sábado, 26 de marzo de 2005

La casa de mis padres

La casa de los pies fríos
y las manos húmedas.
La casa de las paredes gruesas
y los techos altos.
La casa de las frazadas calientes
y las medialunas por la tarde.
La casa de los picaflores
y las chicharras.
La casa del abedul, el Gynko y un Ficus blanco.
La casa de las guitarras
y las mateadas.
De las veredas rotas.

martes, 8 de marzo de 2005

Sellos mayas

Nos acomodamos en cuatro sillas viejas y la mesa de la cocina. El verano ha pasado. Sólo nos quedan vestigios y unos trazos finos del otoño en puerta. Pero allí estamos compartiendo un mate bien dulce con resabios de unos granos de café. La calabacita pasa de mano en mano. Todos están exultantes y hermosos. La sala se inunda de proyectos para abril. Como regalo por el encuentro, Facu nos lee el sello del calendario maya a cada uno.
Mi sello es el caminante del cielo rojo. Tonalidad 9, es decir, solar. Me guía en mi misión la luna (la purificación), mi análogo (quien me recuerda mi misión) es el enlazador de mundos (que iguala la muerte), mi antípoda (quien me dice cómo hacerlo mejor) es la noche (la abundancia) y mi oculto (la fuerza para cumplirla) es la estrella (armonía, belleza y arte).
En realidad a cada uno de nosotros nos salen cosas muy hermosas.
Todos en la compañía resultamos ser de sellos distintos.
Me asombro de mi sello. Como si un maya desconocido hubiera escrito algún poema en mi nombre.

lunes, 7 de febrero de 2005

El Che

Ayer vimos "Diarios de Motocicleta". Me pregunto qué hubiera sido de la Argentina si el Che hubiera enfilado la motocicleta para el Noroeste Argentino y no para la Patagonia como finalmente sucedió. Hubiera visto lo que más tarde vio en el Norte Chileno y en el Altiplano. Pero no. Atravesó los pastos dorados y desiertos de La Pampa y llegó a una Patagonia mágica en paisajes, vacía de gente.
Esos ojos de aquel minero chileno son los ojos que hoy aún se encuentran en Jujuy.
Frescos pozos en busca de agua.

domingo, 23 de enero de 2005

Calle Florida

Los escaparates de la calle Florida ostentan un glamour ficticio.
La creatividad a flor de piel y el sudor ajeno: pelos rubios casi blancos, pelirrojos, lacios, enrulados. Vestidos, zapatos de taco, rosas y celestes. Mapas, postales al doble de precio, revistas de moda, de viajes, de utilería en el medio de la peatonal. Música, tango electrónico, zamba y aquellos mariachis importados. Hombres de traje y corbata, maletín negro y mujeres con peinados altos de espuma. Marionetas. Lentes de colores, lentejuelas deslucidas en la falda de un hada de la calle, un hombre barrigudo de camiseta blanca arrastrando un changuito. Diarios sueltos, sonrisas encantadoras en la puerta del Burguer, un vasito de café express chamuscado en las mesas pegoteadas de bebidas colas.
Papeles de oficina.
Distintas lenguas, la nueva mercancía del momento. Seducción: sos de acá, no vos, de dónde, ah, hace cuánto.
Arlt decía que Florida olía a agua florida que no es lo mismo que las flores de Bach.

miércoles, 19 de enero de 2005

¿Recursividad de la lengua?

Io non lo so.
Cuando uno comienza a aprender un idioma primero habla con frases hechas. Repite. Es increíble. Hace tan solo dos semanas que estoy incursionando en el italiano y aún no logro salir de las frases hechas.
scusi,
senti,
prego,
Io non lo so.

sábado, 15 de enero de 2005

Bellas melodías

Tuneful words
are whispered.
There's no vibration.
But then, my little yellow ball
sees me.
I'm the little bird.
The red one.

viernes, 14 de enero de 2005

Collares

El pequinés miraba tranquilo la calle llena de autos.
Los pequineses han sido perros de emperadores y eso les ha dejado una marca indeleble: no permiten que los toque cualquiera. Su porte es orgulloso aunque sean pequeños y su andar macizo.
Ella lo observaba desde la esquina esperando que alguien se detuviera. Nadie. El perro estaba solo. Llevaba el pelo bien cuidado y la mirada extrañada.Cuando la vio comenzó a caminar media cuadra adentro. Ella lo siguió. Se acercó despacito y posó su mano en el cuello del animal. Lo rozó apenas, tan sólo para ver si había algún collar. El pequinés, mansito, se quedó en su lugar mirándola.
Después se sentó frente a una puerta y ladró.
La puerta era blanca y daba a un edificio alto de departamentos. Pero sólo había un timbre. Ella lo hizo sonar. Salió una señora rolliza que al reconocer al perro lo hizo entrar y le agradeció varias veces. Una vez que la puerta se hubo cerrado ella comenzó a alejarse. Deseaba volver pronto a su casa pues en su bolso llevaba las suites para cello de Bach y quería comenzar a trabajar en ellas. Pero alguien la había estado mirando desde la otra esquina. Se acercó despacio y acercó su mano al cuello de ella.
Tan sólo para ver si llevaba collar.

jueves, 6 de enero de 2005

La Dante Alighieri

Llego a la sede de la Dante y pregunto por los cursos de verano de italiano para principiantes. El aire acondicionado me invade suavemente sin alterar mis vías respiratorias. Me atiende una señora bajita, muy agradable, que me pide que llene un formulario desde una computadora que está del otro lado del mostrador. Tecleo mis datos, nombre, apellido, número de documento, etc. Luego aprieto donde dice "finalizar". La pantalla se borra y la señora bajita me mira un tanto apenada. Balbucea que a veces el sistema no les anda muy bien, que va a reiniciar la máquina. Mientras lo hace le hago un comentario irónico sobre lo fácil que era hace unos años llenar los formularios a mano. Y sí, me dice, acá se hacía así y te aseguro que era más rápido. Le creo, le digo, yo vine hace unos años a anotarme a un curso que al final terminé abandonando. Ah, ¿pero vos ya te anotaste alguna vez acá? Sí, pero eso fue hace unos años y jamás rendí un exámen. Ah, pero eso lo cambia todo, por eso la máquina no andaba, decime tu número de documento.
Se lo doy.
Ves, ahí estas, me dice.
Miro la pantalla que muestra una ficha de hace varios años. Lo único que se mantienen igual son mi nombre y mi número de documento. El resto son datos viejos.
Sí, está bien, pero todos esos datos están mal. Ah, no importa, ya estás anotada, esperame que te hago el recibo. Usted no entiende, esa dirección, ese número de teléfono, esa ocupación, todo lo que diga esa ficha no se refieren a mí, esa ficha no le sirve. Ah, pero no importa, después lo cambiamos, lo importante es que estés en el sistema. Sí, pero...Tomá, acá tenés tu ficha de inscripción.
Tomo la ficha color rosa con un sello estampado en un cuadradito azul. ¿Me permite que al menos le dé mi nuevo e-mail y mi nuevo número de teléfono por si necesita comunicarme algo?
Termino por anotar mi presente en una servilletita blanca con ribetes rojos a los costados.

miércoles, 29 de diciembre de 2004

Turismo

En estos días han venido algunos amigos que hace un tiempo viven afuera y hemos aprovechado para pasearlos/nos por todo Buenos Aires:
cafecitos,
helados,
callecitas empedradas,
plazas,
puerto de frutos,
asados,
ferias artesanales,
y para rematar dos días en la isla del Tigre.
Además,
hemos abierto la casa,
hemos cocinado platos típicos,
hemos bebido del buen vino,
y hemos conversado.
Una maravilla.

martes, 7 de diciembre de 2004

Bashevi Singer

Hoy los personajes que me acompañaron tenían nombres como Meshulam, Dacha, Hadassah, Adele, Asa Heshel y Nyunie entre otros.

lunes, 6 de diciembre de 2004

Pájaros


Por la mañana sólo cantos de pájaros. Es extraño, en este barrio suelen escucharse los ruidos incesantes del progreso pujante: la construcción, derrumbamiento de casas viejas, taladros, calles pavimentadas y rieles en pugna.
Pero hoy eran sólo pájaros y una brisa de río.
Y entonces comprendí que sigue habiendo algo de natural en todo esto.

jueves, 2 de diciembre de 2004

Jerónimo Espejo, Recuerdos históricos


-¿De qué país es usted?-preguntó Bolívar al coronel argentino Manuel Rojas, en Quito, en un banquete.
-Tengo el honor de ser de Buenos Aires.
-Bien se conoce, por el aire altanero que representa.
-Es un aire propio de los hombres libres-respondió el argentino, inclinándose.

martes, 2 de noviembre de 2004

Vocalizando

Una sala. Ella, los ojos pícaros y un cuerpo que es una caja sonora vibrando cuando habla. Me acerco a su piano y me miro los labios en el espejo apoyado. Mom mom mom mim mem mam mom mum miam mum mam.Durante una hora me arqueo como un pájaro de cuello largo. Allí, profundo en el centro, manos que titilan. Tomo aire y parezco una princesa haciendo reverencias. Voy limando las asperezas, voy subiendo, subiendo, hasta coronarme.
En el espejo vuelvo a ser Florencia. Guardo la voz despacito y me retiro al sol de la tarde y al bullicio que me depara en la avenida Santa Fé.

lunes, 1 de noviembre de 2004

Fuegos

Ensayo Fuegos, la opera prima de mi amiga Laura Torrecilla. Los sombreros de ala ancha están bien. Digo "ya" y todas corremos hacia algún lado. Las polleras derrochan perfumes y femeneidad. Un mundo de talcos, plumas y besos robados de un púrpura furioso. Los zapatos de taco y unas caderas ondulantes, piel de manzana. Campanitas y pasos pequeñitos. Con tacos altos. Pisoteando un montón de cabezas aplastadas. Caemos con los cuerpos efímeros y el perfume se derrite en una red de telarañas. Ya basta. Niñas tan bonitas que no saben besar, niñas tan bonitas viejas y ajadas.
Fuegos.
Destellos.
No llegan a encender una fogata.
No ven: las bailarinas se transforman en marionetas de un fuego que no acaba de incendiar.