31 de agosto de 2004

Recorridos III


Por la noche, avenida de luces rojas, azules, amarillas.
Afiches desteñidos.
Otro colectivo, esta vez el 60.
Abrigo al hombro, calzado cómodo, caja vidalera en brazos.
Bar: La Academia: reducto de estudiantes universitarios atrapados en un tiempo elastizado. Barbas largas, rulos sobre frentes fruncidas, manos manchadas de nicotina, tinta y calle.
Nos encontramos como dos almas perdidas en el medio del bullicio porteño.Bar: La Academia. Me dije: anda, caballo, quítate las cinchas. Me quité el abrigo, la mochila, los libros, el tiempo. Pedí un café y estaba frío.
Nos encontramos en un tiempo intermedio, en el lapso de una actividad y otra. No había tiempo, sólo estudiantes universitarios y rulos y nicotina y tinta y calle.
Te di el frasco con el mamón almibarado. Vos me diste el suplemento Ñ con la nota sobre Bodoc.
Nos intercambiamos libros.
Nos separamos sin tiempo, sin destellos, sin Chaco.
El ensayo estuvo bien. La caja sonaba profunda, rítmica, ondulante.


Recorridos I

Ayer caminé demasiado y por muy diferentes lugares. Diferentes actividades me llevaron a desandar caminos que recorrí hace mucho tiempo. Aquella sala donde se dio la conferencia de la francesa Géneviéve Patte fue la misma sala donde tuve la oportunidad de conocer a Van Dijk hace ¿seis años? cuando aún era una estudiante de la carrera de Letras. Sé que era el año 98 porque por ese entonces estaba leyendo El evangelio según Jesucristo de José Saramago y la primera hoja del libro lleva mi nombre junto con el año en que lo leí ( así que, ya ves, Guille, sí sirve escribir el año a veces). Por entonces la ciudad me parecía más grande y menos injusta. Esta vez los enormes edificios de la calle Carlos Pellegrini no me deslumbraron. Simplemente me dieron mucha rabia. ¿Tenían que hacerlos tan ornamentados, opulentos, altivos? Y el recorrido del 130, siempre tan bello, rodeado de aquella madreselva, los árboles altos de Palermo, el puente categórico de Recoleta, el sol en la mañana de un lunes. Así cualquiera se enamora de esta Buenos Aires.Y luego mi departamentito de puertas que no cierran, de ventanas chicas, de techos bajos. La corrida por aquella calle estrecha donde no hay árboles altos, salteando las cagadas de los perros, los vendedores ambulantes, las changuitas, el policía apostado en aquel supermercado chino. Y la gente saliendo con las bolsitas del día.

30 de agosto de 2004

Near native

Pienso que de haber seguido en esa fucking brittish school me hubiera perdido irremediablemente. La decisión más importante de mi niñez: mudarme de escuela. Echó por tierra todos los posibles caminos rectos: bichofeo dijo no y desplegó alas.

26 de agosto de 2004

Heteróclita

A veces soy tan heteróclita que siento que dejo de ser persona para volver a serlo en un santiamén. No debe ser muy sano eso pero no me importa puesto que ya me estoy constituyendo y necesitando de algo para ya dispersarme y hacer otra cosa. La curiosidad mató al gato. Pero como aquí no hay gatos y sólo hay personas podemos decir que la curiosidad puede ser una muy buena amiga en momentos claves de inspiración oceánica.

25 de agosto de 2004

Agosto

¿No les parece que Agosto nos está jugando una mala pasada? ¿No les parece que se está haciendo demasiado el vivo? ¿Qué es eso de hacernos salir con mangas cortas y cuello desnudo? ¿Qué eso de obligarnos a caminar con el sobretodo a cuestas y a arrastrar las medias mojadas de sudor?
¿Han visto las frutillotas esas enormes que se asoman por las góndolas de las verdulerías?
¿Han visto aquellas flores brillantes que destilan perfumes ebrios que invitan a sacarse la ropa y a aullarle a los desconocidos?
Este Agosto definitivamente está muy amarillo.

13 de agosto de 2004

Alejo Carpentier

Me sumerjo en La consagración de la primavera de Alejo Carpentier. Me gusta el personaje de la rusa: una bailarina que ha vivido siempre a ras del suelo, en contacto con el suelo, midiéndolo, sopesándolo, acentuándolo.
Me recuerda a alguien.

12 de agosto de 2004

Que quede claro

Me harté. Se acabó. Qué avenida horrible. Qué colores horribles. Qué ciudad horrible. ¿Cómo es que de pronto todo puede transformarse en un pantano? No quiero volados, no quiero brillantitos, no quiero colorcitos, no quiero chucherías, no quiero pestañas más largas ni medias más finas. No quiero lana de Suiza, no quiero colgantes nuevos, no quiero pulseritas de plástico. ¡No quiero! Sólo quiero terminar con este maldito trámite y ya.

10 de agosto de 2004

Diccionario


Hubo un tiempo en que palabras como camomila, muselina, aceite de risino, gobelinos, trufas, saltimbanqui, aldaba, cubilete, bacinilla, batiente, astrolabio, jofaina, haldas, glaucos, breñales, cierzos, cipo, oquedad, abisal, horchata, caramillo, tezontle (y podría seguir...) no tenían significado. Sólo el ondulante significante y la curvatura de las letras al escribirlas. Sólo un cofre cerrado con misterios y cajitas de música adentro.


¿La tierra que todo lo digiere?

Cuando comencé la compostera, allá por marzo de este año, lo hice con unas lombrices que me regalaron. No eran las Rojas Californianas ( Eis...