24 de junio de 2012

Reflexiones Marilyn

Supongo que no conozco a los gatos o los conozco muy poco y por eso me asombra que esta gata entre a mi casa como si fuera su hogar, nos pida mimos y se despatarre al sol en el jardín.  Cuando era chica teníamos una gata (la llamábamos Michi, nombre muy poco original, lo sé) y debo decirlo: no era para nada así. Era una gata muy poco cariñosa que sólo estaba con nosotros porque le dábamos de comer. Su único placer era estar con Malena, la perra collie que por ese entonces vivía con nosotros en la casa de mis padres.
Marilyn no viene por comida. Viene por su propio placer. Le gusta estar en la casa, merodear, curiosear y es muy respetuosa de los objetos y las cosas. Sabe muy bien que no debe rasquetear sus uñas en el sillón naranja, por ejemplo. Y es muy limpita.
Lo primero que dijo Nico cuando vino Marilyn fue: "vas a ver cuando nos cague el baño, va a volar de una patada". Pero eso es porque Nico tenía una gata que cagaba en cualquier lado y jamás aprendió un mínimo modal en cuanto a la higiene. De pronto, conocer a un animal como Marilyn nos da una perspectiva completamente diferente de los gatos. Y se lo agradezco mucho.
Me asombra que la gata tenga un grado de libertad que le permite vivir una vida felina, por un lado, y una vida doméstica por el otro. Por el momento, cuando Marilyn se va de la casa es porque un pájaro atrajo su atención y entonces sale a cazarlo (no sé si lo logra, hasta ahora no la vi nunca con un pájaro en la boca). Y quién sabe si no fue justamente un pájaro quien la trajo a nuestro jardín. Me asombra, sin embargo, que tenga estos instintos fuertemente felinos y que luego venga por mimos y se quede dormida en la silla frente a la computadora. Me asombra esta dualidad. Porque hasta entonces este rasgo cariñoso sólo lo había visto en los gatos de departamento que, a mi entender, hasta hace un tiempo, eran de una raza distinta  a los gatos que viven en las casas.
Tood esto lo escribo mientras tomo el sol del domingo con la gata despatarrada a mi lado en el jardín.

Barrio Chizz

Ayer fuimos a conocer la nueva casa de Chizz en pleno barrio chino. Nos recibió con los mejores churros de la ciudad de Buenos Aires y luego se puso a amasar unas pizzas que le salieron riquísimas (porque la mozzarella parece que lo es todo). En medio de la charla, una amiga de la novia nos preguntó de dónde conocíamos a Chizz. Y ahí me acordé de que a Chizz la había conocido gracias a este blog hace ya de esto muchos años. Fue una velada preciosa y la verdad es que el depto es realmente genial. Larga vida al depto y ojalá que ahora sí nos veamos mucho.

23 de junio de 2012

La gata y nosotros

Ayer no estuvimos ninguno de los dos en la casa. Por eso, si la gata apareció no hubo forma de saberlo. Hoy a la mañana, sin entender cómo, la gata apareció en el cuarto de la computadora. Yo estaba en el jardín podando la enredadera y escuché cuando Nico me gritaba: ¡Flooooor, está Marilyn!
Debe haber entrado por la puerta del jardín sin que me diera cuenta, es lo único que se me ocurre. Subí y la vi en la escalera. Me maulló y fuimos al encuentro. Bueno, ya está, tenés una gata, me dijo Nico.
Quiero mucho a esta gata. No sé bien por qué. Supongo que porque eligió venir y entrar en la casa y hacerse amiga. Nos reconocemos enseguida y ella viene feliz a dejarse acariciar y ronronea como un motorcito nuevo.

Seguí podando la enredadera. Habíamos decidido ir al vivero temprano para preguntar por los árboles frutales pero la aparición de Marilyn desbarajustó todo. Le di un poco de leche (fue lo único potable que se me ocurrió para que la gata ingiera algo) y seguí con mi labor del jardín. Me di cuenta de que no le gustan los movimientos bruscos. Se asusta cuando alguno de nosotros sube o baja las escaleras rápido.

Luego se fue. Súbitamente. Tal como había aparecido. Fue por un pájaro. Le encanta perseguir pájaros. No creo que los zorzales vuelvan mientras ella esté aquí.

 Hoy a la tarde cuando volvíamos de un cumpleaños infantil y abrí la puerta la vi asomarse nuevamente. Nunca la había visto tan tarde. Maulló y entró enseguida. ¿Mirá quien está aca?, le dije a Nico. No puede ser, me dijo él. Nos pusimos a escribir los dos en nuestras sendas computadoras. La gata nos mira, se lame, entrecierra los ojos y ronronea.



21 de junio de 2012

Marilyn y el shiatsu


Marilyn volvió a aparecer hoy. Se quedó varias horas dando vueltas por la casa. Es muy mimosa.
Lo que más me soprendió fue que por la tarde, cuando pensé que se había ido, apareció en la ventana del cuarto de shiatsu desde el lado de afuera. No quiero saber cómo hizo para treparse al primer piso y meterse en el alféizar de la ventana. Cuando la vi ahí casi me muero del susto. Le estaba haciendo shiatsu a un paciente y lo primero que pensé fue: "¡Dios mío, una rata!".
Pero no, era Marilyn. Miraba de lo más curiosa.

Flores que luego den frutos


Gabriel ya es todo un señor cítrico y me regala sus limones generosamente. Todo lo demás está incontroloble. Dejé pasar mucho tiempo esta vez.
Como todos sabemos, el otoño es momento de poda. Tengo un serrucho (ya las tijeras de podar no me sirven). Hace unos días le tocó a la Santa Rita, al Rosal y al Hibiscus naranja (plantado en tierra hace un año). En estos días miro con el serrucho a la Enamorada del muro. Querida, ya va siendo hora de bajarte un poco. ¿Qué te has creído?
Fantaseo con la idea de sacar algunas de las plantas con flores (y ponerlas en macetas) y seguir plantando árboles frutales que no crezcan demasiado. Kinoteros, mandarinos, ciruelos, cerezos... ¿Por qué no?
También fantaseo con la idea de tener una planta de tomates, calabazas, zapallitos. ¿Por qué no?
No debe ser muy complicado.
Lo que es más complicado (tener la tierra) ya está. ¿Entonces?
Quiero flores que luego den frutos.

16 de junio de 2012

Desayuno de un sábado

Desayunamos en la cocina de casa calentitos. El invierno está llegando. Se nota en el vidrio empañado de la puerta que da al jardín.
Nico se prepara su café con leche en la máquina de café.
Yo exprimo unas naranjas, pelo unas zanahorias y corto un pedazito de jengibre. Paso todo por la juguera y me preparo un jugo súper energético.
-¿Cómo querés tus tostadas?
Preparamos todo con sumo placer. La luz del sol se filtra por el vidrio y nos da felicidad.
Unto mis tostadas con mermelada de durazno. Preparo el mate con burrito y cascaritas de naranja. Ponemos todo en la mesa. Nico se prepara un sandwich con queso cheddar y mortadela.
Comemos.
Tom Waits nos canta desde el living.
Le digo que lo extrañaba. Extrañaba desayunar con él.
Y que sería de nosotros si no existiera la diversidad.

14 de junio de 2012

Catalina y el lenguaje del amor

Extracto de mis diarios íntimos. Escrito un día de junio de 1998

Mi abuela Cata cumple años. No abre los ojos. No abre la boca. Tiene el semblante de piedra. "¿Escucha, Catita? ¿Dónde puso el aparatito?", le pregunta la mujer que la cuida con una voz chillona. Entiendo que mi abuela no quiera escucharla y elija perder el audífono.
Mi abuela se deja hacer. No puede rebelarse. La enfermedad la ha dejado inmóvil como un bebé muy viejo y enfermo.
Estoy sola con ella. Vine a verla porque es su cumpleaños. Huelo su pelo, toco sus manos que laten, el corazón le late bien y tiene un estómago de hierro. Su mente es un blanco total pero su estómago es fuerte. Disfruta de comer. No se para ni se sienta sola. Tiene las piernas encogidas. ¿Piensa para sus adentros? ¿Qué piensa, Catita?
-¿Dónde está mi mamá?
La pregunta me descoloca. ¿Me pregunta por su mamá? ¿Está desvariando? ¿Cómo se llamaba la mamá de mi abuela?
-¿Quién? ¿Rebeca?
-No, se llamaba Elisa.
-Ah, cierto. Rebeca era tu abuela y la bisabuela de mi papá.
-Sí, la bisabuela de Claudio.
Me asombro. ¿Y esta lucidez de dónde viene? ¿Sabe quien soy?  ¿Estoy soñando? ¿Estamos teniendo una conversación coherente?
De pronto cierra los ojos. Se duerme.
-Abuela.
Abre los ojos. Me mira con odio. Siento que me odia, que soy una intrusa. Sus ojos me dicen: "¿quién sos vos para molestarme?"
-Abuela, ¿estás enojada?
Me mira con sus ojos azules muy profundos. Hace que no con la cabeza.
Siento culpa. Una culpa horrible por no poder estar más con ella, por no saber cómo hacer para hacerle bien.
-Yo sé que no vengo mucho a visitarte pero te pienso siempre.
No sirve de nada que le diga esto pero es la verdad. Ella parece aflojarse.
Saco la guitarra y canto algunas canciones. Ella cierra los ojos pero yo sé que escucha porque mueve los pies. La música me invade y me siento muy bien. Siento que con mi voz le acaricio el alma.
Silencio.
Mi abuela abre los ojos y me sonríe.
En esa sonrirsa siento todos los aplausos del mundo.
Cambio todos los aplausos del mundo por la sonrisa de mi abuela.
-Muy lindo - me susurra.
Y entonces yo me siento su nieta. Y siento que me reconoce.  Que me perdona por no ir más seguido. Y sigo hablándole en este lenguaje musical durante mucho tiempo. Ella abre la boca para decir algo intraducible. Pero no importa. Su expresión ha cambiado y sus ojos son un mar tranquilo y dulce. Y aunque no entiendo lo que me quiera decir sé que intenta decirme que me ama. Porque el lenguaje del amor es así.

Los gatos de mi vida

Llegué a esta casa sin gatos. Yo no sabía lo que era amar un gato. Pero la casa estaba viva. Había pájaros por doquier. Había tierra. Pla...