18 de abril de 2018

Atajar

Cuando estás de malhumor, cualquier cosa que yo diga va a estar mal. Entonces salgo a la calle a soltar amarras y dejar atrás tu enojo. Me pierdo en la inmensidad del afuera, en el rugir de los autos, la semana viene escuálida, los zapatos dan calor y el otoño no quiere desplegarse.
Todo recuerda a lo solos que estamos frente a nuestro miedo aunque el amor te recuerda que hay otros que ante una caída te atajarán como puedan, como mejor sepan hacerlo.
El viento se levanta y me sopla en la cara. El viento me recuerda, en estos momentos, que tengo la vida que quise tener, que estoy viviendo una plenitud de la que nunca me creí capaz. Aunque me rodeen viejos dolores, temores, rencores, hago ancla en mi. El viento sopla y yo no me vuelo.
Es inevitable la caída, es inevitable que vuelva a levantarme. El rumbo es un camino incierto y yo elijo estar presente, sentir, brotar desde mi profundidad y volverme certeza.
Cuando vuelvo a casa me decís que nada sirve, nada funciona, nada, porque todo duele, todo es muy duro y yo te entiendo tanto porque alguna vez sentí ese dolor que no se puede explicar, que te aísla de todos los seres, que te encierra en paredes húmedas y vacías.
Entonces vengo acá, escribo esto, hago repiquetear estas teclas. Más tarde iré a abrazarte y aunque me intentes apartar con tu oscuridad no me asustás, sabelo. A lo mejor sí sirve. A lo mejor.... mirá que de todas las cosas, yo sé atajar muy bien. Me lo enseñó mi pasado. Algo bueno saldrá de todo esto.

9 de abril de 2018

Un mapa

Tengo las horas de mis días cartografiadas.
Mi día lleva el color de una multitud.


19 de marzo de 2018

14 de marzo de 2018

Deseos

Los martes y los viernes son días de sesiones. Los lunes y los miércoles son días de profesorado de yoga. Los jueves son días de clases.
Así comencé el año. Pero todo esto puede cambiar en abril.
Abril, el mes más cruel, decía TS Elliot.
Tengo una cajita donde guardo mis deseos. Hay de todo tipo. Deseos enormes, inmensurables y otros más pequeños. Los voy sacando en la medida de lo posible. Algunos se cumplen, otros se quedan guardados a la espera y otros se desvanecen.
No creo que esa cajita se quede vacía nunca porque esa cajita es mi corazón. 

24 de febrero de 2018

Faro de luz

Se sabe que mi amor por La Paloma data de mucho tiempo.
Me gusta que el faro se encienda justo a la caída del sol, como un ritual.
Se va la luz pero se enciende el faro y nunca el mar está a oscuras.


5 de febrero de 2018

Celebración

A soul cake, a soul cake,
Please, good missus, a soul cake,
An apple, a pear, a plum or a cherry,
Any good thing to make us all merry.
A soul cake, a soul cake,
Please, good missus, a soul cake,
One for Peter, two for Paul,
And three for Him that made us all. 

4 de febrero de 2018

Libros regalados


Tengo muchos libros sobre yoga. Libros que compré y elegí yo.
Pero como todo en la vida, lo mejor casi siempre viene gratis e inesperadamente.
Este libro era de la mamá de una amiga de Nico que al mudarse quiso desprenderse de parte de su biblioteca. Nico fue a la casa y se trajo una caja de libros. Me dijo: vi estos libros y pensé en vos, creo que te pueden interesar.
Yo los miré desconfiadamente como quien mira a un intruso y lo escudriña para verificar que no haya peligro.
Finalmente nos terminamos haciendo grandes amigos.
Este libro está en mi mesa de luz y cada tanto leo algunos pasajes. Nunca cesa de soprenderme. 

2 de febrero de 2018

Libros prestados

Se vino febrero con otra propuesta en el Tumblr Un mes de.
Esta vez son libros.
Me encanta leer libros prestados.
Este libro me lo prestó Claudia y cuando me lo dio me dijo: cuando lo leí pensé mucho en vos.
Qué buena recomendación para leer un libro, ¿no?
No había leído nunca nada de Grossman. Me gustó mucho y me salvó del insomnio varias noches seguidas.


28 de enero de 2018

Los árboles están siempre


Ayer por la noche tuvimos a un cumpleaños en el Bajo de San Isidro. El día había sido sofocante. Salimos de casa con la sensación de estar en una olla bajo presión pero al llegar a la ribera norte descubrimos un aire nuevo. La terraza estaba rodeada de árboles, vegetación y el río estaba muy cerca.
El bajo de San Isidro está lleno de plantas y árboles nativos que no suelen verse en la ciudad. Son árboles que crecen desmesuradamente, árboles que dan una sensación selvática inexplicable. Apenas uno se sumerge en ese verde, la refrescante sensación se vuelve maravillosa.
La noche nos fue envolviendo con la celebración de estar entre amigos, buena bebida, música y comida genial. A la vuelta acercamos a un amigo que vive en CABA y se sentía lejos de todo. De a poco, la Libertador angosta y llena de árboles intrincados fue dando paso a la Libertador ancha. Luego autopista, cemento, luces, más avenidas, calles, los árboles urbanos se nos presentaron demasiado prolijos, desmasiado estéticos. Pero también fue bello ver el lago del Planetario iluminado, los árboles urbanos en silencio y la luna recortada en la Avenida del Libertador a las dos y media de la mañana.


27 de enero de 2018

A una semana de mi cumpleaños

Por Leila Guerriero

Antes de que todo esto se termine. Antes de que cierren la casa y vendan los muebles y regalen los libros. Antes de que se repartan los cosméticos y los zapatos. Antes de que arrojen las cacerolas a la basura. Antes de que vacíen las alacenas, de que se lleven las especias, los fideos. Antes de que se terminen los días felices y las tardes de domingo. Antes de la última de las madrugadas. Antes del final de la angustia. Antes de que se acaben el sexo sin amor y el amor sin sexo. Antes de que la ropa se pudra en los placares. Antes de que descuelguen los cuadros y cubran los sillones con lienzos y cierren las ventanas para siempre. Antes de que quemen las fotos. Antes de que se resequen los felpudos, de que se oxiden las cortinas en sus rieles. Antes de que se terminen la curiosidad, los huesos, el hígado y las córneas. Antes de que se sequen todas las plantas del balcón. Antes de que no haya más nieve, ni colores, ni trópicos. Antes del final de todas las selvas, de todos los mares, de todos los reflejos en el agua. Antes del último poema. Del final de las veredas y las calles. Del fin de todos los paseos. Antes del adiós a todos los aeropuertos y todos los aviones y todas las ciudades y todos los cafés con vidrios empañados. Antes de la cancelación de todas las discusiones, de todos los argumentos, de todas la furias, de todos los desprecios. De todas las metálicas ansiedades. Antes del fin de los gritos, de la desolación y de la culpa. Antes de la última agenda, del último viernes, del último bar, del último baile. Antes de que se apaguen todas las cúpulas y todas las pantallas. Antes de que las polillas se coman los restos de la lana y de la almohada. Antes del final de las mascotas. Antes, mucho antes: hay que vivir. ¿Pero cómo? ¿Cómo?  
“Qué admirable / el que no piensa "la vida huye" / cuando ve un relámpago”, escribió Basho. Admirables los que están en el tiempo sin pensar en él.

26 de enero de 2018

No hay basura

A veces se nos olvidan las cosas más obvias. Ropa interior, mallas, calzado, vestidos de verano... De pronto me doy cuenta: no me compro ropa hace años. Mis viejos trapos ya no dan para mucho más y mis sandalias (que reconozco que amo y me cuesta encontrar unas así de comodas) tienen que irse, ya caminan solas.
Suelas desgastadas, telas rotas, agujeros en las remeras, en las zapatillas... da gusto renovar algo cuando tuvo un uso tremendo.
Consumir entonces adquiere otra dimensión.
Llegas a casa con lo nuevo, le agradecés a lo viejo, lo ponés en bolsas, junto a los reciclables, ya nada se tira, todo se transforma.
Nada más va a la basura.

24 de enero de 2018

La jaula se ha hecho pájaro

Escribí diarios íntimos en papel hasta 2012.
No era muy meticulosa pero los cuadernos se iban apilando.
Luego algo sucedió en la comprensión y no quise seguir con esa práctica. Es que algo en la escritura se cristalizaba. Y yo quería dejar de cristalizarme.
Quería olvidar. Y acordarme de lo que mi mente quisiera recordar, no lo que me contara el papel años más tarde.
Hoy encontré algo de mi subjetividad que me recordó aquellos días en los que escribía mucho.
Un descubrimiento poco asombroso, muy obvio, bastante vergonzante, como todo lo que uno descubre más o menos en un diván.
Un miedo, un no saber qué hacer, un conservadurismo que creí que ya no tenía.
Una chatura que me acompaña desde siempre.
Todo eso está muy bien, digo, haberlo descubierto. 

Y me acuerdo de ese poema de Alejandra

La jaula se ha hecho pájaro
que haré con el miedo.

Resulta que no era miedo.
Era culpa. 

El techo del mundo

Sequoias. Árboles gigantes. Una lección de humildad para el hombre. Pueden llegar a medir 115 metros de altura. Un verdadero techo verde para el mundo.
Para las sequoias los incendios son una bendición. El fuego secas sus frutos y hace que se desprendan las semillas. Si los frutos no se secan lo suficiente puede que nunca lleguen a desprender las semillas. De modo que algunos fuegos verdaderamente traen vida al bosque. 

Atajar

Cuando estás de malhumor, cualquier cosa que yo diga va a estar mal. Entonces salgo a la calle a soltar amarras y dejar atrás tu enojo. Me ...