14 de julio de 2017

Tensión y relajación

Cuando elegimos no continuar con el diálogo interno, el rumiar o el ensueño, nos bajamos de la rutina del pensar. Podemos simplemente concentrarnos en el cuerpo en lugar de los pensamientos. La atención puesta en el cuerpo permite que la energía circule por canales que rara vez se usan. Suavemente, el cuerpo despierta.
Al aumentar la conciencia de las sensaciones físicas, cuerpo y mente comienzan a comunicarse. Un masaje en los pies o una charla sincera desencadenan relajación y liberan bloqueos de energía que se formaron hace mucho tiempo atrás. Al disolverse el exceso de tensión, suben a la superficie recuerdos y sentimientos reprimidos que nunca fueron totalmente reconocidos.
Ser capaces de abrir el corazón y de expresar lo que tenemos en la mente fomenta este tipo de relajación genuina, ya sea que ocurra en una psicoterapia o con algún amigo íntimo. El contenido de las historias que surgen en esos momentos no tiene demasiada importancia; en algún momento podemos incluso querer revisarlos o anularlos.
Pero primero hay que expresarlos, aunque sólo sea ante nosotros mismos, para así liberar la energía que viene con ellos. La relajación ocurre cuando la energía comienza a fluir nuevamente. Si avanzamos un paso más y entramos en el flujo del sentir, pueden ocurrir profundas transformaciones.


Vivir sin arrepentimiento, Arnaud Maitland

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