10 de octubre de 2016

La espera

-¡Aión! ¡Aión!
Lorenzo grita, se entusiasma, está emocionado porque acaba de ver surcando por el cielo del jardín de mis papás un avión.
Por ese cielo pasan aviones cada media hora. Sucede que estamos en una ruta por la que pasan aviones. Después de un tiempo un adulto ya no escucha los aviones pero para un niño de dos años que ama ver aviones volar es como estar en plena platea de un teatro celeste y brillante.
-¡Aión, vola!
-Sí, ¡el avión vuela!
Nosotros, los adultos nos sonreímos ante la alegría de Lorenzo. Pasa un avión y todos gritamos, saludamos, sonreímos.
Lorenzo se queda parado mirando el cielo. El avión acaba de pasar pero él sigue expectante.
-¡Aión! ¡Aión! ¡Se fue!
-Sí, se fue, hay que esperar a que venga otro.
 -¡Espeia!
-Sí, eso esperar.
Entonces sucede algo. Lorenzo se sienta en su sillita a mirar el cielo. Espera aviones. Espera con paciencia. Escruta el cielo. Emocionado.
Cada tanto me aclara:
-¡Espeia!
Ya tiene dos años y está aprendiendo lo valioso que es esperar. 

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