24 de diciembre de 2016

Sol, aire, luz

Sábado de Nochebuena. Temprano por la mañana viene Octavio a casa con su caja de herramientas. Le ofrecemos mate o café pero dice que no, que está operado de reflujo.
Le muestro la persiana baja, el cuartito está sofocante. Hemos estado todo el invierno y la primavera con la persiana cerrada en este cuarto. Se cortó la correa y no sabemos (no queremos) cambiarla. Hay otros cuartos, otras ventanas pero la ventana de este cuarto en particular está cerrada.
En invierno estaba bien, el cuarto era como una madriguera. Calentito, oscuro. Pero el verano pide ventanas abiertas. Así que necesitamos a Octavio.
Octavio vino porque mi mamá me lo recomendó. También le arregló una persiana que estaba cerrada hacía mucho tiempo.
Viene de familia, como verán.
Octavio acomoda su caja de herramientas y empieza a trabajar. Saca tornillos, cae un poco de mugre, mampostería, desencaja la tapa del taparollos y ahí empieza lo lindo. De pronto la persiana se abre. Se abre y vemos el jacarandá de la calle que está dando sus últimas flores porque ya estamos terminando diciembre y los jacarandás ya han florecido. Finalmente Octavio termina de hacer su trabajo y la ventana queda abierta.
Hay sol, aire, luz.
No creemos en Cristo pero es como si creyéramos.
Feliz Nochebuena para todos.

1 comentario:

Jorge Curinao dijo...

A veces el mundo puede ser una ventana. Feliz Nochebuena!

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