martes, 28 de julio de 2026

Far ago

Ayer mamá hubiera cumplido años.
Parecía que iba a ser un día más amigable pero no lo fue. Por la tarde me sentí desfallecer. El cuerpo no me respondía. Me dolía todo mi lado izquierdo y la base de la espalda. En un momento dije basta, me metí en la cama y empecé a llorar. Estaba sola, con Lua a mis pies que se quedó quieta, como una esfinge. Fargo no estaba, había ido a dar una de sus vueltas de gato libre que entra y sale cuando quiere. En el medio de mis sollozos le pedí a mi mamá una señal. Dame una señal, pensé. Y enseguida me sentí una estúpida por pensar eso. Pero al instante apareció Fargo. Se subió a la cama y se ubicó en el centro de mi pecho. Se puso a ronronear y se quedó allí un buen rato. Me dormí. Para muchos será eso, sólo un gato ronroneando. Para mi fue el abrazo de mi mamá.

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