Ya estás en otro terreno

 CAMPBELL: No sabemos qué hacían en las cavernas pero sabemos qué hacen los aborígenes de Australia. Cuando un joven se pone ingobernable, un día vienen los hombres, que van desnudos salvo por unas rayas de plumón blanco de ave que se han pegado al cuerpo usando su propia sangre. Vienen balanceándose al son de rugidos de toro, que son las voces de los espíritus, y estos hombres vienen como espíritus. El joven tratará de refugiarse en su madre y ella simulará protegerlo. Pero los hombres se lo llevan. Una madre ya no le sirve, ¿sabes? No puedes volver a la Madre, ya estás en otro terreno. 
Entonces los muchachos son llevados al territorio sagrado de los hombres y se los hace pasar por una verdadera ordalía: circuncisión, subincisión, beber sangre humana, etc. Así como han bebido leche de la madre cuando niños, ahora beben sangre de hombre. Se están convirtiendo en hombres. Mientras esto tiene lugar, se representan episodios de los grandes mitos. Se los instruye en la mitología de la tribu. Después, al final de todo esto, son devueltos a la aldea, donde ya ha sido elegida la chica con la que han de casarse. El niño vuelve hombre. Ha sido apartado de su infancia y su cuerpo ha sido escarificado (...). Ahora tiene un cuerpo de hombre. Después de semejante espectáculo, no hay posibilidad de que retorne a la infancia.
MOYERS: No se vuelve a la Madre.
CAMPBELL: No, pero en nuestra sociedad no tenemos nada equivalente. Puedes ver hombres de cuarenta y cinco años que siguen tratando de ser obedientes con sus padres. Tienen que ir al psicoanalista, que hace el trabajo por ellos.

Joseph Campbell, El poder del mito, Emecé, Buenos Aires, 1999, pág 129

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