24 de septiembre de 2011

Síntomas inesperados en un día primaveral

Sábado por la mañana. Nico se levanta con la voz tomada, mucha tos, dolor de garganta y dolor en el cuerpo: todos síntomas de un comienzo de gripe que viene acarreando desde hace dos días. Luego de un desayuno vuelve a la cama. Duerme tapado hasta la coronilla. Al mediodía lo despierto con una sopa antigripal que lleva a saber: verduras cocidas varias, cebada perlada, lentejitas coral, algas wakame y condimentada como para despertarle la nariz a un muerto:jengibre rallado y pimienta. Toma la sopa con cuidado y noto que está pálido. Sigue tosiendo y su voz es de ultratumba. Luego de la sopa siente una leve mejoría. Se va arriba a ver tele. Lavo los platos, preparo un té de loto y se lo subo. Lo veo repantigado en el sillón con los ojos muy abiertos y sudoroso.

-Me muero de las náuseas, Flo. Me siento muy mal.

Y ahí no me quedan dudas.

-Vamos al futón. Ya.
-Flor, me siento muy mal.
-Esto no es la gripe, esto es otra cosa.

Una vez en el cuarto de shiatsu se acuesta tembloroso. Tiene frío y lo tapo. Trabajo muy delicadamente y a conciencia. A veces tiembla y otras veces bosteza. Bosteza tanto, como si el mundo fuera a acabarse ahora mismo. Las náuseas se van por completo y al final de la sesión vuelven moderadamente. Ya no tiene tos ni mocos pero se le parte la cabeza de dolor.

-Ay, mi cabeza.
-¿Querés dormir?
-Voy a tratar.

Se va a la cama. Inesperadamente se desmaya en un sueño profundo y demoledor. Cierro las persianas, lo tapo, lo dejo en su noche artificial, creada para su curación. Pasan varias horas.

De pronto se abre la puerta del cuarto y lo veo asomarse al cuarto donde estoy. Está sonriendo. Tiene color en los labios. La voz le sale clara, limpia. Lo miro y se me inunda el alma de felicidad.

-¡Magia!- le digo.
-No, shiatsu -me dice él.

23 de septiembre de 2011

Raja Yoga

¿Qué derecho tiene un hombre a decir que tiene un alma si no alcanza a sentirla? O decir que hay un Dios si no lo ve. Si hay un Dios debemos verlo. Si hay un alma debemos percibirla. De otra manera, sería mejor no creer. Es mejor ser declarado ateo que ser un hipócrita.

21 de septiembre de 2011

India y China

En la clase teórica del profesorado de yoga

Profesora- Y entonces el cuerpo estaría surcado por los nadis que son como canales de energía. La tradición hindú dice que hay miles de nadis pero lo simplifican nombrando a los tres más importantes: Sushumna, Ida y Pingala.
Yo- ¿Los nadis vienen a ser como los meridianos?
Profesora- sí, es verdad, los chinos los llamaron meridianos.
Yo- Sólo que los chinos tienen un sistema de numeración super preciso.
Profesora-Sí, muy preciso. En India, en cambio, los números son más bien abismales... entienden los números de una manera distinta.
Yo-Los chinos tienen mapas de los meridianos. Especificaron punto por punto. Cada punto incluso además de un número tiene un nombre.
Profesora (sonriendo)- Sí, es verdad, es que así son los chinos y así son los hindúes.

20 de septiembre de 2011

Spring a song

Si caminando por la calle un olor a frutilla me rapta la nariz, no tengo más remedio que seguir mi instinto, llegar a la verdulería en cuestión y comprar un cuarto kilo. Y si en ese mismo lugar me asalta la idea de comer espárragos no tengo ninguna duda. Estamos en vísperas de la primavera.

12 de septiembre de 2011

Facebook

Por fin tengo facebook.
Por lo pronto, me hice "amiga" de mis amigos en la vida real. Y como no podía ser de otro modo, es toda gente que se dedica a cosas que le gustan: culturales, editoriales y artísticas. De modo que la red se va tejiendo de manera extensa y linda. Vamos a ver en qué deviene esto.

7 de septiembre de 2011

¡Llegaron los peces del sol!

Estos peces los hizo nuestra querida amiga amapola loca, responsable de las fotos que aparecen en este blog. Y como buenos peces se vinieron nadando, atravesando todo el océano Atlántico hasta llegar a mi buzón esta mañana.


Y uno estaba tan feliz de salir del sobre que se colgó de una planta.

6 de septiembre de 2011

4 de septiembre de 2011

Un casamiento maya

El casamiento de Lau fue un verdadero espectáculo artístico. Un despliegue de creatividad y amor. Y a nadie le extrañó, por cierto. Laura es así: un despliegue de creatividad y amor. Por eso es tan querible y tiene tanta gente hermosa alrededor que la adora.
Bueno, yo la adoro (creo que ya lo dije).
El tiempo acompañó con lo justo. Fue un sábado admirable de una temperatura ideal para estrenar zapatos y lucir mi vestido "florecido". Nico, por otro lado, lució sus tiradores y moñito haciendo juego (y les digo que estaba hecho un bombón).
La novia estaba divina con un vestido que lo diseñó ella misma (como no podía ser de otro modo).
Hubo muchos niños jugando.
Un verde que enceguecía la mirada de todos (el lugar estaba cerquita del río).
Un sol que deslumbraba la felicidad de los novios.
Una pista de baile única (imagínense, todos o la mayoría eran bailarines).
Una ceremonia maya (y no en maya como sugirieron algunos).
En la ceremonia maya hubo:
Una canción que les regalé a capella en el silencio de la tarde.
Una danza de mudras que hizo Gaby y que algunos acompañaron.
Ofrendas.
Palabras de hermanos y amigos.
Luego se armó el bailongo y para entonces todos los tacos altos habían volado y andábamos a pata suelta y/o chatitas.
Hubo un momento íntimo donde el padre de la novia desenfundó su guitarra y cantó unas canciones.
Luego me ofreció la guitarra y dijo: "porque esa vocecita no se puede quedar guardada".
Y les regalé algunas canciones de amor.
Y también nos regalamos con mi amiga Laura una canción que cantábamos cuando teníamos 16 años a dos voces que salió perfecta, como si la hubiéramos ensayado.
Luego se armó la peña y el folklore hizo que todos sacaran sus pañuelos.
Y la danza continuó por mucho tiempo.

2 de septiembre de 2011

Nos talaron el árbol

Mis alumnos universitarios, cuando intentan comprender algunos de los conceptos de la lingüística estructural, terminan un poco embrollados porque, se sabe, al principio es muy difícil tanta abstracción. Pero lo cierto es que cuando algo comienzan a comprender sus caritas se iluminan como faros y eso es un espectáculo digno de ver. Por lo menos para mí.
Ayer, luego de tanta disquisición acerca del signo lingüístico "árbol" y que si el concepto y la imagen acústica y bla bla bla, luego de todo eso, al finalizar la clase me los encuentro en alegre montón en la vereda de la facultad tomando el fresco de la noche. Cuando me ven, me sonríen y me dicen mientras señalan el cemento de la calle:
-Profe, mire, nos talaron el árbol.

Cuac!

1 de septiembre de 2011

La boda de Lau II

Un día de la vida, hace casi doce años, Laura me llamó desde un teléfono público (no existían los celulares) y me dijo: "Flor, no quiero perderte nunca en mi vida, aunque a veces pasen meses sin que te vea quiero que sepas que sos como una hermana para mí".
Hacía tan sólo unos meses que estaba junto a Facundo y su vida se había transformado en un infierno. Su familia y muchos de sus amigos le habían vuelto la espalda.
Ese día vino a casa y se quedó todo el fin de semana. Mi casa era como un oasis en el medio de la tormenta y todos en mi familia nos percatamos de eso. Hicimos lo posible para que ella estuviera cómoda. En esos días me contó toda su historia de amor. Las idas y venidas, el amor que no tiene formas precisas, los límites impuestos por una moral pacata. Luego, a la semana siguiente, se fue con Facu a Mar del Plata por una semana. Yo fui la única depositaria del número de teléfono con el cual podían comunicarse en caso de una emergencia. Guardo aún ese teléfono en uno de mis diarios íntimos.
Cuando Lau empezó a salir con Facundo tenía un sobrepeso de más de diez kilos. Para una bailarina era mucho. Con Facu la vi ponerse hermosa, adelgazar, llenarse de proyectos y todo eso que le hace el amor a los seres humanos.
Durante estos doce años que los vi juntos, el amor pasó por todas sus formas. No fue sólo un lecho de rosas, hubo también muchas espinas. Y sin embargo. Crecieron.
Yo también crecí.
"Hoy se casa tu hermana", me dijo el padre de Laura cuando lo abracé en el registro civil.
Y yo empecé a lagrimear.
El juez que les tocó fue muy agradable e hizo de la ceremonia algo muy ameno.
Me gustó cuando dijo: "Bueno, yo acá estoy como pintado, se los ve muy enamorados" y también "la sociedad hoy celebra la unión de ustedes, una nueva familia".
Wow, ¡la sociedad! ¿No es genial? Piensen: el mundo está patas para arriba y hay muchas cosas que están mal pero nuestra sociedad es ciertamente mucho mejor que hace doce años atrás. Mucho mejor.
Y me dieron ganas de reir mucho y fuerte.
Estampé mi firma en el libro con orgullo de amiga y hermana.
Y ahora... ¡falta estrenar esos zapatos y bailar!

Los gatos de mi vida

Llegué a esta casa sin gatos. Yo no sabía lo que era amar un gato. Pero la casa estaba viva. Había pájaros por doquier. Había tierra. Pla...