Reflexiones Marilyn

Supongo que no conozco a los gatos o los conozco muy poco y por eso me asombra que esta gata entre a mi casa como si fuera su hogar, nos pida mimos y se despatarre al sol en el jardín.  Cuando era chica teníamos una gata (la llamábamos Michi, nombre muy poco original, lo sé) y debo decirlo: no era para nada así. Era una gata muy poco cariñosa que sólo estaba con nosotros porque le dábamos de comer. Su único placer era estar con Malena, la perra collie que por ese entonces vivía con nosotros en la casa de mis padres.
Marilyn no viene por comida. Viene por su propio placer. Le gusta estar en la casa, merodear, curiosear y es muy respetuosa de los objetos y las cosas. Sabe muy bien que no debe rasquetear sus uñas en el sillón naranja, por ejemplo. Y es muy limpita.
Lo primero que dijo Nico cuando vino Marilyn fue: "vas a ver cuando nos cague el baño, va a volar de una patada". Pero eso es porque Nico tenía una gata que cagaba en cualquier lado y jamás aprendió un mínimo modal en cuanto a la higiene. De pronto, conocer a un animal como Marilyn nos da una perspectiva completamente diferente de los gatos. Y se lo agradezco mucho.
Me asombra que la gata tenga un grado de libertad que le permite vivir una vida felina, por un lado, y una vida doméstica por el otro. Por el momento, cuando Marilyn se va de la casa es porque un pájaro atrajo su atención y entonces sale a cazarlo (no sé si lo logra, hasta ahora no la vi nunca con un pájaro en la boca). Y quién sabe si no fue justamente un pájaro quien la trajo a nuestro jardín. Me asombra, sin embargo, que tenga estos instintos fuertemente felinos y que luego venga por mimos y se quede dormida en la silla frente a la computadora. Me asombra esta dualidad. Porque hasta entonces este rasgo cariñoso sólo lo había visto en los gatos de departamento que, a mi entender, hasta hace un tiempo, eran de una raza distinta  a los gatos que viven en las casas.
Tood esto lo escribo mientras tomo el sol del domingo con la gata despatarrada a mi lado en el jardín.

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