Hay frascos,
un mostrador gastado
y la moza joven que hace cuentas.
Ella pide más leche para su taza y él un bagel con queso crema.
Gracias, por favor, te quiero.
Sus manos descansan en los dedos muy finos de ella.
Gracias, por favor, te quiero.
Las farolas por encima de sus cabezas iluminan una idea.
Meriendan la vida de ese instante
un domingo de sol
y ese sí que empuja al amor
a delatarse.
domingo, 29 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Talismán
I have my books and my poetry to protect me
Simon & Garfunkel
Hay en mi cuartouna parecita desnuda.
Allí pondría mi biblioteca pequeña.
No tengo que tocarla
sólo necesito
de unos cuantos libros
y sus poemas cerca.
Arte
El pincel canta
minúsculas notas negras
en el plasma de su sangre.
El pincel crea
una arritmia leve
en el músculo central.
Y alguien a eso
le llama
amor.
minúsculas notas negras
en el plasma de su sangre.
El pincel crea
una arritmia leve
en el músculo central.
Y alguien a eso
le llama
amor.
miércoles, 25 de junio de 2014
Para usted
Todo tiene su recompensa
en el sueño de anoche
una laguna de recuerdos
y los flamencos aleteando
la zamba añeja que el amor nos brindó.
en el sueño de anoche
una laguna de recuerdos
y los flamencos aleteando
la zamba añeja que el amor nos brindó.
martes, 24 de junio de 2014
La enfermedad
Hoy me toca
pelar verduras
desgajar, hervir, asar.
Hoy busco un sabor.
Algo
que alivie este aburrimiento.
Los cereales se han hidratado
-todo es tan saludable-
que el asco invade mi hambre.
Hasta el gato toma té.
pelar verduras
desgajar, hervir, asar.
Hoy busco un sabor.
Algo
que alivie este aburrimiento.
Los cereales se han hidratado
-todo es tan saludable-
que el asco invade mi hambre.
Hasta el gato toma té.
miércoles, 18 de junio de 2014
tesoro
Escribo entre pelos y garras. Suavidad y dureza.
Aún me falta descubrir
el tesoro que alberga una garra
para abrazar la suavidad de una piel.
Tinta china
Si al menos escribir fuera como antes. Pero no sale fluido.
Es por los mocos. Es eso. Son los mocos que me pegotean las palabras.
O, quizás, es que perdí la fluidez.
Hubo un tiempo en que no necesitaba de las imágenes ("hubo un tiempo en que fui hermoso y fui libre de verdaaaad"). Las palabras bastaban. Pero las imagenes tienen colores. Las palabras no. Y todos queremos una vida en colores.
Entonces ¿qué es este minimalismo?
Un intento de hacer de este blog una tinta china.
Es por los mocos. Es eso. Son los mocos que me pegotean las palabras.
O, quizás, es que perdí la fluidez.
Hubo un tiempo en que no necesitaba de las imágenes ("hubo un tiempo en que fui hermoso y fui libre de verdaaaad"). Las palabras bastaban. Pero las imagenes tienen colores. Las palabras no. Y todos queremos una vida en colores.
Entonces ¿qué es este minimalismo?
Un intento de hacer de este blog una tinta china.
martes, 17 de junio de 2014
Teardrop
No sé bien por qué hace bien escribir. Pero algo hace. A la gente cuando está mal le dicen: escribí, escribí, sacalo afuera.
Escribir es algo que sale por los dedos pero se origina ADENTRO. Y el adentro es algo que no se sabe muy bien qué es ni dónde está.
¿Está en el corazón? ¿Está en el cerebro?
¿Está en el interior de cada célula?
No se sabe.
Creo que al final escribo por eso. Para entender mi adentro.
Es algo que comprendí hace poco.
Y claro, está este blog para plasmarlo.
jueves, 12 de junio de 2014
Loco rebaño
Hace 20 años podría haber aprendido a manejar. Hace 20 años yo tenía 17 años y en provincia ya se podía sacar el registro. Sacar el registro en ese tiempo era facilísimo. Pero no lo hice. Tampoco aprendí a los 18, ni a los 21.
Me anoté en una academia. El primer día ya estaba en la calle en un auto doble comando. En la calle había un barrendero que me miraba con sorna, muchos autos, montículos de hojas, gente que paseaba al perro. Y después estaba yo. Aprendí las bondades del embrague, el freno y el acelerador como un analfabeto aprende el abecedario. Ya en la segunda clase dimos varias vueltas. Aprendí a doblar para la derecha y para la izquierda. En la tercera clase ya estábamos metiéndonos en una calle doble mano y en una calle con reductores de velocidad y semáforos. En la cuarta salí llorando porque no podía hacer que el auto fuera derecho. En la quinta salí airosa porque algunas cosas ya habían dejado de ser un misterio. Embrague, primera, ir soltando el embrague y acelerar, avanzar, escuchar el ruido del motor, embrague y segunda, acelerar, ir derecho, ir frenando cuando voy llegando a una esquina, ojo que el que viene por la derecha tiene el paso, seguir derecho, embrague a fondo y frenar suavecito pero con decisión en el semáforo en rojo. No claves el freno un día de lluvia, la calle está patinosa. Poner la luz de giro. Doblar a la derecha. Doblar e ir frenando, enderezar el auto y volver a acelerar. Mirar. Adivinar qué hará el auto de adelante. Dejarle espacio, aprender a leer el tránsito. Aprender que harán los otros. No darle bola a los que están re locos y me re putean porque llegan tarde al laburo y yo tardo un segundo en sacar el pie del freno. Mantenerme en mi carril. Porque estoy yo y están los otros. En la marea del tránsito porteño. Yo formando parte de este loco rebaño. Sí, yo, hoy, en la avenida Libertador a las nueve y media de la mañana. Aunque más no fuera por una cuadra. Y menos mal que me puse desodorante.
Me anoté en una academia. El primer día ya estaba en la calle en un auto doble comando. En la calle había un barrendero que me miraba con sorna, muchos autos, montículos de hojas, gente que paseaba al perro. Y después estaba yo. Aprendí las bondades del embrague, el freno y el acelerador como un analfabeto aprende el abecedario. Ya en la segunda clase dimos varias vueltas. Aprendí a doblar para la derecha y para la izquierda. En la tercera clase ya estábamos metiéndonos en una calle doble mano y en una calle con reductores de velocidad y semáforos. En la cuarta salí llorando porque no podía hacer que el auto fuera derecho. En la quinta salí airosa porque algunas cosas ya habían dejado de ser un misterio. Embrague, primera, ir soltando el embrague y acelerar, avanzar, escuchar el ruido del motor, embrague y segunda, acelerar, ir derecho, ir frenando cuando voy llegando a una esquina, ojo que el que viene por la derecha tiene el paso, seguir derecho, embrague a fondo y frenar suavecito pero con decisión en el semáforo en rojo. No claves el freno un día de lluvia, la calle está patinosa. Poner la luz de giro. Doblar a la derecha. Doblar e ir frenando, enderezar el auto y volver a acelerar. Mirar. Adivinar qué hará el auto de adelante. Dejarle espacio, aprender a leer el tránsito. Aprender que harán los otros. No darle bola a los que están re locos y me re putean porque llegan tarde al laburo y yo tardo un segundo en sacar el pie del freno. Mantenerme en mi carril. Porque estoy yo y están los otros. En la marea del tránsito porteño. Yo formando parte de este loco rebaño. Sí, yo, hoy, en la avenida Libertador a las nueve y media de la mañana. Aunque más no fuera por una cuadra. Y menos mal que me puse desodorante.
sábado, 17 de mayo de 2014
Diez años de Nubedeagua
Mi Nubedeagua cumple diez años. Hace diez años lanzaba mi primer mensaje en una botella. La internet era otra. No había twitter. Hans escribía posts casi todos los días y tomaba café conmigo una vez al año. Justo ese mayo tocó encuentro y me instó a que abriera este blog. Yo no tenía banda ancha, cuando me preguntaban a qué me dedicaba decía que era Lic en Letras sin entender muy bien qué corno significaba eso, daba clases de lo que podía, con una amiga daba un taller de escritura en Ciudad Oculta, escribía cosas que parecían poemas, cantaba vidalas en un grupo de danza y vivía en un depto en el barrio de Belgrano con un novio del cual luego me separé.
Hace diez años comencé a publicar estos retazos en internet, sin saber muy bien qué era internet.
Y bueno, acá estamos.
Felices 10 años, querida Nube.Y recuerden: No se debe censurar la lluvia. Esa es la regla.
Hace diez años comencé a publicar estos retazos en internet, sin saber muy bien qué era internet.
Y bueno, acá estamos.
Felices 10 años, querida Nube.Y recuerden: No se debe censurar la lluvia. Esa es la regla.
viernes, 25 de abril de 2014
Otoño
Una neblina espesa recubre todo. Se escucha el barrer de las hojas obsesivo de mi vecina. Abro la puerta y la rágafa es fresca, las hojas se empujan unas a otras para entrar y desparramarse en el piso de madera. El gato juega con una, la da vuelta y luego se aburre, se arrellana en su sillón de siesta, ronronea y se duerme.
En la cocina, las ollas largan vapor, el agua borbotea y las legumbres y los cereales se cuecen a fuego lento.
Otoño.
En la cocina, las ollas largan vapor, el agua borbotea y las legumbres y los cereales se cuecen a fuego lento.
Otoño.
jueves, 27 de marzo de 2014
Evanescente
Estoy leyendo los diarios de Virginia Woolf. Ando por el año 1926 cuando aún tramaba la escritura de Al faro, novela que quise leer este verano pero me ganaron otros libros antes y no llegué. Siempre me fascinaron los diarios, por eso tal vez escribo este blog desde el año 2004 y nunca pude ponerle un punto final.
Hay algo de la época, supongo. Todos escribían diarios. Pero un diario de escritor se aprecia mucho más. De hecho, creo que Byatt en su libro Posession da cuenta bastante bien de este arte.
Pero hay algo fascinante en Virginia. El año pasado, para mi cumpleaños, Nico me regaló la bibliografía de ella escrita por Irene Chikiar Bauer. Libro que me cautivó hasta cierto punto y luego tuve que dejarlo. Me pasaba que con cada capítulo deseaba releer a Virginia. Sus libros, sus diarios, sus lecturas, sus cartas.
Hay algo en toda esta escritura íntima que disfruto muchísimo. Me gusta que sus pequeños relatos sobre su vida no se basen en hechos de su vida sino en apreciaciones, sentimientos, sensaciones que la pluma intenta plasmar en un cuaderno. A veces de tan intensas estas sensaciones se escapan. Pero es ese intento el que vale la pena.
Y por otro lado ese preguntarse por su escritura, por lo que es literatura.
En estos días nublados, zambullirse en este magma de escritura me llena de un placer indescriptible. Las horas pasan y las hojas viran hacia lo transparente.
No me arrepiento de haber arrojado la fuego todos mis diarios. Pero en alguna parte algo de melancolía hay. Aunque guardo mecanografiadas algunas partes. ¿Por qué será que hago eso? ¿Qué creo que encontraré allí?
Sigo escribiendo este blog hasta que blogspot me deje. ¿Y luego? ¿Qué sucederá? Escribo como si la gran nube internética fuera a existir para siempre.
Es raro.
Hay algo de la época, supongo. Todos escribían diarios. Pero un diario de escritor se aprecia mucho más. De hecho, creo que Byatt en su libro Posession da cuenta bastante bien de este arte.
Pero hay algo fascinante en Virginia. El año pasado, para mi cumpleaños, Nico me regaló la bibliografía de ella escrita por Irene Chikiar Bauer. Libro que me cautivó hasta cierto punto y luego tuve que dejarlo. Me pasaba que con cada capítulo deseaba releer a Virginia. Sus libros, sus diarios, sus lecturas, sus cartas.
Hay algo en toda esta escritura íntima que disfruto muchísimo. Me gusta que sus pequeños relatos sobre su vida no se basen en hechos de su vida sino en apreciaciones, sentimientos, sensaciones que la pluma intenta plasmar en un cuaderno. A veces de tan intensas estas sensaciones se escapan. Pero es ese intento el que vale la pena.
Y por otro lado ese preguntarse por su escritura, por lo que es literatura.
En estos días nublados, zambullirse en este magma de escritura me llena de un placer indescriptible. Las horas pasan y las hojas viran hacia lo transparente.
No me arrepiento de haber arrojado la fuego todos mis diarios. Pero en alguna parte algo de melancolía hay. Aunque guardo mecanografiadas algunas partes. ¿Por qué será que hago eso? ¿Qué creo que encontraré allí?
Sigo escribiendo este blog hasta que blogspot me deje. ¿Y luego? ¿Qué sucederá? Escribo como si la gran nube internética fuera a existir para siempre.
Es raro.
miércoles, 26 de marzo de 2014
Hilito
Abro los ojos al nuevo día. Mi despertador es un gato blanco que viene justito para la hora del despertar matutino. Se enrosca en la sábana y hace gorgoritos de gato feliz. Imposible no quererlo. También hay luz que se cuela por las hendijas de la persiana despintada. Él acaricia al gato y me acaricia. Nos acariciamos con el gato en el medio y de pronto la mañana es algo tan feliz que no importa si es un feriado o un día laborable. Son apenas unos minutos que valen oro, es ese hilito de felicidad al cual las cosas se adhieren solas, como diría Virginia Woolf.
Vienen los primeros mates, el café con leche humeante en un tazón blanco que tiene inscripciones en latín. La rutina del desayuno. La casa está aún dormida, la cuadra es todo un cantar de pájaros. Se escucha el run run de algún auto llevando niños al colegio. El gato se sienta en una silla y pide queso. Le damos. Hablamos. ¿Qué vas a hacer hoy?
Yo sonrío porque marzo ha sido un mes tan poco pautado pero aún así me despierto temprano, con él, para no perder ese hilito al cual luego la felicidad se va adhiriendo.
Y ya el otoño me abraza con su amarillo tibio. Y un caudal de luz.
Vienen los primeros mates, el café con leche humeante en un tazón blanco que tiene inscripciones en latín. La rutina del desayuno. La casa está aún dormida, la cuadra es todo un cantar de pájaros. Se escucha el run run de algún auto llevando niños al colegio. El gato se sienta en una silla y pide queso. Le damos. Hablamos. ¿Qué vas a hacer hoy?
Yo sonrío porque marzo ha sido un mes tan poco pautado pero aún así me despierto temprano, con él, para no perder ese hilito al cual luego la felicidad se va adhiriendo.
Y ya el otoño me abraza con su amarillo tibio. Y un caudal de luz.
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