9 de junio de 2015

Cuando lo que mueve es el amor

¿Me fui? ¿Volví? ¿Hice 2500 km en tres días? El Este se unió con el Oeste y viceversa. 
Y si bien amé esos cielos azules, el otoño de Mendoza, la tibieza del sol inundando los viñedos, pisar la tierra cordillerana, yo extrañaba mi casa.
Qué animales raros que somos los seres humanos.
Pienso en El Sosneado, lugar que no significaba nada y ahora significa familia.
Pienso en el sol que compartimos, las noches, la Vía Láctea brillando, el viento metiéndose en el pelo, los olores, los sabores, los labios de él, el vino calentando el corazón, un brindis por la vida, los abrazos de todos, el deseo, el dolor fluyendo, saliendo afuera, supurando, dando lugar a algo nuevo.
Y me estremezco mientras escribo este intenso paréntesis en la vida de cada uno de los que se embarcaron en esta despedida.
Qué hermosas son las familias cuando las mueve el amor.
Y gracias por hacerme parte de esto. 

3 comentarios:

Pau Bambú dijo...

Siento que leer y emocionarse y no comentar no vale. Así que acá dejo mi visita. Los quiero mucho!! Que héroes y heroínas en hacer este viaje "attraversiamo" la ruta, las provincias, los duelos... genios! Mil abrazos.

Zuli dijo...

los acompañé con el corazón...

dejalocorrer dijo...

Creo y siento entender... HErMoSo, simplemente... al transmutar el dolor, la vida se llena otra vez de significado... y ellos, Se mezclan con el viento para seguir abrazándonos...

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