25 de abril de 2014

Otoño

Una neblina espesa recubre todo. Se escucha el barrer de las hojas obsesivo de mi vecina. Abro la puerta y la rágafa es fresca, las hojas se empujan unas a otras para entrar y desparramarse en el piso de madera. El gato juega con una, la da vuelta y luego se aburre, se arrellana en su sillón de siesta, ronronea y se duerme. 
En la cocina, las ollas largan vapor, el agua borbotea y las legumbres y los cereales se cuecen a fuego lento.
Otoño.

Los gatos de mi vida

Llegué a esta casa sin gatos. Yo no sabía lo que era amar un gato. Pero la casa estaba viva. Había pájaros por doquier. Había tierra. Pla...