viernes, 16 de octubre de 2020

Trashumante

Primavera rara. 
No llueve nada. Entonces tengo que salir a regar para que la tierra no se calcine. El verde se abrillanta, se impregna de ese olor a mojado que sale de las plantas que han estado mucho tiempo secas. Riego sin temor. Salpico con amor el limonero lleno de abejas que buscan el polen de sus flores. Se apaga el zumbido por unos instantes. Luego, vuelve el sonido acompañado de un batir de alas. Hay una telaraña perfecta y delicada entre las ramas que resiste el embate del agua y atrae el movimiento de los insectos pequeños.
Me siento como esa telaraña: delicada, resistente.
En equilibrio trashumante.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Me empecé a relajar y me contracturé

Me empecé a relajar y me contracturé.
Una contractura muy vieja que se empezó a soltar. Pero se ve que por algo estaba porque sostenía algo de mi estructura.
Así que anduve con los omóplatos sueltos y el cuello duro. Me río para no llorar. Bah, no, ya lloré un buen rato. Pero los sollozos me dolían así que tuve que respirar profundo para dejar de sollozar. Y como empecé a respirar profundo creo que se me alivió el dolor. Y es que me di cuenta de que me estaba riendo.
Y al reírme ya no dolía.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Cuidar la infancia

Lolo (6) me llama por teléfono y bajando la voz, en tono de secreto me dice:

-¿Sabés lo que voy a hacer hoy?
-No, ¿qué vas a hacer?
En un susurro me dice:
-Me voy a dormir a lo de Elu.
-¿En serio?
-Sshhhhhh, sí, voy a romper la cuarentena.
Elu es la amiga del alma de Lolo, su gran compañera de juegos. Han llegado a formar una banda por zoom con otros compañeritos del jardín. Imagino esa banda desconectada, el zoom andando a los altibajos de la internet y estos pibes de cinco años intentando conectar de alguna forma. Lolo dice que cuando acabe todo esto la banda se va a juntar "en forma presencial" y van a sonar mejor.
También es cierto que los papás de Elu cuidaron de Lolo cuando mi hermano tuvo que llevar a mi cuñada al hospital. Viven cerca y eso ayuda mucho pero además también son muy buena gente.
Me parte el alma que mi sobrino de seis años sienta que ir a jugar con una amiguita es incurrir en una falta.
En estos tiempos, más que nunca: cuidar la infancia, no perder los vínculos, establecer un equilibrio entre lo sanitario y lo social.
Me pregunto cómo se sale de esto.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Ausencia de comunidad

ALERTA SPOILER.

Seguimos viendo "Mars".
En el futuro, luego de mucho esfuerzo, los primeros seres humanos logran su primer asentamiento bajo tierra para protegerse de la tremenda radiación que hay en Marte (la atmósfera del planeta rojo es muy delgada). Tienen la tecnología necesaria para abastecerse de electricidad, agua, oxígeno. Suficiente para un pequeño asentamiento pero no abundante. Desde la Tierra los poderosos quieren que el asentamiento prospere y crezca. Para ello se necesita más energía. Mandan a una gran científica, una mente brillante, la mejor experta, que va a triplicar la energía en el asentamiento de modo que permita que el invernadero crezca y se multiplique la comida. También envían al mejor botanista del mundo, un hombre obsesivo con sus plantas que sabe muchísimo de cultivos pero muy poco de empatía.
Sucede que Marte tiene durante meses unas tormentas de polvo que azotan a todo el planeta entero. No hay forma de predecir como se comportará la topografía. Marte se convierte en un infierno y sólo resta esperar. La gran científica, de mente brillante, experta en su tema, le dice a la comandante de la misión que ella fue a cumplir con una misión y que la deje hacer su trabajo. La comandante le explica que es muy riesgoso, que no conoce Marte como ellos que han estado viviendo allí alrededor de tres años. La científica brillante dice haber hecho miles de simulaciones en la Tierra y que todas salieron bien y que ella está ahí para duplicar la tecnología y duplicar la capacidad de energía. "Yo vine a hacer un trabajo y lo voy a hacer".
Imaginen qué sigue luego.
Llega la tormenta de polvo, arrasa con todo, se corta la luz eléctrica, se mueren las plantas del invernadero y los seres humanos entran en modo de supervivencia. La científica no se hace cargo de la cagada que se mandó, el mejor botánico del mundo entra en una especie de brote psicótico porque se le mueren sus plantitas (le importa un bledo lo que le suceda al resto de la comunidad que está ahí hace tres años), desde la Tierra creen que la misión fracasó y que es una enorme pérdida de ganancias continuar con el asentamiento.
Yo me acordé de Thich Nhat Hanh que dice: "a menudo pensamos en descubrir nuevas tecnologías, pero en ausencia de verdadera comunidad, la tecnología puede ser más destructiva que constructiva.".
La serie refleja a la perfección esto. Cada vez me gusta más.

martes, 15 de septiembre de 2020

Marte

Estamos mirando "Mars", una serie que está en Netflix. La serie tiene dos líneas argumentales que se van alternando y la hacen, a mi juicio, el doble de interesante. Por un lado está la historia de ficción que sucede en 2033 donde un grupo de astronautas "amartiza" en el planeta rojo y tienen que adaptarse para vivir allí. Por otro lado se nos revela información real sobre las investigaciones que se están llevando a cabo para que el viaje a Marte sea una realidad en un futuro no muy lejano.
La verdad es que me alucina todo lo que tiene que ver con el espacio, los astros, la vida en otros planetas, el misterio del universo.
Hace un tiempo vimos otra serie maravillosa que estaba en Netflix pero que la sacaron: "One strange rock". Una roca extraña.
La roca extraña, en realidad, somos nosotros. La Tierra es un planeta que está en lo que los científicos llaman "zona de habitabilidad", es decir, ni muy lejos ni muy cerca del sol: lo justo y necesario para que se encienda la vida. Vista desde afuera, la Tierra es una maravilla con un poder de equilibrio fantástico. Somos como somos porque vivimos en ella, estamos formados por ella. De hecho, uno de los grandes problemas que tienen los astronautas cuando van al espacio es que les cambia el cuerpo porque dejan de ser terrestres. Hay muchas cosas que damos por sentado cuando vivimos en la Tierra.
Ser terrestres es uno de los grande regalos que se nos ha dado.
La serie Mars me alucina por la capacidad que tienen los seres humanos de crear lo imposible. Pero me genera una enorme contradicción. ¿Por qué queremos ir a Marte, un planeta que es la muerte? ¿Por qué gastar tanta energía en crear una ciudad allá donde nada nos es propicio? ¿Por qué no direccionar toda esa maravilla tecnológica para dejar de reventar lo que de por sí nos es dado?
¿Por qué queremos ser marcianos pudiendo ser terrestres?



martes, 1 de septiembre de 2020

La vida en la era del zoom

 Eventualmente volveremos a salir. Lo que yo me pregunto es si cuando suceda la mirada habrá cambiado en algo. Acostumbrados a ver el mundo a través de cámaras me pregunto hasta qué punto la técnica habrá dominado nuestra visión del mundo. No es algo que no sucediera antes, claro que no. La técnica ha influido muchísimo en nuestro modo de ser en el mundo. Ha moldeado o, en el mejor de los casos, transformado, nuestra capacidad de expresión.

Todo esto de la técnica viene a cuento porque Nico me manda un plano secuencia de una peli grabada en 1964. "Soy Cuba" de Mijail Kalatozov. El plano secuencia dura como cinco minutos sin cortes, algo que para esa época era muy difícil de hacer. Hoy nos resulta bastante común porque los drones revolucionaron todo. 
Lo vemos juntos y me salen preguntas muy inocentes, como las que hace Lolo (6) cuando ve algo por primera vez y quiere saber cómo funciona: ¿cómo lo hizo? ¿Se subió a una grúa? ¿Se subió a un avión? ¿Había ascensores? Uf.
Bueno, no, lo hizo con cables y muchas personas que ayudaron deslizando la cámara. 
Esa experiencia colectiva en la técnica habla de la misma sociedad. Muchas personas deslizando la cámara a través de cables.

martes, 25 de agosto de 2020

Jazmín

El barbijo no me deja ver bien. Sostengo con los dedos las llaves para abrir la puerta reja. El auto está detrás, listo para salir. Entre todas las capas de ropa que me cubren percibo que el clima ha cambiado. Unas nubes negras perfilan el horizonte. Habrá lluvia. Se me instala en la nariz una ráfaga de perfume que no corresponde con mi sentir. El jazmín chino está comenzando a florecer. Inexorablemente se termina agosto. Inexorablemente tendremos primavera. Inexorablemente no se termina el Covid.

viernes, 7 de agosto de 2020

Ganesha

Anoche tuve otro sueño vívido de pandemia. Estaba de visita en una isla donde vivían mis amigos "los psicoanalistas" (?). Eran un montón viviendo en alegre jolgorio en un departamento que quedaba a orillas de un río. Cada tanto se podían ver barcos en el río. De pronto aparece volando un elefante que aterriza en el agua y todos gritan: ¡Ganesha, viniste!
Qué mejunge que tengo en el marote, dios mío.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Formas de matar un árbol

Son tres los troncos que salen de la raíz. La raíz está en la tierra, se nutre de ella. Sin la tierra, sin la raíz, los troncos no podrían multiplicar sus ramas. 
Las ramas son muchas, verde oscuro casi marrón, las hojas salen de a miles, brillantes, verde-claro. Una maraña vegetal de vida exuberante. 
La mente dice: La gata se trepa por el árbol y se escapa, es un peligro. Además nos quita luz y el limonero que está al lado está todo torcido por su culpa. Hay que quitar el árbol.
El corazón se estruja: una pena, me acuerdo de cuando llegó a casa. Eran apenas tres ramitas finitas y sin hojas, una porquería de planta, pensamos que no viviría. ¡Y miren ahora que copa preciosa!
El cuerpo dice: hace meses que estamos dándole la vuelta a este asunto. Me va a costar un ovario y la mitad del otro sacar esa cosa. Pero bueno, cuando me den la orden voy y lo hago.
El corazón dice: si lo vamos a hacer que sea ahora porque si viene la primavera y el árbol da flores no me va a dar el corazón, digo, yo mismo, para hacerlo.
La mente dice: es simple, serruchemos de a un tronco por vez.
El cuerpo dice: bueno.
Son tres los órdenes, tres.
Serruchamos un tronco. Se desprende de la raíz y, cosa extraña, pareciera que el árbol se sostiene tal es el pegoteo de sus ramas.
Serruchamos el segundo y ya la cosa no parece tan fácil. La copa sigue intacta sostenida por el único tronco que queda. Pareciera que el árbol está saltando en una pata.
Vamos que falta poco, dice la mente.
Ya no hay vuelta atrás, llora el corazón.
Quiero almorzar, gruñe el cuerpo.
Serruchamos el tercero y ahora así la cosa empieza a crujir. Se escuchan quejidos de la madera, la copa empieza a balancearse hasta que finalmente se derrumba.
¿Está muerto el árbol?
¿Está muerto?
La raíz se ríe.
Dice: ¡vengan a buscarme, hijos de puta!

miércoles, 15 de julio de 2020

Un idioma

Por Pablo Canapé

Es un idioma que aprender,
tiene su lógica perfecta en su lenguaje de símbolos.
Aunque parezcan delirantes e in-dirigibles
los sueños nos cuentan nuestros secretos
lo que a nosotros nos da vergüenza
al subconsciente no,
no tiene moral ni Dios
nuestros miedos y deseos se liberan
del controlador y su frontera
y en un viaje fantástico o aterrador
se revela lo oculto, 
deseos inadmisibles.
Los sueños nos equilibran
comprender nuestro soñar
es comprenderse a uno mismo
porque un sueño puede cambiar la realidad
si se le da la oportunidad.
Cómo no interesarse
en un mundo donde el ciego ve
y los muertos nos abrazan.
Cuando soñamos estamos ahí,
y lo más lindo
formar parte de los sueños de otra persona
ser creado en otro mundo...

martes, 14 de julio de 2020

La espada

Charlas telefónicas (por el fijo) con Lolo (en breve cumple 6).
-Tenés una espada?
-¿Una espada?
-Sí, una espada... para luchar contra los portugueses.
-Mnno, no... no tengo una espada acá.
-Bueno, ¿tenés una regla larga?
-¿Una regla?
-Sí, la podés usar como espada.
-Sí! ¡Tengo una! Esperá que la busco.
Saco una regla larga del cajón donde guardo los útiles.
-Acá está, la tengo en mi mano.
-Bueno, ¿estás lista?
-Sí.
-¡A la cargaaaaa!
Luego de jugar un rato por teléfono, cuando cortamos, Nico me dice:
-No puedo creer que DE VERDAD buscaste la regla.
-La regla no, la espada.

lunes, 15 de junio de 2020

Vestuario

Empezó a hacer mucho frío y entonces me doy cuenta de que sigo alternando los mismos dos pulóveres desde que comenzó la cuarentena. Mis vestiditos de verano siguen colgados en el placard. Esta bien que casi no abro el placard y voy alternando un par de mudas de ropa pero hoy que hace mucho frío tengo el vago recuerdo de que yo tenía pulóveres lindos guardados en alguna parte. Con ayuda de una escalerita voy bajando la ropa de invierno y acomodando los vestidos de verano en cajas para "archivarlos".
Hace algunos años que vengo regalando mucha ropa que ya no uso. Hoy, sin embargo, me asombra toda esa ropa que tengo sólo para aparentar. Hay muchas cosas que en el medio de una pandemia dejan de tener sentido. Los vestidos de fiesta, los abrigos bonitos, los zapatos incómodos. ¿Por qué uno andaría con zapatos incómodos en su propia casa si puede estar en medias y/o plantuflas?

¿Viste cuando algo se rompe por tu culpa y no tenías idea de que lo habías roto y cuando te lo dicen ni siquiera te importa?
Bueno, eso es el coronavirus.

viernes, 12 de junio de 2020

Buena onda, che

Me quedé en la buena onda y entonces no podía escribir nada. Todo trabado, che. Que hacer pan, que Nico arrancó con sus clases de yoga y está más flexible que un conejo, que si doy clases por zoom, el jitsi o el meet entre amigos, que el whatsapp con la flia, que salir o no salir, que no veo a nadie y veo a todo el mundo virtualmente, que el jardín está impecable, que el gato duerme feliz, buena onda todo, che.
Pero no.
Desde hace unos días siento todo trabado. Voy en automático, leo las cifras, los números, la indignación de todo el mundo por cada cosa que pasa. De pronto todos somos unos pelotudos que no entendemos nada, nadie es tan genial como vos que posteás la posta en tu red social del orto. Pero seguro que vos también estás hecho bosta entonces ni da para enojarse.