11 de septiembre de 2014

Maestros

Amanezco temprano. Me duele el cuerpo. Esta semana volví a mi práctica. Voy de a poco, sin ningún apuro. Tengo tiempo. Nadie me apura.
Me acordé de Nora y de su voz inolvidable  a la hora de decir cómo mover una articulación, cómo sentir un músculo. Su voz era un oráculo. Sus clases eran hermosas. Ahora siento que Nora está un poco en mí cuando voy entrando en el asana, despacito pero sin miramientos. Están Nora y otros maestros que he ido conociendo a lo largo de este camino. Cada uno dejó lo suyo para que hoy pueda desenrollar el mat en el piso de mi casa y om shanti: zambullirme en mi sadhana.

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