28 de noviembre de 2016

Cuba

-Tenía 16 años la primera vez que fui a Cuba. Y de lo que más me acuerdo es de la música. Había música por todas partes, instrumentos por todas partes. En la playa clavaban el bajo en la arena y tocaban. Te prestaban los instrumentos, te escuchaban con el alma... Qué loco. Tengo el recuerdo de estar cantando en las calles de Cuba y de siempre estar acompañada. Nadie intentaba lucirse, todos sacaban a relucir lo mejor de cada uno en un ensamble que no sabíamos bien adónde nos iba a llevar. La música se daba tan fácil... tan...
-Eso que viviste amor, fue el socialismo.

23 de noviembre de 2016

Maravilla

Durante años fui un neurótico. Era un ser angustiado, deprimido y egoísta. Todo el mundo insistía en decirme que cambiara y no dejaban de recordarme lo neurótico que yo era. Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos y deseaba cambiar pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.
Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara. También con él yo estaba de acuerdo y no podía sentirme ofendido de manera que me sentía impotente y atrapado.
Pero un día me dijo: «No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte».
Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: «No cambies. No cambies. No cambies... Te quiero...».
Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡Oh, maravilla! Cambié.

Anthony de Mello nació en Bombay India en 1931 y murió en Nueva York, USA en 1987. Fue sacerdote jesuita y psicoterapeuta.

19 de noviembre de 2016

Comer

Hay generaciones que limpian la tierra. Su paso por el mundo sólo cumple esta función.
La siguiente generación será la que siembre. Deposita las semillas en la tierra y espera a que crezcan.
Una nueva generación será quien las coseche. Pero ellos aún no comerán.
Sólo la generación última comerá del fruto de todo este trabajo.
 

Pero, a veces, 
sucede 
que los miembros de esta generación se niegan a comer. 
¿Por qué será?
¿Cómo se sentirán las generaciones anteriores si todo este trabajo que tanto les ha costado ninguno de los descendientes lo puede disfrutar?

17 de noviembre de 2016

No hay flor que por bien no venga

¿Estás bien? Noviembre. ¿Te pasa algo? Noviembre. ¿Tenés algo? Noviembre. Noviembre. Noviembre. Y así podría continuar. Podría decir también que noviembre es el mes en que el hermoso jacarandá de la puerta de casa florece. También podría contarles que en noviembre todo objeto o persona que queda debajo del jacarandá en flor se llena de una sustancia pegajosa y muy difícil de quitar.
Pero pasan cosas hermosas. Personas que se acercan y sorprenden con un abrazo, con una palabra amable, con un regalo que no esperabas. Un grupo humano amoroso y cálido. Entonces al volver a casa me quedo un rato debajo del árbol y dejo que la flor del jacarandá me inunde con su sustancia.
No hay flor que por bien no venga.

16 de noviembre de 2016

Nadie está excento

¿Vos creés que te conocés?
¿Vos creés que sabés como funcionan las cosas?
Genial. Qué genial.
Yo tengo este defecto.
Que veo todo desde mil perspectivas.
Y entonces nadie tiene razón.
Todos la tienen.
Todos se mandan cagadas, sabés.

Ya me estoy poniendo grande. Y sin embargo, por momentos no sé, yo no sé... sigo siendo la misma pendeja de siempre. Me inundan oleadas de salir a rumbear por ahí, de sacarme de encima toda esta pátina de adultez que me metí encima. Los años, las arrugas, los lunares, las cicactrices. De bailar. Pero ahora me canso más rápido.
Por eso me hace ilusión el verano. Que vuelva el verano. Un poco de sol, calor, agua, sacar a relucir mis cicatrices, sí, no pasa nada, un poco de agua allí, un poco de sol acá, que no hay nada de malo en mostrar las vulnerabilidades.
Nadie quiere que adentro algo se muera. nadie.
Entonces...

8 de noviembre de 2016

El alma pide mar

El alma pide mar. Y entonces agarramos el autito con una valija mal hecha, metemos sueños, cansacio, ganas de estar juntos, garra, el mate, un par de libros y nos vamos.
No sabemos nada del lugar al que vamos. Sólo que tiene una ventana que da al mar.
Al llegar, sin querer, enterramos el autito en la arena. No importa, alguien viene con una pala y nos ayuda a sacarlo.
Después nos dan la habitación que es enorme, espaciosa, limpia y con unos muebles horribles. Pedimos delivery porque tenemos una ventana que da al mar y no nos queremos ir a ningún otro lado.
Esa noche dormirmos arrullados por el mar.
Al amanecer nos despertamos porque la claridad es inmensa. Vemos el amanecer sin poder creerlo. No es una pantalla, es de verdad: el sol, el mar, las gaviotas.
Sentimos el calor, el viento, la sal en el pelo.
Pasamos el día entre las olas, caminatas, viendo los berberechos esconderse en la arena mojada.
Llega la noche y la velada se nos antoja romántica. Nos reímos, nos acordamos de cómo éramos, de pronto el estar juntos es lo único que importa y el mundo es un lugar agradable para vivir.
Y nos damos cuenta de qué hostil estaba siendo todo. Y nos recordamos que deberíamos buscar más esta sensación en nosotros mismos.
Entonces al día siguiente la vuelta no se nos hace tan pesada.
Y por un tiempo sentimos que el mar lo tenemos adentro, si cerramos los ojos, lo escuchamos bullendo por nuestras arterias. 





10 de octubre de 2016

La espera

-¡Aión! ¡Aión!
Lorenzo grita, se entusiasma, está emocionado porque acaba de ver surcando por el cielo del jardín de mis papás un avión.
Por ese cielo pasan aviones cada media hora. Sucede que estamos en una ruta por la que pasan aviones. Después de un tiempo un adulto ya no escucha los aviones pero para un niño de dos años que ama ver aviones volar es como estar en plena platea de un teatro celeste y brillante.
-¡Aión, vola!
-Sí, ¡el avión vuela!
Nosotros, los adultos nos sonreímos ante la alegría de Lorenzo. Pasa un avión y todos gritamos, saludamos, sonreímos.
Lorenzo se queda parado mirando el cielo. El avión acaba de pasar pero él sigue expectante.
-¡Aión! ¡Aión! ¡Se fue!
-Sí, se fue, hay que esperar a que venga otro.
 -¡Espeia!
-Sí, eso esperar.
Entonces sucede algo. Lorenzo se sienta en su sillita a mirar el cielo. Espera aviones. Espera con paciencia. Escruta el cielo. Emocionado.
Cada tanto me aclara:
-¡Espeia!
Ya tiene dos años y está aprendiendo lo valioso que es esperar. 

9 de octubre de 2016

Alondras en un hilo

Cosas que pasan en mi consultorio de shiatsu

-Tengo un tema que me gustaría trabajar en este espacio, si es posible.
-Bueno, dale. ¿De qué se trata?
-¿Vos podés convertir un búho en una alondra?
-¿Perdón?
-Un búho en una alondra.
-No entiendo.
-Eso, que quiero ser una alondra. Necesito ser una persona que se levanta temprano a la mañana y trabaja con todas sus luces. Toda mi vida fui un búho y siempre trabajé mejor de noche. Pero ahora necesito que me rindan las mañanas.
-¿Por qué?
-Porque tengo que trabajar más horas, tengo que generar más dinero.
-Tu problema entonces es el capitalismo y eso es algo que el shiatsu no lo resuelve.

17 de septiembre de 2016

Date ese empujoncito

No querés perder tiempo, eso pasa. Si alguien te regala un pedazo de conciencia y luego vas y la tirás por ahí, en el olvido de los vasos de cerveza ¿dónde está el sentido de ese regalo? La energía es una sola en diferentes facetas. Innumerables caras que se aparecen una y otra vez mostrando algo. No estás pudiendo jugar ese juego. Porque si pudieras abrir tu mente, escapar de esa habitacioncita en la que te metiste podrías encontrar diamantes en cualquier conversación. O simplemente es cuestión de aceptar que no todo el mundo es interesante. Y que ni siquiera tu propia vida es interesante para otros.
Date ese empujoncito para que la energía entre en esos lugares olvidados de tu ser. Date ese empujoncito para salir de la habitacioncita y saludar al sol. 

10 de septiembre de 2016

Ventanas

Me compré un super monitor. Toda internet se ve más amplia, más linda. Entro a blogs viejos que ya no actualizan y se ven tan lindos. Hay tanto espacio....
Me compré un super monitor.
Seguro que hay monitores mejores que el mío. Más grandes, mejores. Siempre habrá mejores.
Pero pasa lo siguiente. Hoy abrí la ventana de este cuarto y había un cielo brillante, azul, muy intenso. Y apagué esta ventana, este monitor. Y me fui.
Ahora volví y les cuento esto. Y es tan tonto. Y sin embargo, yo me siento conmovida. 

7 de septiembre de 2016

Remix

Volví a ver Reality Bites en Netflix y me acordé de cuando fui a un super cine re-moderno-de-Belgrano a verla en el año 95 con butacas reclinables, muy noventas todo. Y me acuerdo de lo que fue tener 18 años en pleno proceso de la globalización, flexibilización laboral, productos importados llenando las góndolas de los hipermercados y la falta de oportunidades laborales. Querer cantar canciones que tuvieran sentido y estudiar una carrera que no sirviera más que para regodearme en mi intelecto porque ya, ¿qué otra cosa iba a ser sino esconder la cabeza en una pila de libros con un montón de gente como yo? En la peli abundan las marcas por doquier: Gap, BMW, Coca-Cola, Pringles, 7-Eleven, Pizza Hut, Domino's Pizza, Evian, Camel, Snickers, McDonalds, Cocoa Puffs, Infiniti, Ford y Minute Maid. Saturación total. Entonces, claro, bailar. Al ritmo de The Knack, my sharona. Salí de ver la película con un sabor amargo y la sensación de que aún era demasiado chica para entender a la generación X. Quinto año o comienzos de CBC. Boludez total. Y sin embargo estábamos a  caballo de la X y otra cosa que iba a venir después.
Hoy al verla me fijé en la telefonía. Winona hablando por teléfono fijo, un teléfono que tiene un cable que se enreda. Ethan Hawk la llama desde un teléfono público porque su padre acaba de morir y ella dice hola, hola y él, nada, no puede hablar. Ella sabe que es él. Lo sabe. Sólo intuición, qué va. Así era. No había codificadores, no había incoming calls. Nada. Silencio del otro lado y click. Y vos sabías que era él. O ella. Escalofríos noventosos.

6 de septiembre de 2016

Dinosaurios

Hoy no tengo idea de qué escribir en este espacio. Los bogs personales son como los dinosaurios. Desaparecieron hace mucho tiempo. Escribir sin ningún propósito dejó de ser una razón. Pero por eso mismo no quiero abandonarlo. Porque escribir acá era como tirar una botella al mar. Quiero a mi dinosaurio. Así que aquí estamos.
Aunque sea un párrafo tonto y olvidable. Aquí va.
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24 de mayo de 2016

Basurita

Me preguntan cómo estás. Y yo entonces salgo al jardín. Mis manos son tijeras. Todo lo cortan. Arrasan con el verde de un jazmín que se apoderó de toda una pared. Una minúscula partícula de esa planta entra en mi ojo izquierdo. No puedo quitarme la basurita del ojo pero la pared la veo perfecta. La basurita está ahí y es bien palpable. Ahora sí sé que me pasa y me está pinchando el ojo. Literal. 

25 de abril de 2016

De fluctuaciones vivimos

El cese de las fluctuaciones de la mente... Cuando estoy colgada del columpio como un murciélago y sólo puedo sentir mi respiración empiezo a entender de qué va la cosa. Las fluctuaciones de mi mente empiezan a aquietarse porque no hay más remedio que fluir en esa posición, colgados de los arneses, cabeza abajo, con la sangre fluyendo en sentido contrario.
Todo al fin y al cabo es un simulacro. Hay juegos más bonitos que otros. Me pregunto que he hecho yo para merecer estar en este juego.
Hoy todo se ve raro. Un leve halo invernal acariciaba la mañana.