28 de agosto de 2006

Mandados

Los hipermercados me marean. Los Norte, Disco, Cotto, Carrefour. Puaj.
Yo prefiero mi chino.
El hipermercado con ese afán de encajarte cada nueva marca o producto cambia el orden de las cosas todas las semanas. Entonces donde antes encontrabas los lácteos ahora están las galletitas dulces. Complicado.
Góndolas y góndolas.
Todas las marcas que quieras.
Y el tiempo que se alarga como un chicle.
Ni hablar de las cajas: hiperpobladas. Y a nadie le importa un bledo.
Mi chino tiene sólo tres góndolas.
Y una pequeña verdulería y una carnicería.
Y el muchacho que corta el fiambre y que me pregunta si acabo de salir del trabajo.
Y el changador que me lleva las cosas en cinco minutos.
Y la cajera jujeña que me pregunta cuándo voy a volver al Norte.
Y el dulce de higo que nos gusta.
Y los Nugaton en oferta.

23 de agosto de 2006

Vecinos

-¿Viste lo que pasó con el cartonero de siempre?
-No.
-¿Viste que el cartonero siempre pasa con su hijito?
-Sí.
-Bueno, parece que se agarró mal a trompadas con un tipo.
-¿Con otro cartonero?
-No, no.
-¿Y quién era el tipo?
-Un tipo. Fue en la puerta del edificio. El cartonero lo cagó a golpes. Pero el otro ni se movía. Y el cartonero le daba y le daba y de vez en cuando soltaba un "hijo de puta", así, sin más, viste, con ganas.
-A la mierda.
-Con Patri nos quedamos en el molde. Se empezó a juntar gente. Los del edificio no entendían nada. Llamamos al cana que está en la esquina, el del Restaurant. El quía ni se mosqueó, obvio, sólo está por el Restaurant. Por lo menos llamó a una patrulla.
-¿Y qué había pasado?
-Parece que el tipo se había querido violar al nene del cartonero. Se lo había llevado a la obra de al lado, viste. Pero el nene gritó, el padre se dio cuenta y lo cagó a golpes.
-Me estás jodiendo.
-No, te juro. Vino la cana y se llevó al cartonero y la ambulancia se llevó al otro. Estaba hecho mierda el otro. Igual al cartonero lo soltaron al toque. Los del edifcio le dieron hielo para que se pusiera en la mano.
-Ah, qué solícitos los vecinos, che.

Los gatos de mi vida

Llegué a esta casa sin gatos. Yo no sabía lo que era amar un gato. Pero la casa estaba viva. Había pájaros por doquier. Había tierra. Pla...