jueves, 16 de abril de 2026

Un agujero de cenizas

A mediados de los ochenta, mi abuela Cata me pasaba a buscar por el colegio británico primario y me llevaba al Tanti a comprar maníes recubiertos de chocolate antes de tomarnos el 71. Por ese entonces vivíamos en una casita muy pequeña en el límite entre Olivos y Martínez. Me encantaba ir al Tanti con mi abuela. Era un supermercado pequeño de color naranja. No era un supermercado práctico porque tenía pocas cosas y caras, decía mi mamá. Para nosotras (mi abuela jubilada y una niña de ocho años) era práctico porque nos quedaba de paso para ir a la parada y luego de la compra de los maníes con chocolate nos tomábamos el colectivo para volver a casa. Era perfecto.

Alabada sea la infancia.

Ya iniciado el nuevo milenio el Tanti dejó de existir como tal. Había sido comprado por la cadena de Supermercados Norte. Fue en ese súper donde un día de diciembre del 2001, días antes de Kosteki y Santillán y la huida de De la Rúa en helicóptero, empezaron a anunciar en altavoz que iban a cerrar el supermercado porque venían a saquear el lugar. Recuerdo estar parada frente a una góndola con mis flamantes 23 años y un paquete de arroz en la mano. Las luces blancas del supermercado, el sonido de alerta, la horda de gente afuera del super queriendo entrar. La piel erizada por el miedo pero por debajo de ese miedo, el deseo de que todo esto se hundiera en un gran agujero de cenizas.

Hoy es un Carrefour. Me queda algo de plata en la cuenta y estamos a mediados de abril. Tengo casi cincuenta años. Me hago una listita de los productos que quiero para hacer una sopa, una tarta, tal vez alguna ensalada y algunos productos de limpieza. También compro cepillos de dientes nuevos. Mientras paseo con mi carrito de plástico -que rueda de maravillas- me asalta una imagen. Es mi abuela Cata que me ofrece maníes de chocolate. Le sonrío a la abuela mientras me pongo en la cola para pagar. La abuela se acomoda a mi lado. Silenciosa. El gran agujero de cenizas se agrandó tanto que todos nos pusimos cómodos y vivimos dentro. Mientras tanto, seguimos haciendo la cola que es infinita y avanza.

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