26 de abril de 2017

En otro orden de cosas

Amo mi trabajo.
No hay placer más grande que disolver el sufrimiento de alguien. Hacer algo con las manos y que lo que era doloroso deje de serlo.
A veces pasa por indicar muy suavemente que aquí hay lugar y, oh, maravilla, aquí también. Voy llevando las manos hacia lugares donde la conciencia se había olvidado de su existencia. A veces la conciencia se achica tanto que nos deja encogidos en centímetros cuando tenemos metros y metros para abarcar.
Amo mi trabajo.
Alguien que tenía miedo de vivir hoy siente confianza en sí mismo.
Alguien que le dolía el hombro ya no le duele más y puede levantar su brazo.
Alguien que sentía su corazón encogido en un puño hoy siente que puede respirar.
Alguien que perdió algo muy preciado hoy siente que encontrará algo nuevo.
Alguien que lloraba todos los días hoy se puede reir.
Alguien que tenía su estómago cerrado hoy siente que la vida es sabrosa.
Alguien que se ahogaba de rabia hoy siente que puede construir.
Amo mi trabajo.
Un inmenso gracias a todos los que se acercan y confían en mí.  


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