31 de marzo de 2013

so easy

A veces es tan fácil dejarse llevar y otras... los pedacitos del cerebro no se juntan. Pero no importa cuántos colores tenga que cambiar. Creo haber descubierto una llave que antes no tenía. Una llave que no sabía que faltaba. Así que ahora todo en verdad es mejor. Veo el mundo sin prismas. Mis ojos están en perfecto estado. Mi sangre es roja, bien roja. Y el corazón late como loco.
El otro día en una reunión me dijeron: nena, si hacés shiatsu como cantás, quiero ya atenderme con vos.
Ah, pensé, la voz ahí, siempre habla de mí.
Y otro ser dijo: esa vocecita que viene de otra galaxia, ¿de dónde la traés?
Esas frases, pienso, quedan incrustadas en la piel como ventosas que absorben mi pasado y me limpian. Pero no, reacciono, no viene de otra galaxia. Soy yo, acá, en este cuerpito que mamá y papá me dieron porque se amaban mucho y querían tenerme. Yo no sé de otras galaxias. Sólo sé del amor. Sé del sentimiento que me nace cuando hago lo que hago. Qué lindo, tener un cuerpo y poder sentir todas estas cosas. Tener un cuerpo y sentir que el corazón golpetea como loco.
Después sí, está el mundo y todos sus grises. Todas sus mierdas también. Pero qué me importa si tengo un corazón.
Ah, los colores. Son muchos. No tienen nombre. No hay etiquetas. Sólo hay vida.

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