25 de diciembre de 2008

Mate de la esperanza


No hay cura: simplemente hay más camino.
O no hay nada: la abolición del camino.

Y el camino es dolor.
La curación sería no sufrir.
La curación sería no camino.

Sólo no curarse mantiene abierto el camino.

Roberto Juarroz

Grados de intensidad

La cuestión ahora no es si yo produzco cosas hermosas en la gente
sino
quién
me produce
algo

a mí.

¿Quién me produce algo a mi?

24 de diciembre de 2008

20 de diciembre de 2008

Hay flores que se agolpan para florecer y no florecen. Entonces aguardan. La fuerza de esa espera puede poblar los desiertos.

Roberto Juarroz

16 de diciembre de 2008

Palabras de un amigo músico

-Viste que en diciembre la gente está como loca con los preparativos de las fiestas, cerrando cosas, viendo gente. Me siento tan a contramano de todo el mundo.
-Es que vos no te regís más por el calendario solar o el calendario lunar. Vos te regís por el calendario floral.
Alguna vez le dije cosas que hoy ya no puedo recordar qué eran.
Triste.

14 de diciembre de 2008

To you and me

La poeta ha escrito:
Ya no.
Ya no te veré morir.

Yo escribo:
No tendré tus hijos
No tendré tu hombro
ni los ojos verdes
ni los ojos marrones.
Nada de eso
existe ya.

Mi gran pregunta es:

¿Existió alguna vez?

Yeah, you think about that.

8 de diciembre de 2008

¿Por qué?

Píscica me escribe lo siguiente:

¿Por qué es tan difícil dejar lo que a uno le hace mal?
¿Por qué es tan difícil armar una mochilita y tomársela?
Supongo que la necesidad de un espacio, de un tiempo concreto, de un arte que crezca día a día es más fuerte que vivir yirando como quien no sabe de qué va la cosa.

3 de diciembre de 2008

Fascinada

Estoy fascinada con el diagnóstico de hara.
El hara canta lo que el paciente no dice. Lo que el paciente ni siquiera sabe o es consciente. Pero hay que saber leerlo. Y no se lee con los ojos sino con los dedos. ¿Cómo interpretar los golpeteos, las durezas, las blanduras del abodmen al tacto?
Dicen los japoneses que una vez que uno tocó 998 haras uno puede comenzar a considerarse un principante,
Yo voy por el número diez.
Esto se está poniendo muy bueno.

30 de noviembre de 2008

24 de noviembre de 2008

Meu tempo é quando

Reinventarme. Una vez más. ¿Cuántas veces? Laura ceba mate y me lo da. Estamos en su ph enorme y amarillo, ubicado en el corazón de Villa Lynch. Su voz me acaricia el alma. Sigue teniendo la misma voz que tenía a los doce años pero a veces modula diferente y reconozco tintes nuevos, interesantes. Una vida vivida. Yo reconozco mi voz que habla hasta por los codos en esta tarde de domingo calurosa. El verano ya está en puerta y nosotras hemos vuelto a charlar como esas viejas amigas que tienen el secreto de una infancia compartida. Vos eras mi amiga Florencia y para mí eras una ídola, me dice con total desparpajo. Y vos, le digo yo, me enseñaste a comer polen y me dijiste que Dios no existía, que lo que existía era la Naturaleza. ¿Qué te habré querido decir con eso?, y se ríe.
El mate es cortito y se va enfríando con el correr de la charla. Pero no nuestra charla. Su casa huele a madera y tiene muchos metros cuadrados. Habitaciones vacías. Paredes desnudas y de color amarillo.
Una casa que parece un trigal.
Pienso cuánto se la merece. No sé mucho de ella. Sé algunas cosas y con eso me basta. Y sé de su esencia que no ha cambiado. Yo me tuve que hacer de nuevo, me dijo.
Le salió bien, pienso.
Te va a pasar lo mismo, me dice.
Y yo pienso, cuándo.

Dice en un poema Vinicius de Moraes:

De manha escureço
de dia tardo
de tarde anoiteço
de noite ardo.

A oeste a morte
contra quem vivo
do sul cativo
o este é meu norte.

Outros que contem
passo por passo:
eu morro ontem

Nasço, amanha
ando onde há espaço:
-meu tempo é quando.

Nova York, 1950

20 de noviembre de 2008

Poemas que me regalan en estos días

Demián vino a casa a eso de las seis de la tarde. Trajo una ramita de olivo.
-Para tu paz -me dijo.

Luego me dio un papel donde podía leerse este poema de Alejandra Pizarnik:

has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento
con tus propios huesos

has terminado sola
lo que nadie comenzó.

Adán

Extractos del diario de Adán (Mark Twain)

Lunes

Este ser nuevo, de cabello largo, estorba mucho. Se mantiene por todas partes y me sigue por donde voy. No me gusta. No estoy acostumbrado a tener compañia. Ojalá se quedara con los demás animales... El día esta nublado, viento en el este, creo que nos va a llover... ¿nos? ¿De dónde saqué esa palabra...? El nuevo ser la usa.

Martes

He estado examinando la gran cascada. Me parece lo más espléndido que hay en la hacienda. El nuevo ser la llama las Cataratas del Niágara... ¿por qué?, no estoy seguro de saberlo. Dice que es porque se ve como las Cataratas del Niágara. Eso no es razón alguna, es una idea absurda y tonta. No me da la oportunidad de nombrar a mí. El nuevo ser le da nombre a todo lo que aparece, antes de que yo pueda protestar. Y siempre con el mismo pretexto: se ve como eso. Pongamos por ejemplo el caso del dodo. Dice que en el instante en que uno lo mira, de un vistazo se da cuenta de que se parece a un dodo. Seguro que le vamos a tener que dejar ese nombre. Me molesta tenerme que preocupar por eso; de todas maneras no sirve para nada. ¡Dodo!, más parezco yo uno.

Miércoles

Me construí un refugio para la lluvia, pero no puedo tener paz. El nuevo ser se metió en él. Cuando traté de sacarlo, le salió agua por los huecos por donde mira, que se secó con la parte trasera de sus zarpas, mientras hacía un ruido como el de los animales cuando están sufriendo. Ojalá no hablara; se mantiene hablando. Sueno como agresivo con el pobre ser, como un calumniador, y no es mi intención. Lo que pasa es que nunca antes había oído voz humana, y cualquier sonido nuevo y extraño que se introduzca aquí, en el solemne silencio de estos parajes ensoñadores y solitarios, ofende mi oído y me parece una nota discordante. Y este nuevo sonido está demasiado cerca de mí. Da justo sobre el hombro, en mi oído, primero a un lado y luego al otro, y yo sólo estoy acostumbrado a sonidos que estén más o menos lejos de mí.

Viernes

El nuevo ser sigue poniendo nombres a la topa tolondra, y nada puedo hacer al respecto. Yo le tenía uno muy bueno a la hacienda.; muy musical y bonito: Jardín del Edén. Para mis adentros continúo llamándola de esa manera, pero ya no lo hago en público. El nuevo ser dice que es todo bosques, piedras y paisaje, y por tanto no parece un jardín. Dice que se ve como un parque; que no se ve sino como un parque. En consecuencia, sin consultarme, lo rebautizó Parque de las Cataratas del Niágara. Me parece completamente arbitrario. Y ya puso un letrero:

No pisen la grama.

Mi vida no es tan feliz como solía ser.

18 de noviembre de 2008

Cantar, cantar cantar
con la necesidad de la primera vez.
Cantar, cantar, cantar
hasta llegar a ser como una sola voz.

30 de octubre de 2008

De cartas que recibo en estos días

Madame,

Los castillos de sangre existen,
lo sé, y se alimentan con sol.

Un alma como la tuya
nunca es un alma sola,
tu alma es un sustantivo colectivo.

El mar se lleva cosas
pero también trae flores, rompecabezas.

Lacuarel

28 de octubre de 2008

La noche

BAILANDO CON FELIPE
acrílico 90 por 80 cm
2007

Lucho Rossi

Dormir en casa de mi hermano
y que las ventanas sean
las ventanas de los abuelos.

Felipe baila en mis sueños
y me da calorcito en los pies.

10 de octubre de 2008

La mancha

Leopoldo Presas y Santiago Cogorno -ambos pintores argentinos muy reconocidos- se conocieron en el taller de Adolfo Sorzio. Presas describe la relación con Cogorno como algo extraño y mágico. Ambos se dedicaban a la pintura y al dibujo hasta que Presas comenzó a trabajar en su proyecto de estampería textil. Por ese entonces, para que él pudiera dedicarse a la pintura libremente, la madre de Presas debía hacer cuatro docenas de cuellos para camisa por día. Para el pintor era demasiado injusto y algo debía hacer.
Comenzó a trabajar en una estampería textil, oficio para el cual su capacidad de dibujante le era muy útil. Luego de un tiempo pudo comenzar a trabajar por su cuenta y en la misma casa donde vivían, instaló siete mesas de dibujos para él y sus dos operarios. Esta situación lo llevó a alejarse paulatinamente de la pintura, cosa que a Santiago Cogorno le pareció inadmisible. Cada vez que se volvían a encontrar - y estas veces se volvieron distantes e infrecuentes- la pregunta de Cogorno era la misma: "¿Y? ¿Estás pintando?". Pero Presas respondía siempre que no.
Pasaron diez años.
Pero un día sucedió algo. Un buen día, sin saber muy bien por qué, Presas armó su caja de colores, tomó un cartón bastante grande, un caballete y dejando su taller de estampados se fue hasta el Bajo Flores, detrás del Hospital Piñero, a pocas cuadras de donde vivía. Una vez allí, se instaló y en pocos minutos completó una mancha.
Volvió a su casa muy contento sin comprender mucho lo que estaba sucediendo. Incluso comenzó a sentirse tan agitado que necesitó salir otra vez a caminar para pensar. Decidió, entonces, tomar el subte e ir al centro. Pero cuando estaba bajando las escaleras de la estación María Moreno, emergió como por arte de magia Santiago Cogorno. La pregunta de rigor fue lanzada pero esta vez la respuesta fue un sí.
Presas le contó muy entusiasmado la mancha que acababa de hacer y Cogorno casi lo obligó a que lo llevara a verla. Llegaron a la casa y Presas le mostró el trabajo todavía fresco. Cogorno se quedó un rato mirándolo y luego le dijo con una mezcla de ironía y afecto: "Mirá, che... Esto guardalo, porque esto, ni sabés cómo lo hiciste, ni nunca más vas a poder volver a hacerlo".

Presas jamás quiso vender esa mancha y hasta el día de hoy la considera su talismán. Con los años compenzó a dedicarse algunas horas a la pintura hasta que por fin se dedicó por completo. Y sobre esa mancha dice lo siguiente:

"Aquella mancha del Bajo Flores, representaba en mi vida de pintor, además de otras muchas cosas, la pérdida de mi timidez. Muchas veces vuelvo a ella y no es broma. Era muy común que yo empezara un trabajo y no lo terminara. Siempre quedaban pedazos del soporte por cubrir, pero no porque fuera una elección plástica, sino porque tal vez me resistía a aceptar el resultado final. Mis trabajos al aire libre, siempre habían terminado así. Aquella mancha en cambio, estaba completa. Me gustaba y lo que era mucho más para mí, le había gustado a Cogorno".

Yo hoy me pregunto cuál será mi mancha. En realidad no me lo pregunto. Sé cuál es.

26 de septiembre de 2008

Ay Esmeralda

Cuando pienso en mis abuelos maternos pienso en un cuarto con un tocadisco sonando y a mi abuelo bailando con mi abuela al compás de una canción: "Ay Esmeralda, ráscame la espalda por favor, Ay Esmeralda trulatrulalala". Y efectivamente, el baile consistía en rascarle la espalda al otro. No sé de quién era esa canción y a veces dudo de si dicha escena existió realmente. De todas formas, ya no importa. El cuarto no existe y el disco se ha perdido pero mis abuelos deben estar bailando y rascándose la espalda en algún pedazo de cielo.

19 de septiembre de 2008

Fue una tarde de viernes mágica.
Parece que de los omóplatos me están creciendo alas.

18 de septiembre de 2008

Primaveral

La savia le ha otorgado sensación.
Pronto será sangre. Fuego.
Una palabra lejana, indecisa.
Y yo, que tengo tiempo.

Todo el tiempo
del mundo.

15 de septiembre de 2008

Asimetría

Mi espalda es un libro abierto, un remanso donde mi omóplato izquierdo no quiere despegarse.
Asimetría.
Sus manos me pellizcan suavemente, avanzan sobre el músculo y llegan al tendón. Suaves y precisas van pelando la madera añosa, dejándola en carne viva.

Mi espalda tiene algo de tallo verde y de tronco añoso.

La cuña se ablanda bajo sus manos poderosas. Quiero ser junco. Moverme con el viento. Liberar las esporas. Los dedos van filtrando frustraciones, traiciones y necedades. Como un arroyo que atraviesa un caño mohoso. El agua pura arrastra las historias que no se cumplieron y que se quedaron pegadas.

Todos estos días he soñado mucho. Algunos han sido sueños reales. No me asusto. Sé que me estoy liberando.

14 de septiembre de 2008

Almuerzo de domingo

Invitamos a mamá a comer a casa. Mi papá está en Venezuela así que aprovecho para suplir el asado del domingo con nuevos platos. De todo lo que aprendí con Lili el sábado pasado decido deleitarlos con la salsa carmín, entre otras cosas. Tengo una variedad de hongos secos que he puesto a hidratar: shitake y gírgolas. Además, pak choy, rúcula, brotes de soja, una variedad de verduras de hoja verde que le dan al plato un aspecto primaveral. Me esmero en la salsa que acompañará la cebada: remolachas, puerros, cebolllita de verdeo y zanahorias. El que inventó la multiprocesadora es un genio. La salsa queda espesa y de un rojo púrpura brillante.

-¿Vos te vas a dedicar a hacer shiatsu o a abrir un restaurante?-me pregunta mi mamá mientras me ve espolvorerar semillas de amapola en su plato. Y enseguida agrega: -No, no, mejor aún, vos tenés que abrir un restaurante donde además hagan shiatsu.

Sin palabras.

12 de septiembre de 2008

Quirófanos

Me golpea un recuerdo. Llorar a la salida del colegio, tengo diecisiete años y el corazón destrozado. Ya no soy una nena. Soy grande. No es el primer quirófano pero esta vez no estoy en la sala de espera. Es que ya son tantos los quirófanos que ha dejado de ser importante estar en la sala de espera. Esta vez, estoy en el colegio. Lloro pero soy grande. El abrazo de Ale es caliente, una tal Beatriz, de administración, pregunta si llaman a mi casa. Y yo, no, no llamen. Es que allí no hay nadie. Ale me dice, vení a mi casa. Pero estoy peleada con Ale. Hace un año que no nos hablamos. Ella vuelve a decir, vení a mi casa. Y no me dice "yo te cuido" pero es como si me cuidara. Las calles de Belgrano están inundadas. Nos cuesta cruzarlas. El cielo está furioso. Alguien, ahora, en este momento, está introduciendo un escalpelo en el ojo de mi madre. Ya no lloro. Se me han secado las lágrimas.

4 de septiembre de 2008

Al tiempo no le gusta que lo marquen

Se está haciendo de noche.
Las calles están atestadas y sucias. Carritos, carricoches, basura y mercancías. Paso por entre la gente con andar ligero. No corro, troto. Mi mochila se queja de que los libros se han puesto a saltar en su pequeño interior.

zig zag,
zig zag,
zig zag,

la calle se escurre por entre mis pies.

Jamás uso tacos para andar por las calles porteñas. Nada más indefenso que usar tacos en la city. Nada más indefenso que usar tacos en lugares hostiles. Nada más estúpido e indefenso que usar tacos. Mis botas han soportado todos los accidentes geográficos habidos y por haber. Firme por la calzada, troto, troto, troto.

Ya se ha hecho de noche. Las luces de las ventanas de los edificios parecen estrellas bajas.

Ale me recibe con las mejillas encendidas. Tenés fiebre, le digo. No, ¿por? Ale hace dos semanas que duerme cuatro horas, trabaja tanto que se olvida de comer. Incluso se ha olvidado la voz en algún rincón del cuerpo. Tengo sólo quince minutos, le digo. La abrazo. Mi amiga se disuelve en el abrazo. De pronto quiero tirar todo a la mierda, quedarme, hacerle mate, ayudarla a armar las valijas, mimarla. Pero tengo que dar clases y aún me resta tomarme un subte. Te haría shiatsu ya. No tengo fiebre, me dice. No, pero vas a tener, tenés que parar. Mañana se toma un avión para Venezuela. Conocerá a su sobrino. Quiero parar el tiempo. ¡Ale va a conocer a su sobrino!

tic tac
tic tac
tic tac

Quince minutos pueden ser mucho tiempo. Con los dedos le marco los puntos buenos para la tos. Acá y acá. Nos abrazamos fuerte. Ya estoy con un pie afuera. Ya estoy corriendo al subte. Ya estoy subiendo al subte. Ya estoy bajando del subte. Ya estoy entrando al aula donde quince personas me esperan

-también extenuadas-

el comienzo de un práctico
de lingüística.

3 de septiembre de 2008

Orígenes

Mi alumno vive en Israel pero es rumano. Tiene dos hijas que viven en pueblos cercanos a su pueblo y dos nietos. "Porque allá todo es más pequeño", dice. Y los ojos se le sonríen. Aprendió a decir: "estoy orgulloso de mis hijas y mis nietos". "Orgulloso" es una palabra que en rumano se pronuncia casi igual.
Mi abuela Ester era rumana. Mi alumno se maravilla de que alguito de mi sangre tenga raíces rumanas. ¿Nunca fuiste a Rumania?, me pregunta. No y no sé de dónde era mi abuela. Le explico que mis abuelos y mis bisabuelos nunca hablaban del pasado porque el pasado era muy doloroso. "Pero tu nombre es italiano", me dice confundido. Le explico que sólo mi nombre es italiano. En esta tierra el macho es el que impone su apellido. En mi caso, hubo un Rossi de Génova que llegó a fines del siglo XIX y se instaló en La Boca. Enamoró a una chica y se casó con ella. Tuvieron cuatro hijos de los cuales uno fue mi abuelo: Floreal Rossi. Mi abuelo se enamoró de Catalina, una judía hija de rusos. Se casó con ella y tuvieron dos hijos, uno de ellos, mi padre. Mi abuelo Floreal tenía los ojos almendrados y castaños. Sus cinco nietos heredamos esos ojos. La marca Rossi.
Mi mamá de italiana, niente. Más bien diría que es una buena mezcla de rusos, polacos y rumanos. Una equivocación magistral de mi bisabuela materna hizo que sus descendientes naciéramos aquí. La vieja a los 17 años se equivocó de buque y en vez de ir a Nueva York donde la estaban esperando sus familiares se vino a Buenos Aires. Mi bisabuelo, un polaco que estaba en el puerto esperando a unos amigos, vio a la rusita sola y perdida sin saber una palabra de castellano y se la llevó al conventillo donde vivía. Se casaron a los pocos meses y tuvieron varios hijos. De ahí viene mi abuelo Tito Solarz, el papá de mi mamá. Mi abuelo Tito tenía una marquita roja, una frutillita en la nuca. Mi mamá tiene la misma frutillita y mi hermano y yo también la heredamos. La marca Solarz.
Mi abuelo Tito se enamoró de mi abuela Ester, una rumana que se vino a los cuatro años en un barco del cual sólo recordaba el arroz con leche de la tarde. Nunca supo hablar rumano pero jamás adoptó la nacionalidad argentina. Su apellido quedó trastocado para siempre por la ignorancia de algún funcionario argentino y difería del apellido de su padre y su hermana. Un desastre. Nunca sabremos si era Drajner o Derasner.

2 de septiembre de 2008

Hablar no es sólo hablar

En unos minutos llega mi alumno nuevo. Sé que es un hombre mayor y que es su primera vez en Buenos Aires. Sé también que viene a bailar el tango y que maneja los pretéritos de manera aceptable. Cuando hablamos por teléfono fui anotando mentalmente lo que necesita: una buena repasada de ser y estar, vocabulario porteño, un mix de cultura porteña y conversación. La persona que me recomendó asegura que "es un personaje". No tenemos muchos días pero los suficicientes como para armar algo.
Me enternece la ignorancia de algunos extranjeros que no ven el Puente Saavedra como un límite sino como un mero accidente geográfico. Buenos Aires se abre ante ellos como una nebulosa de enormes distancias. No las discuten, tan sólo se entregan a ellas. Cuando le digo que el 152 dobla por la calle Carlos Gardel le parece de lo más apropiado.
Tengo preparado mate, chipá, un fajo de fotocopias, el María Moliner, el grabador. Sé que usaré la mitad de las cosas que he preparado. Siempre es así. La primera clase siempre es un abismo que hay que saltar. Sólo sé que él quiere aprender mi lengua. Tendré que llegar a él. De a poco iré pulsando las palabras que hay en su interior. Porque hablar no es meramente hablar. Y hablar una lengua que no nos pertenece tampoco es meramente hablar.
Quizás eso es lo que hace de este trabajo algo tan interesante.

30 de agosto de 2008

De maestros

El salón es amarillo y lleno de elementos: el paraíso de los alumnos de yoga. Arneses, columpios, cuerdas, cintos, bolsters, ladrillos y las infaltables sticky mats. No falta nada. Mi nueva maestra es esbelta y hermosa. Nos corrige suavemente y nos enseña con precisión. El ambiente huele a incienso, la música es suave y la luz se filtra por un enorme ventanal que da a un hermoso jardín delantero.
Por eso cuando pienso en las clases que solía tomar con Nora, tan austeras y silenciosas, tan llenas de esas ventanas azules con postigos a la calle cerrados y ventanas blancas que daban a un corredor donde una enredadera subía interminable, cuando pienso en esas clases y las comparo con este presente amarillo, me maravillo de las diferencias. Estudiar con Nora era una experiencia casi monástica. Sus clases apuntaban desde un primer momento-ahora lo sé- al estudio del sí mismo en la ejecución de las asanas. Aunque estuviéramos sólo respirando. Ya desde el primer minuto uno se imbuía de su voz y el tiempo se volvía distinto. No había música en sus clases. No había columpios. No había sticky mats. Cada cual se tenía a sí mismo. Sólo era el sonido de la voz de Nora y el de la propia respiración. Un regocijo que pocas veces nos animamos a escuchar.
En este nuevo y confortable estudio amarillo aprendí que esa experiencia que tuve con Nora se llama "so'ham". Aprendí nombres nuevos, asanas nuevas, preparación de asanas más difíciles y una increíble flexibilidad que no sabía que tenía. También aprendí a preguntar cuándo no entiendo y a superar milímetro a milímetro la ejecución de algunas asanas que creía que dominaba. Sé ahora lo que son los bandhas y lo que significa shanti. Puse en palabras algunas sensaciones que ya había sentido y, de pronto, comprendí a mi maestra antigua gracias a mi maestra nueva.
No sé a quién debo agradecer haber tenido como primera maestra de yoga a Nora Malimovka. Ella me enseñó cómo construir los verdaderos cimientos de mis asanas.
Cuando en este estudio amarillo la música invade mis sentidos y algunos alumnos se ponen a hablar entre asana y asana, yo tan sólo respiro mi plegaria y planto los pies en el sticky mat como si fuera la tierra misma. Y vuelvo a esa habitación de ventanas azules, a una enredadera y al misterio que encuentro dentro mío cada vez que digo mi plegaria al respirar y respirar y respirar.

28 de agosto de 2008

Yoga

Me descubro esbelta, elástica y silente.
Los avatarares ya no pueden quitarme lo que verdaderamente me hace feliz. Sé por dónde tengo que ir aunque la mente juegue en zig zag conmigo.
Los caminos de la vida están llenos de bifurcaciones.
Así como septiembre se llena de pimpollos, mi alma se llena de nuevos brotes.
Tengo infinidad de deseos por crecer pero no me preocupa cumplirlos enteramente. Sé que en esa infinitud hay una unicidad. Y en esa unicidad intento reconocer lo que ya conocía, lo que conocí, lo que se quedó atrapado en la tenacidad de mis hombros.

19 de agosto de 2008

Kioto


Siempre que empiezo a leer un libro de Kawabata simplemente siento que no es el momento. Entonces dejo su libro a un costado de mi mesa de luz y espero. Siempre me ha sucedido así. Los libros de Kawabata exigen un cierto estado mental y emocional. Y Kioto no es una excepción. Cuando apenas leí la siguiente frase "Chieko descubrió las violetas florecidas en el tronco del viejo arce" instantáneamente cerré el libro. Afuera, desde mi ventana, se veía al otoño en su labor de deshojar árboles. Un par de meses más tarde conseguí que las violetas de Chieko me atraparan. Y así fue como me adentré en un Kioto cuyo mundo de festividades, kimonos, templos y jardines cautivó mi corazón.
Será que mi forma de leer ha cambiado. Lo cierto es que la historia de las mellizas separadas al nacer fue lo que menos me interesó. Lo que sí me conmovió fue la mirada de Chieko sobre las flores, los árboles y la geometría de los jardines de Kioto. En realidad, lo que me conmovió fue la Kioto de Kawabata.
Cuando me sucede esto entiendo por qué ya no leo tantas novelas como antes.
Cada vez me importan menos las historias que me puedan contar los libros. No lo digo con tristeza. Es una realidad.
Y está bien.

18 de agosto de 2008

¿Cómo leer Nube de agua?

A nadie le gusta que le digan cómo leer. Cada cual tiene derechos imprescriptibles como lector -Daniel Pennac dixit-, entre los cuales se encuentran el derecho a saltearse páginas, a no terminar un libro, a releer, a leer cualquier cosa, a picotear, a no leer, etc.
Este blog nació en mayo del 2004. La única forma de leerlo era por orden cronológico. Después blogspot nos fue sorprendiendo con paletas de colores, templates fáciles de armar, fotos, música y las famosas "etiquetas". En un principio etiquetar un blog personal me parecía absurdo pero hace poco descubrí que puede resultar una forma interesante de internarse en esta nube. Al menos para mí. Así que están invitados, si así lo desean, a internarse en mis yoes (mi ser flor, mi ser cantante, mi ser escribiente, mi ser urbano) y demás reflexiones.

16 de julio de 2008

Jaime Ross: Hermano, te estoy hablando



Por si fuera poco, he ido a escuchar a Jaime Roos en la Trastienda. Me emocioné muchísimo con muchas de sus canciones. Fue como reencontrar a un viejo amigo muy querido.
Después del recital Guille me llama "señorita F" por esa canción que dice:

"Ay, señorita F venga por mi... No me deje tan solo, vuelva por mi."

15 de julio de 2008

Una perspectiva no psicoanalítica de los sueños

Michio Kushi asombra cuando dice que no deberíamos soñar. Cito textualmente de su libro Introducción a la filosofía y medicina oriental:

Si estamos en buenas condiciones, generalmente, no soñaremos, y si lo hacemos será siempre un sueño real. Si después de haber dormido perfectamente, percibimos una imagen real del mundo y comprendemos la vida, comprenderemos haber tenido un buen sueño.

Más adelante se detalla la relación estrecha que existe entre el mal funcionamiento de algunos órganos y los sueños correspondientes.

Por ejemplo, si soñamos con mucha gente, aglomeraciones, ruidos, vientos fuertes, luchas, peleas y tormentas probablemente nuestro elemento madera no esté funcionando adecuadamente: hígado y vesícula biliar. En cambio si soñamos con sentimientos de soledad y estos sueños suelen ser inconexos, confusos y fragmentarios la falla puede tener que ver con el elemento metal: pulmones e intestino grueso.

Para cada elemento se detalla una serie de sueños.

Yo no sé.
Lo cierto es que hay veces que sueño muchísimo y eso no significa que descanse realmente. Por el contrario, muchas veces los sueños me cansan y amanezco como si hubiera estado luchando en medio de la noche. Otras veces no recuerdo haber soñado nada y amanezco saciada.
En cuanto a sueños reales... conozco gente que los ha tenido.
Pero quizás... esto no se relacione con nada.

8 de julio de 2008

flexibilidad

¿Pueden juntar los dedos de cada mano y formar un ángulo de noventa grados entre los dedos y el dorso de la mano?
Hagan la prueba y me cuentan
Ojo, no hablo de juntar las manos, eso es fácil.
Hablo de los dedos. Formar con los dedos y el dorso de la mano un ángulo de noventa grados.
A ver...

3 de julio de 2008

Productos nuevos (y macrobióticos)

Nuevos alimentos se amuchan en mi alacena.
Comprendo que es invierno y que comer no es un acto menor. Nunca es menor el acto de alimentarse. Cada cosa que llevamos a la boca tiene luego todo un proceso de digestión que lleva energía y salud. El ser humano es tan fuerte que puede digerir casi de todo (menos veneno) pero a costa de mucha salud y mucho esfuerzo.
Hace poco decidí tomar un curso de cocina natural. Eran pocas horas y una vez preparado el plato nos lo comíamos en alegre conversación. Imaginen a varias mujeres de muy distintas edades preparando alimentos y hablando de la vida. Se me ocurre que así se debía cocinar en pequeñas comunidades.
El panorama que me abrió ese curso fue increíblemente enriquecedor. Algunos alimentos no los conocía y otros los había oído nombrar pero jamás me hubiera animado a prepararlos sola.
Es increíble lo mal que comemos y lo poco que sabemos de las cosas que comemos.
Al mismo tiempo tomé la severa decisión de no volver a pisar un hipermercado jamás. La última vez que fui a Carrefour había un olor a podrido mezclado con lavandina insoportable. El cajero se quiso hacer el chistoso y me empezó a contar como les rompía los envases a los clientes que le caían mal. Los demás hipermercados tampoco me fascinan por sus aromatizadores de ambiente. Me da mucha desconfianza entrar a un lugar donde venden comida y que esté aromatizado.
Los lugares donde venden comida deberían oler a comida.

Olores

¿Me parece a mí o el olfato se me ha agudizado?
Cada vez el mundo es más oloroso.
La gente huele mal. Malísimamente mal. Algunos parecen haber dormido en una lata de salmuera. Salado, salado. Otros parecen pasados por un limón. Acidísimos. Otros esparcen un olor dulzón poco apacible, como de flores ya pasadas.
Y no sigo enumerando porque ya me dio náuseas.
Buenas noches.

20 de junio de 2008

Fueguito mínimo

Desliza la lluvia su tersa suavidad y aviva mi fueguito mínimo. Adentro, la víscera roja canta y yo puedo saltar el abismo. La verdad es un manto de piedras verdes. Un peso cosido a mi espalda. Pero todo lo que se ha cosido -en un tiempo pretérito- hoy se ha de descoser. Y todo lo que podía cantarse no ha de cantarse más. Un beso cosido a mis labios también se ha de descoser. Y la amarra que sostenía el barco se ha podrido y lo ha soltado.
A la deriva, en esta lluvia nueva, descubro un viento que no sabía que tenía. Y ese viento me habla de mí.
De lo que soy.
De lo que hoy ya no seré.
De lo que mañana sí seré.
Y no puedo sino sentir el agradecimiento.

17 de junio de 2008

Tagine de pollo

Como los precios se fueron al cuerno busco en el libro de Narda una buena manera de hacer mi pechuga de pollo. Ya que cuesta caro al menos pongamos algo de originalidad en el plato. Elijo hacer el tagine de pollo que no parece complicado y que además pide ingredientes que tengo o que puedo llegar a conseguir. No les conté que el cilantro que planté de semilla creció y ya tiene hojitas para comérselo todo así que mi tagine será aún más auténtico. Perejil nunca falta. Me han traído nueces pekan del tigre y aunque la receta es con almendras, creo que las nueces le van a aportar sabor. Cebolla no se le niega a ningún plato, tampoco especias que nunca han de faltar en cualquier cocina que se precie. Así que allá vamos. Calorcito de hornalla, todo a la olla y a pasar estos días fuleros.

15 de junio de 2008

El amigo de Baudelaire


Leo a Andrés Rivera, El amigo de Baudelaire. Impecable. Rivera es crudo cuando escribe. Filoso. Pero lo filoso puede ser hermoso. ¿Es literatura lo que leo? ¿Son premoniciones? ¿Pretende ser histórico?

Los dejo con un par de citas:

En Buenos Aires quien nace sabe: a) Si tiene dinero, puede comprar sacerdotes, jueces, abogados y comisarios, sin contar el cielo y el infierno. b) Si no tiene dinero, es carne de calabozo. Buenos Aires no enseña ni da lecciones a nadie.

Lo dicho: en este país, quien posee dinero, vacas y tierra, muchas vacas, mucha tierra, mucho dinero, lo tiene todo. Hasta púberes, si uno es más perverso de lo que los otros imaginan.

9 de junio de 2008

Maria Bethania y Omara Portuondo: Un verdadero espectáculo de amor

Pocas cosas pueden ser tan mágicas como ver y escuchar a un verdadero artista arriba de un escenario. No importa si es en el Luna Park, en el Canecao, en el Opera o en el Gran Rex. Pocas cosas pueden hacernos vibrar tanto como cuando un verdadero artista se para en el escenario y nos hace llorar, reir, emocionar. Y eso fue lo que precisamente hicieron María Bethânia y Omara Portuondo este sábado por la noche en el Luna Park.
No sólo desplegaron maestría en el arte que las dos realizan con inteligencia y sabiduría. También desparramaron algo muy difícil de explicar y muy difícil de lograr en estos tiempos: una emoción fuertísima, una hermandad promovida por el "abrazo de la música", una explosión de belleza y entrega.
Desde el repertorio cuidadosamente elegido -donde abundaron composiciones de Marta Valdés, Gonzaguinha, Juan Formell, Orlando de la Rosa y Adauto Santos- hasta los ademanes cariñosos y pequeñas danzas que se prodigaron durante todo el tiempo que compartieron el escenario. Nunca se sintió tan fuerte que la música latinoamericana existe y que Brasil no es un ente separado. Nunca fue tan preciso el idioma portugués acariciado por las estrofas del español. Una verdadera proeza que tiene todo el tinte del esfuerzo que María Bethânia pone en sus proyectos y actuaciones.
Maravillosas las dos.
Ambas mujeres.
Ambas artistas.
Ambas amigas.



Los dejo con un link a una de las canciones que más me conmovieron: cio da terra.

6 de junio de 2008

Mi lado derecho se queja porque el izquierdo adquirió preponderancia. Yo soy diestra, le dije. Muy diestra. Una semana después me tragaba estas palabras.
A veces para soltar la voz no hay que decir nada.
Le digo que no me prejuzgue. Y él dice que no es prejuzgar, que me conoce, que *sabe*.
Me río por dentro. ¿Cómo sabé él algo de mí que yo no sé aún?
Estamos ante un nuevo paradigma, le había dicho mi padre a mi madre refiriéndose a mí. Y contra todos los pronósticos no sólo no me molestó su parecer sino que se lo agradecí con el alma.

2 de junio de 2008

batallas

El cerebro, en estos casos (leer post más abajo), dice: yo no fui, yo no fui. Yo estoy acá para ayudarte. Para racionalizar tu pena. Y si llorás quiero que sepas por qué llorás. Hay que saberlo todo. Hay que explicarlo todo. Es tu estómago que es un bueno para nada, ¿no lo ves? Tu estómago es débil, ¿cómo voy a ser débil yo? Yo siempre estuve ahí, para ayudarte, para salvarte con las palabras que llenaban el vacío de lo inexplicable.

Y entonces se siente el rugir de las entrañas gritando: ¡Córtenle la cabeza a ese viejo nefasto! ¡Alejen a esa falsa máquina de representar realidades! ¡Lo que él llama racionalizar yo lo llamo envenenar! El trabajo que me dio sacar afuera sus "maravillosas" palabras. ¿O cree ese viejo maldito que es fácil luchar contra la ley de gravedad y expulsar para afuera lo que debiera nutrir el adentro?

Así son las batallas.

1 de junio de 2008

intoxicación

Cuando un órgano dice: "basta, esto no lo puedo hacer pasar, calmate o se viene la debacle", lo más sano sería hacerle caso. Pero si estamos empecinados en seguir, la debacle llega con la fuerza de un tornado. Estar en el ojo del huracán sin tener mucha conciencia de eso es peor que la debacle misma. Ahora bien, el ojo del huracán también se asemeja a la mira de una escopeta que algo o alguien quiere disparar. Desde la torre más alta nuestro propio ego apunta. Y cuando el ego apunta -y es certero- el cuerpo despierta. Cuando un órgano se pasa de listo otro órgano se lo hace saber. Acá todos cooperamos, hermano, quedate piola o te las vas a ver con nosotros.
Un gran equipo, el cuerpo.

17 de mayo de 2008

Los gustos de Borges

Bioy Casares escribió todos sus encuentros con Borges en un diario. Me llamó la atención este párrafo que copio aquí para compartir con ustedes:

Oímos discos: con placer oímos un fado, el Barco quieto, presentado por María Elena y Leda*. Borges, cuando oye los cantos de éstas últimas, dice: "No están nada mal; tampoco está mal Atahualpa Yupanqui. ¿Has oído El alazán?" Recita estos versos:

Era una cinta de fuego,
galopando, galopando,
crin revuelta en llamaradas,
mi alazán, te estoy nombrando.

No le parecen falsamente literarios ni ridículos. Sin duda, la música de estas cosas ha llegado a gustarle tanto que sin dificultad le pasa de contrabando las flores de sus versos. Lo más curioso es que hace un tiempo, poco tiempo, Borges no tenía la menor simpatía por la música folklórica, especialmente la norteña. Sólo admitía tangos y foxes. No reprobaba menos un carnavalito que lo que hoy reprueba cualquier canto de chansonnier francés.


Sin duda, para mí, El alazán es la canción más bella de Atahualpa Yupanqui. Y que Borges lo confirme me hace gustar más de su poesía.

*Se refiere a María Elena Walsh y Leda Valladares

1 de mayo de 2008

shiatsu

"La terapia de shiatsu es una forma de manipulación administrada por los pulgares, los dedos y las palmas, sin el uso de ningún instrumento mecánico o de otro tipo, para ejercer presión sobre la piel humana, corregir disfunciones internas, fomentar y mantener la salud y tratar enfermedades específicas".

Ministerio de Salud y Bienestar de Japón (1955)

Ya Hipócrates decía que un buen masaje fomentaba la buena salud del organismo. Otros como Herófilo y Erasístrato (siglo III, Alejandría) desarrollaron una teoría donde los nervios eran caminos huecos por los que transitaba el "espíritu vital". No estaban muy lejos de lo que la medicina oriental predica desde hace 5000 años. El cuerpo humano está surcado por meridianos, un eficaz sistema de riego que asegura el buen funcionamiento de las funciones físicas. Estos meridianos, a menudo, pueden bloquearse manifestando dolor, problemas de salud, inestabilidad emocional. Las causas pueden ser múltiples y las consecuencias también. Muchas veces sufrimos dolores que la medicina occidental no puede explicar. Otras veces puede explicarlos pero administra drogas que eliminan el síntoma pero no van a la raíz del problema dañando, sin querer, alguna otra parte del cuerpo. La mayoría de los medicamentos que solemos tomar -y que muchos médicos recetan a mansalva- tienen a largo plazo efectos sobre el hígado, el estómago, los riñones.

No es necesario estar enfermo para recibir una sesión de shiatsu. En mi humilde experiencia, he observado que muchas personas que decían no experimentar ningún problema -o que lo experimentaban en algún lugar determinado-, luego percibieron dolores en partes de su cuerpo que jamás habían tenido en cuenta. Muchas veces vivimos con dolor pero no lo sabemos. Muchas veces vivimos adormecidos y no nos despertamos. Porque nos han enseñado que podemos aguantar. Hasta que un día el cuerpo dice: no. Y enfermamos.

En Occidente sólo acudimos al médico cuando estamos enfermos. En Japón las personas acuden a su médico regularmente y sólo pagan cuando están sanos, nunca cuando están enfermos. Tan sólo piensen en los millones de dólares que mueven tantas enfermedades que podrían ser evitadas. No estoy diciendo con esto que la medicina occidental no sirve para nada. El cruce entre ambas puede dar resultados muy integrativos.

24 de abril de 2008

hermano artista

Próxima exposición:
Gallery Night en Galería Promenade.

Una muestra colectiva de 11 artistas, organizada por la galería Bohnenkamp & Revale.

Fecha: Viernes 25 de Abril.
Horario: a partir de las 19 hs.
Dirección: Galería Promenade, Alvear 1888.

Entrada libre y gratuita :)

Más info acá y acá.







Priscila baila

17 de abril de 2008

Cocinar: un acto de amor

Siempre que puedo trato de cocinar rico. Yo creo firmemente que cocinar es un acto de amor.
Entre el libro de comida macrobiótica que me traje de Mar de las Pampas y el libro de Narda Lepes que nos regalamos ayer, se me ha abierto un mundo nuevo en la cocina. Especialmente el mundo de las algas y las especias. Antes para mi, kombu, nori y wakame no existían en el mercado ni en mi vocabulario. La primera vez que salí a buscar estas algas descubrí que estaban tanto en el barrio chino como en la dietética cerca de mi casa. Incluso, buscando en las góndolas del Carrefour encontré algas, condimentos y hongos propios de la comida macrobiótica. Por eso, cuando salí a mirar cuál era la oferta real de mi supermercado, descubrí una góndola donde se alinean todos los productos que Narda Lepes considera que debe tener una alacena: aceites de varios tipos -incluso había aceite de sésamo- arroces de distinta variedad, salsas y aderezos que nunca probé pero que Narda asegura que son infaltables, especias perfumadas, incluso había varios tipos de sal, entre las cuales se encontraba la sal marina.
Hice una compra atípica, es decir, dejándome llevar por lo que los ojos me decían. Al llegar al sector de las verduras y frutas compré varios tipos de calabaza (tipo inglés, japonés, etc.) que coloreaban el sector con naranjas, amarillos y blancos. Los zapallitos los dejé porque los noté machucados, los tomates parecían acartonados y las peras requeteduras. Manoteé dos cebollas coloradas, unos puerros, berro, coliflor y ¡paltas! Claro que luego, al volver al libro de Narda, comprobé lo que ella misma dice y propone -curiosamente el libro de comida macrobiótica también coincide en este punto-: hay que comer lo de cada estación. No hay que empeñarse en comer tomates en otoño o invierno porque los pagaremos caros y estarán sin gusto. Hay que comer zapallo, calabaza, papas, batatas (claro que con el lockout del campo los precios se fueron al cielo y esta lógica no es tan clara, ¿verdad?).
Entre otras cosas también me llevé coriandro y cilantro para probar. Hasta los nombres se me antojan sumamente poéticos.

Ceremonia

La primera vez que vine a este bar tenía 19 años. O sea, 12 años menos que ahora. Cuando vine por primera vez mi papá me miró con esos ojos negros y almendrados que tiene y me preguntó qué pensaba hacer con mi vida. Fue una charla tremenda pero que hoy recuerdo con mucha ternura. Tuve dos charlas más así con mi papá. Yo a los 19 años era una catástrofe con patas. Posiblemente mi papá estaba preocupado. Yo también estaba preocupada aunque no es lo mismo preocuparse siendo hija que siendo padre, supongo. Los hijos nos preocupamos a menudo pero de una manera egoísta. Es nuestra vida lo que se pone en juego. Mi padre estaba preocupado por mí y no precisamente de una manera egoísta. Lo cierto es que me llevó a este bar "a tomar un café". Estábamos a fines de la década del noventa donde los bares de Belgrano tenían barras de bronce, mesitas de madera, sillas con respaldo, mozos de verdad, potus colgando de las ventanas y ceniceros en las mesas. Era invierno. La luz era lechosa y despareja. Tomamos el café y hablamos mucho. Debo haber llorado un poco también.

Nunca más volví a tomar un café a este bar. Hasta hoy. Porque hoy pasó algo. De todas las veces que tuve que hacer tiempo nunca se me ocurrió la opción de este bar. Este bar era el bar de la pregunta "qué iba a hacer con mi vida" formulada por mi padre. Pero hoy necesitaba volver no exactamente a esa pregunta sino a la sensación de saberme protegida por esa pregunta. Saber, por ejemplo, que esa pregunta nos la podemos preguntar a lo largo de la vida muchas veces. Parar la vorágine del día, el frío de afuera, sacarme el abrigo, tomar un café servido por ese mozo de verdad, mirar los mismos potus colgando de las ventanas y preguntarme eso, sí, qué carajo estoy haciendo con mi vida. Y responderme. Sí. Responderme que estoy haciendo algo bueno.

12 de abril de 2008

Mi amiga poeta

Mi amiga poeta viene a casa.
La casa, como si supiera, se ha puesto bonita. Yo no he hecho nada. Es la casa. Le da la bienvenida. Abre sus luces, desnuda sus rincones y se desprende en sonidos delicados.
Hace frío pero el jardín sigue verde. Desde la tibia cocina contemplamos su sueño otoñal.
Tomamos té. Hablamos. El aire se llena de palabras hermosas. Nosotras las atrapamos como pescadoras de ilusiones y luego nos hacemos un manto con ellas.
Para abrigarnos.
Ha empezado a oscurecer. Encendemos lámparas y pasan las horas. La casa se entibia con el calor de esta amistad.

11 de abril de 2008

San Google

Me causa curiosidad las razones por las que algunos navegantes de internet entran a Nubedeagua. Sin ir más lejos, teclear una serie de palabras en google puede llegar a dar resultados hilarantes. Me pregunto cuántas de estas personas que entran diariamente a esta página quedan satisfechas con el resultado.

*Seguramente el que tecleó "fotos de Nazarena Velez con el pelo corto" se sintió decepcionado. No sólo aquí no hay fotos de Nazarena Velez sino que si existe alguna mención hacia esta señorita no es exactamente para ponderarla.

*Al que tecléo "biografía de Cristopher McCandless" quizás le sirvió el post sobre Into the Wild, la película de Sean Penn que vimos hace unos días. No lo sabré jamás porque la persona que tecleó estas palabras no dejó ningún comentario. Quizás sólo quería comprar la biografía de Cristopher McCandless o saber un poco más acerca del libro y no mis disquisiciones personales sobre la experiencia del joven Cris.

*Quien tecleó "quince años" no sé bien qué esperaba encontrar pero seguro que no logró nada entrando a esta página. A mí cumplir quince años me nefregó en lo más profundo de mi ser. No me resultó nada especial o quizás me resultó tan especial como cumplir catorce o dieciseis años. En mi humilde opinión no hay nada más deprimente que las fiestas de quince, un rito que se perpetúa en esta sociedad que ha perdido todo sabor iniciático.

*Para aquel que tecleó "qué es la proliferación de la flor" no entiendo muy bien a qué se refería. Pero sí, las flores nos proliferamos. Y mucho.

*Hubo alguien que tecleó "verduras en mal estado" y estoy casi segura que entró al post que habla del lockout y se encontró con mi desprecio absoluto por las medidas antidemocráticas que tomó el campo respecto a las retenciones impuestas por el gobierno de Cristina Fernández.

*Tampoco faltó el que preguntó a San Google "por qué se hace de noche", "cómo hacer un jardín entre casas medianeras", "esquejes ampelopsis", "cuál es la flor nacional de China", "qué es conciencia civil", "algo en economía".

*Para aquel que entró tecleando "Pasajes de París" espero que le haya gustado el post sobre ese tema. Tampoco dejó comentario.

*Para el plagiario que tecleó "un texto con palabras lluvia, familia, casa y nube" espero que no se haya afanado ningún texto de los que aquí abundan con esas palabras.

*Para quien tecleó "con el tambor de la luna y el amor del carnaval", sepa que "Algarrobo, algarrobal" es una de mis coplas favoritas. Y que cantarla en un escenario a capella en el teatro Empire fue una experiencia inolvidable.

*El que tecleó "gracias abuelos, gracias", en fin, sí, mis abus fueron lo más, donde quieran que estén, gracias por todo el amor que me dieron. Pero no sé qué tiene que ver San Google con ellos.

En fin.

9 de abril de 2008

Empatía

Camino por Cabildo y la humareda de polvo y gente me golpea los ojos. Yo estoy en mi limbo. Mi mundo son dos piernas, la mochila que carga al hombro un par de libros y mi cuaderno Rivadavia donde anoto lo que anda ocurriendo por estos días. Siento empatía por todo el mundo y aún así todo lo que me rodea es tan hostil. Empatía por el señor que pierde sus monedas en la vereda, por la señora que me pega con su bolsa de ropa, con la niña que come garrapiñada aferrada a la mano de su madre, por el garrapiñero que revuelve su olla de cobre una y otra vez. Doblo por Juramento y busco con la mirada el local de Havanna. Le pido a la chica un cortado chico para llevar. Ella me pregunta si azúcar o edulcorante. La veo tan joven. Tiene aparatos en la boca. Pobre. Y no sé por qué me dan ganas de abrazarla. Tengo que parar con estas clases. Me van a volver loca. ¿Por qué todo este amor con todo el mundo? Dios mío.

7 de abril de 2008

Deshojarse

Deshojarse es un trabajo arduo.
Requiere de tiempo, esfuerzo, concentración y voluntad.
Pero no es un propósito.
Si me deshojo es porque no queda otro remedio.
Una vez comprendido esto ya estoy tirando de mi propia piel.
Falta todo un trecho.
Qué extensa es la piel de uno.

6 de abril de 2008

Maquinaria infinita

En estos tiempos
donde el otoño aún no es otoño,
donde las hojas muertas
se anuncian en el alféizar de mi ventana
y mi desasosiego sinuoso
saluda a mi andar duradero... en estos tiempos,
donde la senda siempre es despareja
y cubre su clásica baldosa
de polvo de estrellas blando...

En estos tiempos,
yo...
voy...
deshojándome.

Mundo que vuelve
a su maquinaria infinita.

3 de abril de 2008

I now walk into the wild

Hey, vos.
¿Cuántas veces soñaste con cortar tu dni, tu cédula, los carnets identificatorios?
Hey, vos.
¿Cuántas veces soñaste con irte simplemente por la senda del sur? Lo que el sur es para algunos, para otros es el norte.
¿Qué significa la "n" al final de tu cinturón? le preguntó Ron Franz a Cristopher McCandless, alias Alex Supertramp.
"Significa Norte", respondió el joven de 24 años.
Significaba Alaska.
Into the wild, la película que dirigió Sean Penn trata de los dos últimos años de la vida de Cristopher McCandless. Un joven que luego de graduarse en la universidad de Emory cortó lazos con la sociedad que lo rodeaba y decidió buscar su propio destino. Antes que el amor, antes que la seguridad, antes que los méritos, antes que las relaciones humanas: la verdad. Donó a Oxfam lo que quedaba de sus ahorros destinados, en principio, a la continuación de su educación universitaria (24.000 dólares), quemó el puñado de dólares que le quedaba, cortó todas sus tarjetas que lo identificaban y con un puñado de libros -Thoreau, Jack London, Tolstoi- se echó a andar por los caminos.
¿Pero qué caminos?
¿Es posible caminar sin mapas en un mundo trazado una y mil veces por los satélites?

"Hay veces en la vida en que es importante no ser necesariamente fuerte sino sentirse fuerte. Medirse a sí mismo al menos una vez, encontrarse al menos una vez en las condiciones más primitivas, sin nada que nos ayude salvo las manos y tu propia cabeza".

Hay veces en la vida.
Sí.
Las carreras universitarias, dijo Cristopher McCandless, son el invento del siglo XX. No quiero eso para mí.
¿ Y el dinero?, le preguntaron.
El dinero hace a la gente cautelosa. Yo no quiero ser cauteloso.
Pero tendrás que ser cauteloso, le dijeron, no puedes vivir sólo de tu libro de plantas comestibles.
Cristopher McCandless estudió cursos de historia y antropología. Sacó diez en Apartheid en la sociedad Sudafricana, diez en Política africana contemporánea, diez en Crisis alimentaria en África. Con notas así podría haber ingresado a la Universidad de Harvard sin problemas.
Pero no era eso lo que quería. O al menos no era eso lo que quería a los 23 años.
Mucho se habla de la falta de ritos de iniciación en nuestra sociedad.
¿Cómo nace un hombre en este siglo?
¿Cuando el niño adolescente deja de serlo?
Cristopher McCandless tenía un riguroso código moral. Y no tenía mesura.
Era un extremista. Un viajero cuya morada era el camino.
Libertad absoluta, rezaba.
Luego de andar y andar por un año y medio llegó a Alaska, su aventura final: la batalla para matar el falso yo y concluir victorioso la revolución espiritual.
En su andar por esos lares encontró un autobus abandonado en el medio de la espesura. Allí armó su refugio.
La batalla final habría de concluir un día de primavera cuando, luego de haber sobrevivido al invierno más crudo, Cristopher decide volver con los hombres.

"Viví muchas cosas, y ahora creo que hallé lo que se necesita para ser feliz. Una vida aislada y tranquila en el campo, la posibilidad de ser útil para quienes es fácil hacer el bien pero no están acostumbrados a que se lo hagan. Y un trabajo que se espera sea de utilidad. Y el descanso, la naturaleza, libros, música, amar al prójimo. Esa es para mí la idea de felicidad. Y sobre todo, tú como compañera, niños quizás... ¿Qué más puede desear un hombre?".

Cristopher decide volver pero el río que cruzó a pie hace unos meses ahora ha crecido a niveles insospechados. Es imposible cruzarlo. Queda literalmente atrapado por la naturaleza.

Se ha dicho que McCandless podría haber sobrevivido de haber sabido que había un puente a diez kilómetros de donde estaba. Pero Cristopher no llevaba mapa y no sabía de la existencia de un puente. Algunos definieron su muerte como un suicidio. Otros lo definieron como un idiota. Sólo un idiota puede morirse de inanición a sólo veinte kilómetros de la carretera, dijeron. Y en verano.
Lo encontraron dos semanas después de su muerte. Pesaba sólo treinta kilos.
Pero creer que McCandless era un idiota por no llevar un mapa es no comprender en absoluto lo que McCandless buscaba.
Duele la muerte de Cristopher McCandless. ¿Cómo nos hubiera contado su historia?
Dentro de sus libros se encontraron varias notas. Entre ellas una frase que decía: "la felicidad sólo es real cuando es compartida".
Duele que no haya podido compartir su idea de felicidad con nosotros.

http://www.intothewild.com/

25 de marzo de 2008

Violeta Parra

En un documental sobre Violeta Parra que pasaron por el canal Encuentros la entrevistadora le pregunta a Violeta con cuál de todos sus dones artísticos se quedaría.
Violeta está parada frente a un lienzo. Está pintando. Sobre una mano sostiene la paleta de colores y sobre la otra sostiene su pincel. Porque Violeta, además de la voz y la poesía, tenía su pincel, tenía sus manos para bordar, los dedos para coser, el alma para crear.
Ella de detiene unos instantes ante la pregunta y responde: "yo elegiría quedarme con la gente".
La entrevistadora hace un silencio y luego retoma el hilo de la conversación: "¿Con la gente?". "Sí, con la gente", afirma Violeta.
"Pero, Violeta, tú pintas, bordas, cantas...".
Violeta sonríe levemente y responde:

"La gente es lo que me hace hacer todas estas cosas".

16 de marzo de 2008

Mar

Nunca más quiero estar lejos del mar. El mar es maravilloso y sanador. Contiene tantas sustancias buenas. Al instante uno comprende que por fuera está recibiendo lo que el adentro reclama.
En los días de lluvia el mar llega con cada gota de agua.
Y en los días venideros, el mar me vuelve niña otra vez.

29 de febrero de 2008

bicicleta

Mi bici se llamaba Muzzetta. No me pregunten por qué. Era celeste y se doblaba en dos de manera que mi papá la podía colocar en el baúl de su Taunus y llevarla a Muni. En Muni aprendí a andar sin rueditas y me di varios porrazos antes de lograr el ansiado equilibrio sobre las dos ruedas de Muzzetta. Pero una vez arriba, la felicidad estaba garantizada. Claro que era una bici mediana y pese a que yo no crecí muchos centímetros en mi adolescencia, Muzzetta me quedó chica y quedó descartada en un lugar de mi casa que se llamaba "El Taller". "El Taller" había sido *de verdad* un taller de tapicería del antiguo dueño de la casa y quedaba justo en el fondo del jardín. Mis padres no sabían muy bien qué hacer con tamaño lugar pero tampoco querían demolerlo para poner en su lugar una pileta, como era la sugerencia de todos los amigos y parientes. Fue desván durante casi veinte años hasta que algo de dinero y un gran trabajo de albañilería lo convirtieron en sala de cine, biblioteca, escritorio, salón de música, etc.
Allí quedó Muzzetta, llena de óxido y olvido.
No me acuerdo qué pasó después.
Por alguna razón yo no volví a tener bicicleta en mi vida de adulta.
No es que no supiera *andar* en bicicleta. Si alguien me prestaba una bicicleta, bueno, era cuestión de encaramarse al artefacto en cuestión y... pedalear. Pero ¿a dónde podía ir yo pedaleando? ¿Con quién podía pedalear? ¿Qué distancias? ¿Hacia dónde?

Si lo piensan bien estas cuestiones lindan con lo filosófico, ¿no?

Hace una semana compramos una bicicleta para mí. Entramos en una bicicletería y un señor nos vendió una *bici de paseo* color púrpura. Para mi sorpresa fue algo muy fácil. No sé por qué yo imaginaba que adquirir una bicicleta debía ser algo complicado y costoso. Pero no, nada que ver. Una vez en la calle con la flamante adquisición me dispuse a probarla. Pero unos segundos antes de subirme:
-¿Y si resulta que no sé andar?
Pero no.
Fue como andan en bicicleta. No se te olvida nunca.

***

Pero también sucedió *algo*. A bordo de a bici púrpura ya no podía cerrar los ojos como hacía con mi Muzzetta. Tampoco podía dar las vueltas donde yo quería porque las calles son calles que tienen reglas y manos y semáforos y gente y autos y perros que se cruzan y madres con cochecitos de bebés y colectivos que arrancan bufidos de nube negra. Creo que lo más lindo de andar en Muzzetta era que yo podía jugar a que la bici era un avión, una moto, una máquina del tiempo, esas cosas. La bici púrpura, en cambio, era un instrumento utilitario, práctico, preciso.

***

Pero es linda mi bici púrpura, no crean.

20 de febrero de 2008

Stranger

Es tan extraño que todos seamos extraños. Hay gente por doquier pero nada sabemos sobre ella. ¿Qué hacen? ¿Qué les gusta? Algo podemos sonsacar con la ropa. Un hombre de traje y una mujer de vestidito blanco cruzan la avenida Cabildo. Adolescentes con sus melenas absurdas y sus ropas brillantes. Un hombre con jeans gastados a la cintura habla de Jesús y me intercepta. Me dice: todos somos pecadores. Gente mascando chicle. Gente que lame un helado y dice: el que inventó el helado es un genio. Gente comiendo garrapiñada, comprando zapatos de liquidación, mirando remeritas y preguntándose ¿esto es lo que se usa ahora? Gente que habla de su auto, su trabajo, sus niños, su madre, su enfermedad, su mala memoria. Existe una barrera ínfima, social y urbana, un código secreto que aprendemos desde pequeños ("no se habla con personas extrañas"). Pero es tan delgada la línea que cuando ésta se rompe emerge la punta de un iceberg maravilloso.

Es tan extraño que todos seamos extraños.

Tengo que hacer tiempo porque una amiga cumple años pero recién a las ocho estará en su casa. Es martes y estoy en capital. No vale la pena volver a casa por sólo una hora. Me preparo para ver este collage urbano de personajes. ¿Qué mejor lugar que la plaza? Espacio público que por épocas ha sido desmembrado, ninguneado, espoleado y envejecido. Los bares de Belgrano cansan. Toda esa parafernalia que nos deja ciegos, sordos y mudos. Demasiados colorcitos. Demasiada músiquita. Demasiados asientitos mulliditos y, por sobre todo, los cafecitos que cada vez vienen más chiquititos y con precios cada vez más caros.

Voy a la plaza, entonces. Antes me agencio un cortado en el local de Havanna que, desde que hay extranjeros en esta ciudad que extrañan la onda Starbucks, preparan cafés espumosos en altos vasos de cartón (como los que se ven en las películas donde los personajes pasean por una New York idílica). Supongo que esa es la idea. Sentirse un poco fuera de contexto. Estar en una ciudad que no es. O estar en una ciudad que por obra de la globalización ha cambiado de sobremanera.

La plaza de La Redonda está enteramente remodelada. Estuvieron un año poniéndole rejas, malvones rojos en los altos maceteros, cambiando los asientos de granito por asientos de madera y colocando baldosas nuevas. A una determinada hora la cierran y nadie queda adentro. Es bastante triste para quienes han vivido épocas en donde las plazas eran refugios para darse besos y arrumacos que sólo el amparo de la noche y de la plaza permitían. Lo cierto es que las rejas le dan un aspecto muy triste si uno la ve desde afuera pero, una vez que uno ha traspasado la barrera y logra ubicarse en un asiento lejos de los bordes, puede, quizás, abstraerse de tamaña cárcel. Y allí estaba yo con mi vasito de café buscando ese asiento que me permitiera una hora de reposo. Y lo encontré. Pero, al parecer, alguien más lo encontró. Un muchacho de pelo rubio y ojos celestes fue a sentarse justo al banco que yo había visto libre hacía unos segundos. No me desanimé y le pregunté si podíamos compartir el asiento. Me dijo que sí por lo que me acomodé en un extremo del banco con mis cosas y mi vasito de café. Nos quedamos en silencio. Un silencio raro. La proximidad de nuestros cuerpos exigía que nos miráramos, que nos dijéramos alguna cosa, aunque más no sea para comentar cómo las palomas volaban en picada hasta casi estrellarse en la cabeza de los transeúntes. Y, efectivamente, eso fue lo que sucedió. Espontáneamente surgió la charla.

Al instante, si queremos, podemos tocar una fibra de un otro sin siquiera conocerlo. ¿Quién era este muchacho de ojos claros? Ni idea. ¿En qué trabajaba? ¿Por qué estaba allí? Parecía menor de lo que luego resultó. Y, claro, yo también parecía menor. ¿Por qué alguien de 31 años estaría sentado en un banco de una plaza con un vasito de café en la mano? ¿No tendría que estar haciendo cosas importantes de su vida? ¿No tendría que estar produciendo, trabajando, divirtiéndose, algo, no lo sé, en vez de estar contemplando una plaza desde un banco de madera, solos? ¿Por qué?

Es tan extraño que todos seamos extraños.

10 de febrero de 2008

Regalo

Después de muchísimos años alguien -quien nunca antes había venido a mis cumpleaños- me pidió que cantara ese día. Por el simple deseo genuino de escuchar. Su felicidad me contagió. Cuando cantamos para quien quiere escuchar y se deleita con nuestro sonido, el alma se engrandece. Ayer, mientras hacíamos café, a la una de la mañana, esta amiga me dijo: es tu cumpleaños y sos vos la que nos está haciendo regalos, debería ser al revés. Me morí ahí mismo. ¿Mi canto es un regalo? De pronto, advertí que era la causante de la felicidad en los allí presentes. Su escucha, sin embargo, era la causante de mi propia felicidad.
El hecho artístico es así. Das, recibís, das, recibís. Y al final ya no se sabe si el dar y el recibir forman parte de la misma rueda.
El regalo estaba en el permiso para que el hecho artístico se produjera. El permiso de cada uno de los presentes era su regalo.

7 de febrero de 2008

El árbol del yoga


Utilizar las palabras de otro y decir luego que practicamos yoga es lo que yo llamo un calco. Es una inteligencia prestada. La inteligencia prestada no puede volverse meditación.

B.K.S Iyengar, El árbol del yoga

¿om shanti?

El primer piso es viejo y tiene la pintura desgastada. Una enorme bandera batik con el símbolo "om" corona una de las paredes. Desconfiás de ese "om" pegado a la pared como una estatuilla a la cual se adora sin mucha convicción. Desconfiás del batik. No es que no respetes el "om". Siendo tan redondo y perfecto, como un estanque de agua pura y uno cayendo en círculos por las hondonadas del silencio. ¿Será que no te gustan las banderas ni los amuletos? El piso de pinotea está gastado y tiene desnivel. Te acostás en una de las colchonetas en savasana y te quedás allí, olvidada de todo y de todos. Escuchás los sonidos de la calle, motores, silbidos, viento, voces agitadas: la vida por la ventana. Llegan más alumnos que se acomodan en otras colchonetas. Los sentís sin verlos. Como un animal en una oscuridad aterciopelada y protegida. Savasana es conocida, tantas veces transitada. Sentís como alrededor el murmullo crece, el movimiento imprevisto de los cuerpos desmorona la oscuridad aterciopelada. La calma deja de ser y empieza a actuar.

La clase comienza.

La profesora es delgadita y de ojos claros. Tiene la expresión dura, trabada. ¿Cree que su labor docente es estar ahi? Jamás explica cómo, por qué, qué músculo se estira, a dónde hay que llevar el aire. No hay resistencia. Los alumnos son corderos. ¿Alguna vez se han puesto a pensar el poder que tiene un maestro, ya sea, de cualquier índole?

Los corderos no piensan. Se entregan.
Te sentís un lobo en el medio de tantos corderos.

Pranayama. Kapala -bhati. Sensación de que la cavidad pulmonar va a estallar. Te limitás a mirar. Iyengar aclara desde un comienzo que pranayama nunca debe hacerse antes de las asanas. Y tampoco es aconsejable practicar luego de asanas fuertes. Muchos de los movimientos de pranayama son infinitamente sutiles. Viloma es más suave. Te corrije el dedo con el que tapás la fosa nasal izquierda.

Nadie puede hacer el ciclo de sirsasana. Desprecian los elementos porque esto es hatha yoga y no hay elementos. Te preguntás a qué llama esta gente hatha yoga. Una mujer adelante mío tiene la espalda curvada y nadie le dice nada. ¿Esta chica sabe dónde está su sacro? ¿Sabe lo que es un isquiotibial? ¿O cree que el mantra la va a salvar del dolor de espalda de mañana?

Purvotanasana. Ahora sí, desconfiás de ella. Le harías tragar la bandera batik a ella y a su grupo de alienados. ¿No corregís porque no sabés corregir o porque no te importa? Puntada en la lumbar derecha. Esta es la señal de que todo anda mal. La lumbar derecha siempre avisa antes que la izquierda. Rogás que la clase termine pronto. Las asanas se van amontonando unas tras otras. Sin control. No encontrás el sentido de pasar de un asana a otra.

¿Existirá la frase: no dirás "om" en vano?

Ya sabés dónde encontrarnos, te dice, cuando la clase termina.
Sí, decís, ya sé dónde encontrarlos.
Y pensás: yo voy en dirección contraria.

5 de febrero de 2008

Si el canto no se levanta

Yo nunca miro a la rosa
por su color de quimera,
la miro porque ella tiene
la sangre de los que sueñan
porque en sus gajos florecen
las manos del que la siembra.

Si el canto no se levanta
como la hoguera del fuego,
si no libera las penas
de los que están en la tierra
de nada sirve que suene
la voz de la chacarera.

15 de enero de 2008

De cuadernos

Se me acaba de caer el mate en las sábanas. El cuaderno azul donde a veces anoto cosas está empapado de un líquido verde. Se me caen muchos mates últimamente. Abro el cuaderno azul empapado y miro qué escueto se ha vuelto todo. Anotaciones rápidas, nada muy importante, poca curiosidad. Me acuerdo de épocas en las que anotaba todo, recreaba escenas, diálogos, imágenes, sensaciones. Atesoraba las anécdotas para después. Después... Hoy leo esas imágenes y pienso en que no todo es cíclico después de todo. Hay sensaciones que no volveré a tener. Hay lugares por los que ya no volveré a pasar. Hay personas que no volveré a encontrar. Y está bien.
Hoy el cuaderno azul es más un ejercicio de ablandar la mano que otra cosa. No me gusta sentir que dependo de un artilugio tan complicado como una computadora para plasmar palabras en una superficie. No me gusta aunque es así, es lo que está sucediendo. El cuaderno azul, bien gracias.
Yo quería aprender encuadernación para hacer mis propios cuadernos pero luego desistí. Una de las cosas que me suceden cuando me regalan un cuaderno muy bello es que no quiero usarlo. Yo uso los cuadernos azules, verde o rojos Rivadavia. Renglones derechitos, bien escolar todo.
Miro mejor. Pienso que el agua derramada decolora los renglones derechitos.
Y ya no parece tan escolar.

8 de enero de 2008

Traful

Tenía cinco años cuando fuimos a Traful. Mi hermano tenía dos y medio y era tan chiquito que cuando lo pusieron a dormir en la bolsa de dormir se perdió. Nos despertó a las tres de la mañana llorando y gritando, mamá, mamá, la pueta, mamá. ¡Buscaba la puerta! El pobre había dado la vuelta completa y estaba en el fondo de la bolsa buscando la salida que, claro está, no iba a encontrar. ¿Cómo hizo para darse vuelta? Bueno, era muy pequeñín.
En realidad a mí me faltaba un mes para cumplir seis. Porque yo desde que me conozco que cumplo años en febrero. Todo esto para decir que dentro de un mes cumplo años. Y sí. Uno dice cosas para, en realidad, decir otras. Implicaturas conversacionales.
Cuando la gente me habla de Traful y me pregunta si conozco Traful yo digo que sí. Pero estoy segura de que no conozco Traful at all. Yo conozco Traful a través de los ojos de una nena que aún no había cumplido los seis años. Si me preguntan algo, no podría recomendar nada. No tengo idea de cómo se llega a las playitas, ni de cómo se llama el camping, ni de si ese camping aún existe. Sólo recuerdo que llovió mucho, que había muchos chicos con los que nos hicimos amigos, que armamos una banda que se llamaba "La banda del ratón desinflado", que había dos chicas más grandes (tenían nueve años) que me explicaron la existencia del Cielo y el Infierno, que a causa de eso desarrollé un miedo tremendo a la oscuridad (complicado, porque estábamos de campamento y no había luz eléctrica), que en la playita a la que íbamos había una piedra hermosa y grande a la que nos subíamos y "lavábamos" con el agua del lago, que mi mamá ponía los yogures en una bolsita y luego los sumergía en el lago para mantenerlos refrigerados.

Me gustaría preguntarle a mi hermano qué recuerda él.

De otro color

Un par de noches luego de que Mani murió tuve un sueño. Estábamos con Nico mirando alguna serie en netflix, los dos abrazados en el sillón ...