domingo, 19 de junio de 2022

La libertad

"La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayoría de los hombres le temen tanto."

George Bernard Shaw.

Cuando estaba por ingresar a la carrera de Letras mi papá me regaló un libro que compilaba reportajes a escritores del Paris Review. Yo tenía 18 años y ninguna clave realmente de por qué quería estudiar Letras. A simple vista era obvio: amaba los libros, podía leer libros enteros a una velocidad pasmosa, escribía mucho y era buena con las palabras. Pero si escarbabas más profundo no era claro por qué Letras y no otra cosa. Soy hija de una madre bióloga y un padre ingeniero electrónico. Ninguno de mis padres cuestionó mi elección aún cuando en la Argentina de 1995 estudiar esa carrera parecía más bien ser una fuga en sí misma. Pero la dedicatoria de mi papá habla por si misma. Es una dedicatoria que se ha repetido al infinito con todo lo que me propuse hacer en la vida.




jueves, 16 de junio de 2022

¿Covichada o engripada?

El martes a la noche empecé con la incomodidad propia de unas líneas de fiebre. Hacía una semana que Nico estaba tosiendo y estornudando a mi lado de modo que imposible no contagiarse. Nico se había hecho un test casero y había dado negativo. Yo misma fui a comprarlo cuando aún desbordaba de salud enfundada en mi barbijo (ese que para CABA hoy ya no es obligatorio usar en espacios cerrados). Luego nos dijeron que las subvariantes de omicron dan falsos negativos en los test. De modo que ni idea. Esto puede ser gripe o puede ser covid.
Pero entonces yo, como un mantra, me digo a mi misma: lo importante es curarse. Me importa poco como se llama este bicho, lo único que quiero es que se vaya de mi organismo.
Para aquellos que subestiman el valor de usar barbijo en espacios cerrados sepan que los que estuvieron conmigo en contacto estrecho durante la semana pasada (cuando yo estaba incubando esta porquería) estuvieron protegidos.
Ya voy por el tercer día y la fiebre va cediendo. Yo no sé si es por la pandemia que ahora todos estamos muchísimo más atentos a los síntomas. Al principio creí que era covid porque "nunca tuve estos síntomas... estos temblores cuando me sube la fiebre, este dolor de ojos, este dolor de cabeza...". Bueno. Hoy que ya voy por el tercer día pienso que es una gripe fuerte, fiebre, dolor en el cuerpo, dolor en las articulaciones, ¡dolor de la espalda baja! Reconozco todos los síntomas de las veces que me engripé fuerte sin saber si el virus era H1N1 o vaya uno a saber qué.
Lo único que me importa ahora es curarme. Mientras tanto navego las aguas de esta enfermedad, el temblor de mi espalda cuando sube la fiebre, el sudor del cuerpo cuando baja, el sabor metálico en la boca, la larga noche. La verdad es que yo no hago nada, dejo que sea. Mientras eso sucede trato de no poner obstáculos.

martes, 14 de junio de 2022

Se va la segunda

La felina blanca, que nos acompaña desde hace cinco años y a la cual veneramos como ella sola se lo merece, me arañó hace unos meses un lunar que tengo en el torso. Desde entonces el lunar quedó bicolor y, por supuesto, cuando me fui a hacer la revisión de lunares la dermatóloga dijo: este va a haber que controlarlo. Como ya tengo historia con este temita de los lunares que cambian de color decidí que la gata capaz tiene razón y hay que sacarlo del todo. El cirujano plástico estuvo de acuerdo. Así que ahí va la segunda. Gracias Lua por ser una gata blanca, sanadora y no se cuánto pero porfa dejá de lacerarme lunares que estaban en perfecto estado, eh.

domingo, 12 de junio de 2022

Sueño bifásico

Hace un par de semanas que llegamos al final del día con un cansancio extremo. Supongo que el trabajo, el frío de junio, la oscuridad propia de estos días invernales, sumado a la obra en casa nos dejó literalmente de cama.
Además hace ya bastante tiempo que nos acostumbramos a cenar más temprano de lo que las costumbres argentinas dictan (algo que recomiendo implementar, a nosotros nos cambió la calidad del sueño).
Empezó a suceder que a las nueve caíamos rendidos pero al cabo de cinco o seis horas de un sueño increíblemente reparador nos despertábamos con energía.
En lo personal decidí no luchar con eso y empecé a levantarme. Me iba a la cocina, acomodaba lo que había quedado sucio, dejaba todo impecable para el desayuno, me quedaba leyendo un rato, la gata también se levantaba, pedía su ración, salía un rato a mirar la luna fría en el jardín y luego, al cabo de un par de horas, a la cama otra vez.
A las siete ya estábamos arriba de nuevo como si nada hubiera pasado.
Me acordé de un artículo que leí sobre la Edad Media donde explicaban el sueño bifásico, es decir, esa costumbre que tenían los europeos de dormir en dos tandas. Es una costumbre que aparece descrita en los cuentos de Canterbury de Chaucer pero también se lo nombra en cartas y otros documentos de la época.
El descanso de dividía en dos partes y tenía bastante sentido: al no tener electricidad el reloj interno era diferente se iban a dormir temprano y se despertaban pasada la media noche. Aprovechaban a hacer algunas tareas como, por ejemplo, echar leña al fuego, le daban de comer a los animales e incluso socializaban entre ellos ya que durante las horas del día se les hacía más difícil. También era un buen momento para concebir porque en realidad era más fácil tener intimidad con la pareja en esas horas. Y no faltaba quien se pusiera a rezar o meditar (había plegarias específicas para estas horas).
La cosa es que durante estas dos semanas tuvimos el sueño bifásico. Dormimos en dos tandas. Y la verdad es que fue interesante. Esto de que hay que dormir ocho horas seguidas podría ser realmente una cuestión cultural. Lo digo para que nadie se sienta mal si se despierta a las tres de la mañana y quiere ponerse a leer un libro, escribir algo, mirar una película, estudiar. Incluso resolver algún problema que lo estuvo acosando durante el día. Un par de horitas y luego a la cama otra vez. Hasta que suene el despertador.
No sé... lo comparto acá para quien le sirva.

viernes, 3 de junio de 2022

Tener un techo III

Ya es una rutina. Mariano viene con sus petates y arranca a laburar pero antes me convida de un té espectacular que se trae para empezar la mañana fría. Limón, cúrcuma, pimienta y miel. Charlamos un rato y luego arranca. Hoy me trajo raíz de cúrcuma fresca que consigue en una verdulería cerca de su casa.

Lo veo encaramado en el techo dándole a las tejas. Me explicó lo que son los cabios que sostienen el techo (que no es escabio, me dice y se ríe). Para mi eran cosos de madera pero ahora sé que se llaman cabios y que no son vigas porque éstas son más gruesas. Y aprendí otra palabra hermosa: cenefa. Bueno, parece que a la cenefa hay que darle una mano de barniz.

lunes, 30 de mayo de 2022

Tener un techo II

Amanece con 1º grado de sensación térmica. Hoy viene Mariano, el techista, a desarmar el techo de casa. Mariano era el techista de Lina. Yo siento que mi vecina, de alguna manera, me sigue cuidando.
Hace muchos años cayó un granizo muy fuerte por este barrio que destruyó buena parte de los techos de tejas. Desde esa época las tejas son difíciles de conseguir y por alguna razón, acá siempre están más caras que en otros barrios. El arreglo que me hicieron en ese momento parece que fue un desastre. Cortaron las tejas mal. Yo en mi ignorancia jamás supe la aberración que me habían hecho.
Mariano se agarra la cabeza y me dice que no entiende cómo se les ocurrió cortar las tejas de ese modo. Que es más fácil hacer las cosas bien que hacerlas mal. Me explica algo de cómo van encastradas. Macho, hembra, yo no entiendo nada. Pero el pibe parece saber y lo cierto es que los techos de Lina están impecables.
Hace un frío tremendo. Mariano trae dos escaleras, un bolso, algunas herramientas y una radio enorme portátil. El tipo mientras se encarama a mi techo escucha una radio donde pasan Rock Nacional. De una, ya lo quiero. Me cae bien. Mi gata lo odia. Odia la radio, las escaleras, todo ese aparataje que el tipo trae. Se esconde en el baño y no quiere salir.
Van a ser unos días intensos de tejas, ruidos, arreglar algo de la zinguería, pintura. Pero vamos a tener un techo que nos cobije de la lluvia y del frío. No es poca cosa. Diría que en estos tiempos es muchísimo.

viernes, 13 de mayo de 2022

Tener un techo I

La odisea de conseguir las tejas para arreglar el techo de mi casa tiene un nombre y se llama capitalismo.
Resulta que una empresa muy grande y poderosa compró a la empresa que fabricaba las tejas del techo de mi casa para luego discontinuar los modelos que fabricaba dicha empresa y fabricar nuevos. Por ende, no se fabrican más las tejas que necesito para arreglar mi techo. Aclaro que no poseo un techo del siglo pasado. Tengo el mismo techo que todas las casas de mi cuadra, es decir, no es un techo raro con tejas raras.
De modo que hay todo un negocio paralelo que venden tejas usadas. Es decir, desarman techos, ponen chapa u otras tejas y esas mismas tejas usadas las venden a un precio carísimo porque hay pocas y no se consiguen.
Hay gente que tiene verdaderos tesoros en su techo.

jueves, 12 de mayo de 2022

Lina

Se murió Lina, nuestra vecina más viejita. La queríamos mucho en la cuadra. Siempre se preocupaba por todos, nos llamaba por el nombre, nos conocía, te invitaba a un cafecito. La pobre cada tanto me tocaba el timbre para recordarme que mi ampelopsis le estaba levantando las benditas tejas de su techo. Tenía su casita impecable, siempre pintada, el jardín siempre hermoso.
No le gustaban los gatos que merodeaban por los techos pero supo querer a Lua y más de una vez me abrió la puerta de su casa en medio de la noche para que fuera a buscar a la gata que se había escapado a su jardín. Después me ofrecía un cafecito.
En esas charlas que teníamos me contaba cosas de cómo había sido el barrio. Me decía que en el terreno donde está mi casa, por ejemplo, el dueño anterior solía tener un palomar.
Era muy independiente, se movía de acá para allá con sus 85 años (en realidad creo que eran más). En el último tiempo tenía muchos dolores pero no bajaba la guardia. Siempre activa.
Se murió un miércoles de madrugada, en su casa. La encontró el jardinero al día siguiente.
Lloré cuando me enteré de su muerte como se llora una abuelita.
Gracias Lina por cuidarnos a todos.

jueves, 28 de abril de 2022

Lolo y el shiatsu

Lolo (7) luego de descubrir lo que es una sesión de shiatsu:
-Si le hacés este masaje al abuelo, vive para siempre, ¿no?

lunes, 18 de abril de 2022

Un pequeño gesto recupera el enlace

Un pequeño gesto recupera el enlace. Pasar al acto, dar el primer paso y que algo se abra. Como en las sesiones de shiatsu pero en la vida (si el otro quiere, claro).
En ese acto -que puede ser un simple abrazo- se abre una posibilidad. Por eso es importante quedarse. No irse rápido. Esperar. En ese esperar puede pasar que el pétalo caiga por la fuerza de la gravedad.
Hay belleza en ese acto. Entonces ahí radica su importancia. No en el efecto. Por eso: no tiempo. La posibilidad abre el tiempo. Lo demás es probable que ya no importe.

jueves, 14 de abril de 2022

Palermo Soho

Ayer por esas cosas de la agenda terminé caminando por las callecitas de Palermo Soho. Hace treinta años la calle Jorge Luis Borges se llamaba Serrano y yo solía ensayar en una casa ubicada en esa calle todos los miércoles a la noche.
El barrio actualmente es otro planeta. A medida que me alejaba de Santa Fé, me inundó una mezcla de aromas a perfume importado, ropa blanca, colores de alta gama y mucho ocio. Era tan fuerte ese olor que terminé embriagándome de esas luces, los cuerpos apolíneos, las caras perfectamente delineadas. Cuerpos bien alimentados, bien nutridos, sudando el fitness y la abundancia de cada día.
Estaba hambrienta así que me senté en un barcito que tenía mesitas afuera. La carta de tés era una explosión de sabores acompañado de tortas varias.
En un segundo se apeó un transeúnte a mi mesa. Era un muchacho joven, pálido, alto, delgado y bien vestido. Se me puso delante de la mesa y desplegó un cartel que decía: "Quiero abrir un bar de birras en Buenos Aires".
Me quedé perpleja sin saber muy bien qué decir.
-¡Suerte!- le dije.
-Te puedo pasar un cbu, con lo que puedas ayudar va a estar bien -me contestó sin que se le mueva un pelo.
Pensé: hasta la forma de pedir es distinta en estas calles. ¡Un CBU!
No tuvo mucho éxito. Nadie le pidió el cbu ni le dieron efectivo. Se marchó tranquilo sin pestañear.
A los cinco minutos apareció otro muchacho, petiso, de piel morena, un cuerpo redondeado a base de harinas blancas y azúcar, el combustible de los que menos tienen.
En menos de diez segundos aparecieron tres policías de la ciudad: dos hombres y una mujer. Rodearon al muchacho como si fuera un delincuente.
-No se puede vender acá, negro.
Le requisaron todo.
-¿Tenés algo que te comprometa?
Le pidieron que se levante la remera para ver si "iba calzado".
-La próxima vez que te vea por acá te vas en bolas. No te quiero ver más por acá.
En un segundo se me fue la embriaguez. Me embargó el miedo. El té y la torta me dieron náuseas. Solo me quería ir. Quería huir de esas calles de plástico. Yo sé que hay gente que frente a estas cosas se indigna, protesta, defiende... o... aplaude.
Yo tuve miedo y vergüenza de estar sentada en esa mesa. El contraste fue apabullante.

martes, 12 de abril de 2022

Control y privilegios del día

No me gusta saltearme el desayuno. Pero hoy me tenía que despertar muy temprano y ayunar.
Me vestí de persona y salí con el frío de la mañana pegándome en la cara. Caminé las cuadras que me separan del colectivo junto a otras personas. Los adolescentes yendo al colegio, los adultos yendo a trabajar. Todos muy ordenaditos: el colectivo con su ruta programada, nosotros con nuestras tarjetas SUBE, zapatos en los pies, abrigos que nos protegen, carteras, mochilas, celulares y una agenda que cumplir durante el día. Durante el viaje traté de leer un libro pero me era imposible concentrarme.
Llegué a mi lugar de destino. Empecé a caminar por la avenida y me encontré con varios pies descalzos, un señor fumando, sentado junto a una bolsa de consorcio, otro hombre caminaba con unas zapatillas hechas jirones y balbuceaba algo con la mirada perdida. Personas con el estómago vacío, con un ayuno impuesto por la carencia, sin agenda del día, sólo las horas para deambular por esas calles fantasmagóricas de una ciudad que se olvidó de amar.
Llegué al Hospital Alemán y la luz de afuera había cambiado. Pero la luz de los hospitales siempre es la misma. Blanca, fría, precisa y dogmática. Me tocaba ir al subsuelo. Había bastante cola pero iba rápido. Un hombre estaba muy enojado porque no iba lo suficientemente rápido, protestaba, era como si una radio saliera de su boca.
Me hice el estudio. Quince minutos de inspección de mis partes blandas. Un poco de gel y un hombre joven de bata blanca inspeccionaba mis órganos internos. Respirá, retené el aire, no respires. Respirá... Detrás del barbijo y los lentes sentía mi energía marchitarse. Quince minutos de respirar raro para que ese hombre de la bata blanca simplemente corrobore lo que ya sabíamos: está todo bien.
Salí, me quité el barbijo, me sacudí la bruma blanca del Hospital. Un café con leche y sentarse a leer a Patti Smith son mis privilegios de este día.
No me vengan a buscar.

lunes, 11 de abril de 2022

Comunidad

Amo la lluvia pero más cuando estoy guarecida arriba de un bondi. No sé explicarlo bien. Siento una sensación de comunidad, todos en la misma. Afuera el cielo se cae. Adentro estamos todos sequitos y en movimiento. Magia.

jueves, 7 de abril de 2022

Chejfec

Se murió Sergio, pienso. Se murió S.
No sé quien fue realmente Sergio Chejfec. Yo no lo conocí en persona. Sé, por ejemplo, que vivió muchos años en Venezuela. Que luego se estableció en Nueva York y que venía a la Argentina y daba clases en la Untref. Era alguien de carne y hueso. Un escritor.
Pero para mi Chejfec fue un nombre que escuché entre tantos nombres de escritores en la carrera de Letras, ya casi al final, en un seminario de licenciatura donde analizábamos los procedimientos técnicos de la novela. Y yo vine a elegir "Los Planetas" de Chejfec que básicamente lo que hacía era dinamitar los procedimientos técnicos de la novela tradicional.
No me voy a olvidar de un verano tortuoso en Buenos Aires leyendo y releyendo esa novela, subrayando, escribiendo, pensando.
Fui a buscar el texto que escribí hace ya casi veinte años y encontré esta cita que me parece fenomenal, tan actual, tan lúcida: "Cuando la naturaleza es tan oscura que resulta imposible alcanzar la verdad, es mejor crear una organización eficiente, aunque ilusoria, que nos permita representarla como si fuera real".
Eso fue para mi la literatura durante muchísimos años. Una organización eficiente que me permitía representar lo real. Porque al final de cuentas, todas las historias personales se entrelazan con "los pájaros oscuros de la Historia".
Gracias Sergio, gracias Chejfec.
Qué pena que te hayas muerto tan joven.
Voy a buscar tus otros libros.