOCO voy a buscarlos en vos. Ni vos podés salvarme de hacer ese trabajo. Mi instinto dirá. Me dispararé para varios lados: sé que no todos van a gustarme. Ahora sí, seguiré con mi libro. Tengo un parcial el viernes y no puedo escribirte más.
Un beso,

Mi pregunta después de tantos años es: ¿qué era TODO lo que había entendido?

sábado, 26 de marzo de 2005

La casa de mis padres

La casa de los pies fríos
y las manos húmedas.
La casa de las paredes gruesas
y los techos altos.
La casa de las frazadas calientes
y las medialunas por la tarde.
La casa de los picaflores
y las chicharras.
La casa del abedul, el Gynko y un Ficus blanco.
La casa de las guitarras
y las mateadas.
De las veredas rotas.

martes, 8 de marzo de 2005

Sellos mayas

Nos acomodamos en cuatro sillas viejas y la mesa de la cocina. El verano ha pasado. Sólo nos quedan vestigios y unos trazos finos del otoño en puerta. Pero allí estamos compartiendo un mate bien dulce con resabios de unos granos de café. La calabacita pasa de mano en mano. Todos están exultantes y hermosos. La sala se inunda de proyectos para abril. Como regalo por el encuentro, Facu nos lee el sello del calendario maya a cada uno.
Mi sello es el caminante del cielo rojo. Tonalidad 9, es decir, solar. Me guía en mi misión la luna (la purificación), mi análogo (quien me recuerda mi misión) es el enlazador de mundos (que iguala la muerte), mi antípoda (quien me dice cómo hacerlo mejor) es la noche (la abundancia) y mi oculto (la fuerza para cumplirla) es la estrella (armonía, belleza y arte).
En realidad a cada uno de nosotros nos salen cosas muy hermosas.
Todos en la compañía resultamos ser de sellos distintos.
Me asombro de mi sello. Como si un maya desconocido hubiera escrito algún poema en mi nombre.

lunes, 7 de febrero de 2005

El Che

Ayer vimos "Diarios de Motocicleta". Me pregunto qué hubiera sido de la Argentina si el Che hubiera enfilado la motocicleta para el Noroeste Argentino y no para la Patagonia como finalmente sucedió. Hubiera visto lo que más tarde vio en el Norte Chileno y en el Altiplano. Pero no. Atravesó los pastos dorados y desiertos de La Pampa y llegó a una Patagonia mágica en paisajes, vacía de gente.
Esos ojos de aquel minero chileno son los ojos que hoy aún se encuentran en Jujuy.
Frescos pozos en busca de agua.

domingo, 23 de enero de 2005

Calle Florida

Los escaparates de la calle Florida ostentan un glamour ficticio.
La creatividad a flor de piel y el sudor ajeno: pelos rubios casi blancos, pelirrojos, lacios, enrulados. Vestidos, zapatos de taco, rosas y celestes. Mapas, postales al doble de precio, revistas de moda, de viajes, de utilería en el medio de la peatonal. Música, tango electrónico, zamba y aquellos mariachis importados. Hombres de traje y corbata, maletín negro y mujeres con peinados altos de espuma. Marionetas. Lentes de colores, lentejuelas deslucidas en la falda de un hada de la calle, un hombre barrigudo de camiseta blanca arrastrando un changuito. Diarios sueltos, sonrisas encantadoras en la puerta del Burguer, un vasito de café express chamuscado en las mesas pegoteadas de bebidas colas.
Papeles de oficina.
Distintas lenguas, la nueva mercancía del momento. Seducción: sos de acá, no vos, de dónde, ah, hace cuánto.
Arlt decía que Florida olía a agua florida que no es lo mismo que las flores de Bach.

miércoles, 19 de enero de 2005

¿Recursividad de la lengua?

Io non lo so.
Cuando uno comienza a aprender un idioma primero habla con frases hechas. Repite. Es increíble. Hace tan solo dos semanas que estoy incursionando en el italiano y aún no logro salir de las frases hechas.
scusi,
senti,
prego,
Io non lo so.

sábado, 15 de enero de 2005

Bellas melodías

Tuneful words
are whispered.
There's no vibration.
But then, my little yellow ball
sees me.
I'm the little bird.
The red one.

viernes, 14 de enero de 2005

Collares

El pequinés miraba tranquilo la calle llena de autos.
Los pequineses han sido perros de emperadores y eso les ha dejado una marca indeleble: no permiten que los toque cualquiera. Su porte es orgulloso aunque sean pequeños y su andar macizo.
Ella lo observaba desde la esquina esperando que alguien se detuviera. Nadie. El perro estaba solo. Llevaba el pelo bien cuidado y la mirada extrañada.Cuando la vio comenzó a caminar media cuadra adentro. Ella lo siguió. Se acercó despacito y posó su mano en el cuello del animal. Lo rozó apenas, tan sólo para ver si había algún collar. El pequinés, mansito, se quedó en su lugar mirándola.
Después se sentó frente a una puerta y ladró.
La puerta era blanca y daba a un edificio alto de departamentos. Pero sólo había un timbre. Ella lo hizo sonar. Salió una señora rolliza que al reconocer al perro lo hizo entrar y le agradeció varias veces. Una vez que la puerta se hubo cerrado ella comenzó a alejarse. Deseaba volver pronto a su casa pues en su bolso llevaba las suites para cello de Bach y quería comenzar a trabajar en ellas. Pero alguien la había estado mirando desde la otra esquina. Se acercó despacio y acercó su mano al cuello de ella.
Tan sólo para ver si llevaba collar.

jueves, 6 de enero de 2005

La Dante Alighieri

Llego a la sede de la Dante y pregunto por los cursos de verano de italiano para principiantes. El aire acondicionado me invade suavemente sin alterar mis vías respiratorias. Me atiende una señora bajita, muy agradable, que me pide que llene un formulario desde una computadora que está del otro lado del mostrador. Tecleo mis datos, nombre, apellido, número de documento, etc. Luego aprieto donde dice "finalizar". La pantalla se borra y la señora bajita me mira un tanto apenada. Balbucea que a veces el sistema no les anda muy bien, que va a reiniciar la máquina. Mientras lo hace le hago un comentario irónico sobre lo fácil que era hace unos años llenar los formularios a mano. Y sí, me dice, acá se hacía así y te aseguro que era más rápido. Le creo, le digo, yo vine hace unos años a anotarme a un curso que al final terminé abandonando. Ah, ¿pero vos ya te anotaste alguna vez acá? Sí, pero eso fue hace unos años y jamás rendí un exámen. Ah, pero eso lo cambia todo, por eso la máquina no andaba, decime tu número de documento.
Se lo doy.
Ves, ahí estas, me dice.
Miro la pantalla que muestra una ficha de hace varios años. Lo único que se mantienen igual son mi nombre y mi número de documento. El resto son datos viejos.
Sí, está bien, pero todos esos datos están mal. Ah, no importa, ya estás anotada, esperame que te hago el recibo. Usted no entiende, esa dirección, ese número de teléfono, esa ocupación, todo lo que diga esa ficha no se refieren a mí, esa ficha no le sirve. Ah, pero no importa, después lo cambiamos, lo importante es que estés en el sistema. Sí, pero...Tomá, acá tenés tu ficha de inscripción.
Tomo la ficha color rosa con un sello estampado en un cuadradito azul. ¿Me permite que al menos le dé mi nuevo e-mail y mi nuevo número de teléfono por si necesita comunicarme algo?
Termino por anotar mi presente en una servilletita blanca con ribetes rojos a los costados.