Día pseudo primaveral. Le di duro y parejo al jardín. La verdad es que está bastante abandonado desde que murió mamá y comenzó la obra de al lado.
Hoy básicamente corté el pasto, saqué parte del cemento pegado que se cayó de la obra de al lado, limpié el quinchito de atrás. Eso implicó correr macetas, baldear, barrer, acomodar mejor los trastos que hay ahí. Los gatos me miraban raro pero me sentí bien haciendo esto. Después regué bastante. Es cierto que hubo poco sol pero también hubo poca lluvia. Lo del cemento es todo un tema. Subieron la medianera y dejaron un escalón donde se cayó bastante cemento. Con una espátula estuve sacando el quilombo que dejaron. También tengo que hacer cosas adelante pero mi espalda tiene un límite.
Me gusta meter las manos en la tierra, sacar la maleza, darle lugar a las plantas. Hay un hongo negro que está atacando a la rosa china, no sé que haré aún con el limonero. Lo corté un montón pero aún no me animo a sacarlo. Parece un pájaro de cuello largo y desplumado. Y hablando de pájaros ya no saben dónde vivir los pobres. Sacaron el azarero de Lina que era su hogar. Mis plantas no son tan añejas y además tengo dos gatos, mal lugar para hacer nidos. ¡Ese azarero era un gran árbol! Ya no queda refugio. Ya no queda nada de su casa original. Nada. Todo es cemento ahora. Levantaron la medianera y ahora veo un muro. Sé que lo cubriré de plantas. Por eso tengo que volver al jardín. A mi jardín. Hacerlo hermoso otra vez. No me va a ganar ese hongo negro, no. Ni el cemento. Ni los nuevos vecinos. Están haciendo una pileta. Se ve la tierra desnuda. Pobre vieja si viera en lo que se convirtió su jardín. Pero Lina ya no está aquí entre nosotros así que nada de pobre. Ojalá haya trascendido, como decía ella.
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