viernes, 24 de mayo de 2024

que ves el cielo

 8:01 de la mañana. Nico acaba de salir con el auto rumbo a su trabajo. Estoy sentada frente al escritorio con un mate calentito en la mano traduciendo mi primer sutra de Patañjali. Tengo una hora para sumergirme en el mundo del sánscrito y ya después llega Mariano a arreglar no se qué del techo. Pero entonces suena mi celular. Debe ser Mariano, pienso, que llega más temprano o que se le hizo tarde o que se agarró dengue otra vez o vaya uno a saber qué. Pero no. Es Nico. Nico me llama al celular. Pienso, le pasó algo. Atiendo con un poco de temor. Amor, ¿pasó algo? Me responde: la luna, se ve la luna redonda, hermosa, espectacular ¡y son las ocho de la mañana! ¿Para qué lado?, le pregunto confundida. Estoy mirando por la ventana que da al este y veo que el sol empieza asomar todo rojo entre las nubes. ¡Subí a la terraza, mirá para el lado de panamericana! Ah, Panamericana es el oeste. Cambio de ventana. La luna se ve majestuosa, redonda y blanca. Y sí, son las ocho de la mañana de un viernes, aún Nico me llama para compartirme estas cosas y tenemos la suerte de tener ventanas que dan a ambos puntos cardinales. 

domingo, 28 de abril de 2024

No sé que es esto pero yo escribo

Algo que me gustó de Perfect Days es que si bien el personaje está atravesado por un duelo Wim Wenders decide no contarnos de qué se trata. Lo sabemos/intuimos por esa sobrina que en la mitad de la película viene a visitarlo y a quedarse con él y luego la madre de esa adolescente que la viene a buscar con chofer en un lujoso auto. No entendemos por qué él decide vivir así pero es claro que algo debió sucederle. Parece vivir sencillamente. Intuimos que encuentra cierto alivio en esa repetición de pequeños actos, en un trabajo repetitivo como lo es limpiar baños, sin mayor creatividad que la de limpiar, repasar y ordenar el desorden de otros. Pura eficiencia, puro servicio. 
Hay algo del estar "al servicio" que te da invisibilidad. Algo que para muchas personas es aterrador. En realidad es ciertamente un poder. Que no se vea no significa que no sea valioso porque cuando eso falta todo se desbarajusta. Lo invisible se hace visible en el caos. Ya lo dice el hombre detrás de la barra que le sirve la bebida luego de su largo día de trabajo: ¡por tu gran esfuerzo!

La película es muy visual y la banda sonora es preciosa. Siempre Wim Wenders nos hace conocer algo y yo se lo agradezco. Con Lisbon Story nos hizo leer a Pessoa y escuchar a Madredeus. Con Perfect Days nos hace escuchar a Lou Reed, a Patti Smith y conocer The Tokyo Toilet Project (googleen, es muy interesante).
Algo cambia en el devenir de este buen hombre y se ve en sus fotos que capta una y otra vez con una cámara manual. La única persona que aparece en esas fotos es su sobrina. El resto son fotos de copas de árboles. Fotos que no tienen observador. Es el dispositivo puesto de una manera tal que capta una imagen que luego es revelada todas las semanas. Ese pequeño cambio de elegir sacarle una foto a su sobrina es indicio de que ha habido encuentro, de que algo se ha habilitado.
Para mi la película es hermosa pero he leído varias críticas enojonas. Algunos la desdeñan o la tildan de sosa. Las críticas no siempre tratan de la obra/texto en sí mismo sino de la necesidad de decir algo a través de eso. Hace tiempo que ya no leo críticas o si las leo lo hago con una semi sonrisa en los labios. Sé perfectamente como se construye la crítica (Lic.en Letras, gajes del oficio) y pienso que ya pasé por ahí, me hizo mucho daño. Fue una etapa, la agradezco, me dio lentes para ver el mundo pero ya no los quiero.

En otro orden de cosas, unas semanas más tarde, vi Drive my car (está en Netflix). Dura tres horas largas. Digo esto porque quizás si la hubiera visto en el cine no las hubiera sentido tanto. Pero ya se sabe que ver cosas por la computadora tiene otro ritmo. Fue por un intercambio que tuve con Guille por whatsap. Me dijo que me iba a gustar, que a él le había gustado mucho, que transcurría en Japón. Sabe que a mi todo lo relacionado con Japón me atrae.
Se le olvidó decirme, sin embargo, que la película estaba basada en un cuento de Murakami. Leí a Murakami a mis treinta años. Amé sus novelas El pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla, Tokyo Blues. En ese momento no me gustaron muchos sus cuentos. Eran cuentos viejos, una compilación que publicó Anagrama aprovechando el gran éxito editorial de Murakami pero se notaba que algo ahí no estaba del todo maduro.
Drive my car está basada en un cuento que se publicó en un libro llamado Hombres sin mujeres publicado también por Anagrama en el 2014.
Esto lo supe después de ver la película porque cuando la empecé a ver no me di cuenta. En realidad aparece anunciado al principio con subtítulos bien grandes pero se ve que yo no lo vi y menos mal porque me iba a predisponer mal.
El teatro es central en la película, especialmente el teatro de Chejov. Es extraño escuchar a Chejov en lengua japonesa (también aparece en coreano ¡y hasta en lenguaje de señas!). Todo eso traducido al español en subtítulos, para que yo, al menos, lo entienda. Pero la verdad es que no importa en que lengua leas o escuches a Chejov. El duelo es universal para toda la humanidad. Todos perdemos algo. Es la ley de la vida. Y eso Murakami lo sabe muy bien. En Drive my car todos los personajes están atravesados por algún duelo. Pero a medida que avanza la película, Chejov se les va metiendo en el cuerpo, haciendo carne, para bien y también para mal. Cada uno atravesando su dolor y oscuridad.
Algo de la oscuridad se resiste en algunos, otros sucumben a ella.
Es una película entretejida por varios lenguajes: el cinematográfico, el literario y el teatral. Al final, hay redención.
Es realmente muy hermoso el final.

domingo, 21 de abril de 2024

 Algo interesante de estar estudiando sánscrito es que para una gran parte de la cultura védica antigua es una lengua sagrada, eterna. Si los Vedas son textos revelados, es decir, que no fueron escritos por ningún ser humano, son textos eternos, estuvieron siempre. 

Entonces si los Vedas son textos sagrados, el sánscrito debe ser una lengua sagrada. Los mimamsa sostienen, por ejemplo, que existe una firme relación entre la palabra sánscrita y su objeto (presupuesto que la lingüística moderna de Saussure destierra por completo y por eso los lingüistas no son filósofos ni se hacen estas preguntas).

Pero lo cierto es que el sánscrito tiene una gramática increíblemente rica y muy bien descripta. La gramática de Panini es una de las gramáticas más antiguas y fue escrita bajo esta creencia, de que el sánscrito es una lengua revelada. Si los Vedas son eternos, la lengua sanscrita también debía ser eterna y por ende debía ser estudiada. Estudiar sánscrito se constituyó un modo de acercarse a la fuente divina. Cuando Occidente descubre la gramática de Panini no puede creerlo. Y de hecho, la lingüística comparada tan cientificista y positivista que tuvo tanto auge en el siglo XIX y principios del XX le debe muchísimo a esta gramática de Panini.

Nada, eso, que a mi descubrir las relaciones de estas cosas me emociona. 

Qué se yo. 

sábado, 20 de abril de 2024

 "Los viejos se van muriendo y nosotros nos vamos arrimando". Fue el pensamiento que tuve durante el velorio de una tía de Nico. 

Es tan extraño y anacrónico lo que sucede en los velorios, esas salas feas que se quedaron en el tiempo con paredes decoradas de piedra, machimbre y melamina. Todo color marrón o negro. La otra sala, donde descansa el cuerpo está completamente azulejada y nunca falta un Jesús en la cruz. Nada es agradable allí y, sin embargo, sucede algo curioso. Entre toda esa fealdad están los abrazos, los besos, las lágrimas que limpian, los recordatorios, las anécdotas. Unos se presentan, otros se miran tratando de reconocerse en el tiempo. El muerto une a los que hace mucho que no se ven y se recuerdan. Había un lazo allí que se fue perdiendo. Y entonces surge esta idea de volver a vernos en otro sitio que no sea ese, en otro encuentro que no sea el del muerto. Pero ya está, es allí. Es por el muerto que estamos allí. Y sabemos en el fondo que no vamos a encontrarnos en otro lugar y está bien, no importa porque cada uno tiene su vida. 

sábado, 13 de abril de 2024

 Ayer durante la clase practicamos las ondulaciones de la columna que estoy estudiando con Diego en Qi gong. Las asanas sirvieron como una oportunidad para sentir los movimientos del Qi (prana o energía vital). ¿Qué sucede si flexiono las rodillas y borro la curvatura de las lumbares y visualizo que hundo el sacro en la tierra? ¿Qué sucede cuando abro los brazos y hago un pequeño gesto con los dedos de las manos y empujo los pulgares hacia atrás abriendo bien las palmas? 

-Acá atrás (se refería a sus omóplatos) están pasando un montón de cosas- me dijo una estudiante. 

Me quedo con las devoluciones hermosas que me hicieron al final de la clase. La energía danzada es la más poderosa de todas. Quien se anima a danzar la energía se establece en su ser. 

jueves, 11 de abril de 2024

curvo

 Se avecina el otoño, otra vez el aire vuelve a cambiar. Siento mis manos cansadas como hojas de un árbol que quieren caer. Se habla tanto de curación pero no de respetar los propios ciclos. Llego a asquearme de mi misma porque no encuentro vocabulario para hablar de lo que hago. De todos modos, no es realmente importante. Qué estructura tan noble el lenguaje. 

Hoy me espera caminar el horizonte de esta ciudad. Guardo las uñas para después. Voy a necesitar ese filo. Pero hoy voy a caminar un buen rato. Los pensamientos viejos para deslizarse necesitan movimiento del afuera, con el afuera. Redondo adentro, redondo afuera. Suavizar todo lo que se pueda. El universo es curvo.

Es todo lo que me interesa hoy. 

miércoles, 10 de abril de 2024

 Ayer a la noche me quedé hasta tarde dibujando las guturales sordas, sonoras y nasales del sánscrito en devanagari (me encantaría tener el teclado que permite distinguir las vocales largas y breves de sánscrito pero no sé bien cómo, tengo que preguntar). Luego pude transliterar algunas palabras. Ya sé cómo se escribe el río Ganjes y me dio mucha alegría. 

Es muy extraño lo que sucede en el cerebro cuando se aprende un idioma nuevo. Pero cuando además se aprende un alfabeto nuevo con reglas tan distintas del alfabeto latino (que es el usamos nosotros) el cerebro entra en otra sintonía. Me recuerda en parte a cuando estudiaba griego antiguo que también tiene un alfabeto distinto. Era como entrar en otra dimensión. Una parte de mi mente se apagaba y otra parte de mi mente se encendía. 

Ahora también me pasa. Sigo con mi método de repetir y repetir hasta que me salga. Al principio las letras me salían con manchones. Intenté hacerlo más elegante. Busqué entre mis cartucheras mis viejas lapiceras de tinta. Tuve que limpiarlas porque del poco uso se había secado la tinta y no corría. Qué placer sentir el trazo suave de la tinta deslizarse sobre el papel. Como cuando respiramos en un asana determinada y es agradable estar ahí, quedarse allí un rato, observando. 

Escribir con el cuerpo, con la mente, con la mano y el corazón.  


lunes, 8 de abril de 2024

Leo Diario de la dispersión y me da mucha tristeza que Rosario se haya muerto. Al mismo tiempo me da ternura que haya intentado en los meses previos a su muerte escribir un libro sobre su "método" creativo. Que la dispersión sea un modo de crear me parece una idea innovadora. Especialmente porque rompe con una suerte de exigencia de concentración o foco que el discurso poderoso promueve. Al mismo tiempo la dispersión que ella promueve es una especie de foco en movimiento. El foco está en todas esas experiencias y prácticas creativas que ella va narrando a lo largo de su diario. En realidad pareciera que el foco está puesto en lo creativo, en el acto de crear como algo en sí mismo pero que implica atravesar muchas acciones como mirar, escuchar, leer, diseñar, escribir, tocar un instrumento, estudiar algo, pintar, tejer, coser... y en el centro de todo eso... el amor.

domingo, 7 de abril de 2024

Me propuse aprender de una buena vez los estiramientos de Qi Gong para los 12 meridianos. Los aprendí hace mucho con Diego pero nunca los supe bien de memoria. Me gustaría poder dominarlos para no tener que pensar cómo los hago. Hacía mucho que no practicaba Qi Gong. Vengo con unos dolores en las articulaciones y siento que la práctica de asanas no está ayudando para nada. El Qi Gong tiene unas ondulaciones que no hay con qué darle, son hermosas y ayuda a que todo se vuelva redondo. La energía no va por líneas rectas. No hay aristas en los meridianos. Redondo adentro, redondo afuera, marcaba Diego en las clases.

Tengo unos videos de las clases que tomé durante la pandemia. Así que los puse y empecé a practicar. Me propuse un método. Practico con la voz del video un par de meridianos y luego paro el video y vuelvo a practicar ese mismo par sola, con mi respiración, sintiendo. Luego continúo con otro par. Paro el video y practico el primer par que ya había practicado antes y le añado el nuevo. Hoy llegué hasta el cuarto par de meridianos (V-R). Me faltan dos pares más para completar pero hoy no me da más el cuerpo ni la mente. Es una serie larga e intensa. Fue muy lindo conectar con mis meridianos desde el Qi Gong. Sentir la energía fluir adentro y afuera. Llenar, vaciar, mezclar. 

miércoles, 3 de enero de 2024

Bhakti yoga

A mediados de diciembre fui a una charla que daba Edwin Bryant en el edificio nuevo de Puan. Podría haberla visto en el cómodo sillón de mi casa con la computadora ya que la transmitían por zoom pero para mi era importante asistir. Tomé el viaje hacia a Puan como una peregrinación. Después de todo los yoguis han hecho viajes muchísimos más largos para encontrarse con sus maestros. Un viaje a Puan tenía mucho sentido para mi. 

Perdonen una digresión que describe la clase de profesor de filosofía que es Edwin. Pueden encontrar varias de sus clases en su website de la Universidad de Rutgers:

Si tienen la posibilidad de comprender... que hay un poder mas alto que ustedes... Es que es tan obvio. ¿Cómo podríamos ser nosotros la última verdad? Estamos en maia (ilusión), amigos míos, y vamos a tener un montón de problemas tratando de explicar maia. ¿Qué es esto... maia? ¿Qué significa? ¿Quieres hablar de filosofía, o no? Necesitamos honestidad y humildad para comprender que hay un poder más alto que nosotros mismos. ¿Quieres ser un racionalista? Hay un orgullo allí. Es un tipo de orgullo. Te vas a colgar de tu intelecto... vas a navegar este Samsara desde tu ego, bueno, buena suerte con eso. Volvé en un par de vidas y fijate como te va.

(La traducción es mía)

Por suerte hay muchos, muchos, muchos caminos. Porque la gracia es que todos nos encontremos al final con Bhagavan. Dicen los hinduistas que Bhagavan sólo quiere nuestro amor. Pero incluso si nuestro deseo es perdernos en este mundo de placeres y engaños, no hay ningún problema, podemos vagabundear por este Samsara por miles y miles de vidas. Nadie se enoja con nosotros ni nos manda al infierno. Simplemente seguiremos enredados en esta telaraña de vidas entretejidas donde el deseo, el amor y la violencia florecen. Pero si queremos liberarnos del Samsara podemos elegir jugar con Bhagavan por toda la eternidad y disfrutar de su dicha. 

Hay quienes no buscan a Bhagavan, no creen en su existencia, no se inmutan con la idea de un ser superior. No pasa nada. Bhagavan no se inmuta si no creés en su existencia. No hay una tragedia aquí. Incluso si creés en otros dioses, Bhagavan te da la fe para que veneres esos otros dioses. Está todo bien.

Con esta aseveración, disculpen, me hice fan de Bhagavan. 

lunes, 13 de noviembre de 2023

La era del hielo

En la película Puan hay un momento en que Marcelo, el profe de filosofía está explicando la parábola del erizo de Schopenhauer. 
Comienza haciendo la mímica del viento, hace unos sonidos con la boca indicando una gran tormenta y luego le pide a sus alumnos que imaginen que afuera hace muchísimo frío y hay dos puercoespines que se encuentran con una gran necesidad de darse calor mutuamente. Para ese fin buscan la proximidad de sus cuerpos pero cuanto más se acercan, más dolor se causan por las púas que tienen. Y ahí está el dilema: morirse congelados y solos o acercarse, darse calor y... lastimarse. Van, entonces, cambiando la distancia hasta que encuentran la separación óptima (la más soportable) para darse calor pero no herirse. 
Y entonces remata: esa es la distancia entre ustedes y el Estado.

domingo, 11 de junio de 2023

¡Qué bien que hicimos en venir!

Ya estamos en junio, hace un frío de cagarse y estamos yendo a ver a Jaime Roos con nuestra amiga Pixie que cumplió años y se autoregaló este recital inmenso. Hacía ocho años que el tipo no tocaba en Buenos Aires. Llegamos temprano y hay una piba tocando en el escenario. Se llama Noelia Recalde y es hermoso lo que hace. Ella solita, con una guitarra conmueve y nos hace amable la espera. El Luna se empieza a llenar. Afuera hace mucho frío pero adentro el amor al candombe genera un calorcito especial. Pasadas las 21 empieza el show. El público bate palmas al ritmo del candombe y nosotros nos sumamos con devoción. Jaime arranca con "Los futuros murguistas". La banda está completa. Reconocemos a los hermanos Ibarburu. Nico, el "pibe guitarra" que a los veinte años era un pibito que la rompía en el escenario. Hoy, veinte años después, es un "señor" como nosotros y la sigue rompiendo. El hermano, Martín Ibarburu en la batería no se queda atrás. Todos están hermosos, brillantes. Nos sumergimos en el mundo musical de Jaime Roos, ese ensamble espectacular y muy particular de rock, murga y candombe. ¡Qué bien que hicimos en venir!, exclama Ana emocionadísima. Y dan ganas de abrazarnos, de bailar. Se nos vienen al recuerdo esos años de ir a Uruguay a escuchar los tablados en Carnaval, febreros de cruzar con el Eladia Isabel a Colonia, tomarse un bus a Montevideo, estar tres, cuatro días, luego volver. Pero esta noche es un regalo, un hermoso regalo de este artista inmenso que nos regala una a una sus perlas. Toda una retrospectiva de canciones que amamos y que hace que esa masa de gente que es el público se amalgame en el amor a la música. 

Qué bien que hicimos en ir, che, qué bien. 

viernes, 7 de abril de 2023

Cumplir un sueño

Dormimos unas horas pero el jet lag del primer día te embriaga. ¿O es el amor? ¿O es la adrenalina? ¿Por qué no vinimos antes? ¿Qué era lo que nos retenía de saltar un océano y salir de la periferia? Eso ya no importa, se va desvaneciendo en esta incómoda sensación de caminar las ramblas de Barcelona y sentir la muchedumbre de la semana santa española. La ola de gente te empuja pero estamos tan borrachos de sueño que no nos importa, nos dejamos llevar. Hay una musiquita que suena en mis oídos y que sonaba en el avión de ida. Mi cerebro no para.

Vamos a comer a un lugarcito cerca del hotel donde estamos parando. Se llama APZ. Está bien ranqueado en google. Es un lugarcito muy pequeño, en el barrio gótico atendido por su propio dueño. Los que almuerzan allí son gente habitual, casi no hay turistas. Me dejo llevar por el acento. Qué lindo como hablan todos. Nos traen aceitunas y pan para picar. El pan es increíble y las aceitunas... mi paladar se despierta. Hay menú. Primer plato: paella. Segundo plato: lenguado. Lo miro a Nico con los ojos abiertos como platos. ¿Primer plato paella? Sí, me dice, pero es una paella chiquita. Y sino pedite una ensalada. Pido la ensalada y de segundo el lenguado. Quiero probar todos los pescados que pueda. Llegan los primeros platos: paella para él, ensalada para mí. Mi ensalada tiene al atún más delicioso que probé en mi vida. Los españoles no cortan el tomate, te lo sirven en bocados enormes. La lechuga es fresquísima, crujiente. Quiero comer así todos los días, le digo a  Nico. Esto no es nada, me dice. Vas a ver lo que es comer en España. 

Caminamos como borrachos pero ahora con la panza feliz. Quiero ver el mar, le digo a Nico. Está para allá, me dice. Rumbeamos al mar pero en vez de mar hay un puerto y se ve una franjita de agua chiquita. Para ver el mar de verdad hay que irse del centro. Ya vas a ver el mar, me dice Nico. Volvemos y la gente nos empuja, Encuentro un paraguas colgado en una esquina de la rambla y le saco una foto. 

¿Vamos a ver la casa Batlló? ¿La de Gaudí? Nos metemos en el Paseo de Gracia. Ahí me estalla el corazón de la belleza. Miro las farolas, los bancos para sentarse. Todo es modernismo catalán. Esas formas redondeadas que invitan a la felicidad. La casa Batlló está llena de gente. Un mar de personas en la puerta de entrada. Sale 50 euros entrar a la casa. Volvemos. No importa, Quien necesita ver una casa si puede ver una ciudad donde Gaudí esta por todas partes. 

Por la noche ceno las primeras tapas de mi vida. Hasta hoy nunca había comprendido el concepto de lo que es una tapa. En Buenos Aires no existe el concepto. Croquetas, tortillas, cornalitos, aceitunas. Lo acompañamos con unas cañas. Y luego el sueño nos vence.

jueves, 6 de abril de 2023

Luna de miel

Lo primero fue el aeropuerto de Barcelona, plena madrugada para Europa (nosotros estábamos cursando la medianoche), la cola de los que no éramos europeos y tener demostrar que no somos migrantes sino turistas que venimos a conocer un país. ¿Vais a quedaros un mes? Mostramos el pasaje de avión de vuelta, las reservas de los hoteles. ¿Vais a ir a Andalucía? Al policía se le iluminaron los ojos por el recuerdo del sol del sur de España. Y yo que nunca había visto que a un policía se le iluminaran los ojos en el ejercicio de su trabajo mucho después supe por qué. El sol en Andalucía en primavera es lo más maravilloso del mundo que conocí hasta hoy.

Lo segundo fueron los 9 grados con los que nos recibió la primavera de España. Veníamos de los 25 grados del incipiente otoño en Buenos Aires sin contar además con las olas de calor de marzo que habían azotado la semana previa a nuestro casamiento. A último momento antes de ir a Ezeiza había manoteado un abrigo "por las dudas". Apenas salimos del aeropuerto abrimos las valijas y nos cubrimos con el poco abrigo que habíamos traído. El aire nuevo y la luna fría nos recibió con un manto de piedad. Bien, algo era conocido. Como no habíamos contratado roaming teníamos los celulares muertos. Ninguna señal. Sólo marcaban la hora local y la hora de nuestro allá que se había quedado del otro lado del Atlántico, bien al sur, mucho más al sur de lo que ningún andaluz se puede imaginar. Reconocer que somos australes empezando a caminar un centro.

Lo tercero: el aerobus que te saca del aeropuerto y te lleva a la ciudad. Las luces, el olor a nuevo. El aerobus tiene wifi y aprovechamos a actualizar el estado de situación. Enviamos mensajes a la familia: ¡llegamos bien! Bajamos en plaza Catalunia que está silenciosa y vacía salvo por algunos turistas como nosotros que intentan ubicarse. Empezamos a caminar deslizando el equipaje por sus cuatro rueditas que giran perfecto. Todo es fácil... ahora comprendo perfecto la frase que dice: "todo va sobre ruedas".

Lo Cuarto: el viaje fue largo, casi 13 horas en un avión. Llegamos al hotel y aun no han cambiado la guardia. El hombre nos dice que hemos llegado muy temprano, que el check in es a las 15. Son las 6:30 am. Afuera sigue siendo de noche. Estamos tan felices de haber llegado que no nos importa. Nos acomodamos con nuestros bártulos en unos sillones. Adentro del hotel se está calentito, la energía se siente lenta, adormilada. A los 15 minutos entran las recepcionistas de la mañana. El aire cambia. Una señorita se nos acerca y nos dice que hay una habitación lista para nosotros. Eficiencia. La mañana entra en el cuerpo. Listo. Llegamos.