lunes, 8 de febrero de 2010

El perro

Parece que tengo un perro.
Llegó la noche del cinco, temblando de frío.
No lo recogí esa noche. Demasiadas emociones. Pero el tipo se quedó el 6 y ya el 7, viendo que llovía mucho, lo entré, lo sequé, le di agua y algo de comer.
Tener y querer. Yo quería un perro. ¿No podía esperar a marzo al menos?
El problema es que me voy. Me voy y el perro no puede quedarse solo. Es un perro educado, dulce, sabe cuando uno le dice que no, es cariñoso, agradece todas las caricias, no se sube al sillón ni a los almohadones. No meó el Buda del jardín (importante, sabe lo que no debe mearse). Es todo lo que uno querría de un perro.
Tengo que llevarlo al veterinario, bañarlo, comprarle comida. hasta ahora sólo comió la comida de Jimbo (donada por Zully, ¡gracias Zully y Jimbo!).
No sé si se llama Porthos o Rulfo.
Creo que es muy joven, tiene los dientes blanquitos, perfectos.
¿Y Pancho?
Pancho está bien, lleno de pulgas, como siempre, en la casa de mis viejos. Está viejito y gruñón. Jamás va a aceptar otro macho cerca de su radio.
Me quiero matar.
Y sin embargo...

domingo, 7 de febrero de 2010

sábado, 6 de febrero de 2010

El día que completé mis 33 años

El cinco de febrero me desperté a las cinco de la mañana.
A las seis vi el comienzo del amanecer desde la terraza. Como no había nadie me desnudé. La luna aún estaba brillante y había brisa de río. Di gracias al dios de las pequeñas cosas. Me vi libre y sonreí.
Volví al sueño unas dos horas más. Después comenzó el día.
Mensajitos van y mensajitos vienen. La llamada clásica de papá y mamá. Desayuno normal sin torta, sin velita, sin canción. Fui con Nico al súper a comprar bebidas y cositas ricas. Nos agenciamos de la torta clásica en la Vicente López y tres docenas de sandwiches de miga surtidos.
Después sí, a trabajar. Di una sesión pero la siguiente se suspendió. Recibí regalitos de mis pacientes más antiguos. Muchos mensajitos de mucha gente que parece que se siente mejor gracias a mis manos. Me acordé de mi abuela Catalina -kinesióloga de las de antes- y a la que le debo un lindo arco en mis pies.
Como me había quedado un rato decidí almorzar bien y no de parada como a veces hago por falta de tiempo. Entré a un Piaccere y pedí un pedazo de tarta. Mi mesa estaba muy próxima a la mesa de una pareja que conversaba muy amablemente. Se largó a llover torrencialmente. El ventanal de la cafetería se cubrió de agua. Me sentí resguardada, con la sensación de que alguien me estaba cuidando. La lluvia -siempre la lluvia- dio origen a una hermosa charla con Norberto y Diana. Él tiene 80 y ella 71. Parecían diez años menos cada uno. Nos terminamos pasando los teléfonos. Sí, ya sé, es muy raro... pero si yo contara la charla que tuvimos me entenderían. Fue tan buena la charla. ¿Cómo no querer volver a saber de ellos?
A las 3:30 de la tarde tenía hora para mi sesión. Mi autoregalo. Me dejaron tan feliz que parecía drogada. Volví a mi casa cantando bajo la lluvia. Todos trataban de refugiarse y yo saltaba los charcos, me empapaba y sólo sentía una felicidad intensísima, unas enormes ganas de abrazar a todo el mundo, pero por sobre todo las cosas, de abrazar a mi mamá (que hace mucho que no la abrazo realmente).
En mi casa estaba Nico que había estado cocinando arrollados de sardinas con tomate y knishes de papa. Estaba extenuado y enseguida me preguntó si estaba drogada. Le dije que no, que era sólo shiatsu pero como me habían puesto óleo 31 en algunos puntos de la cara no me creyó. O sí. Yo me puse a hablar con las plantas de adelante que estaban todas mojadas y habían crecido de más. Siempre me dan mucho trabajo las plantas de adelante. Nico me decía que entrara, que me estaba mojando. Y yo me reía y me reía y me reía tanto que lo empecé a abrazar y a besar fuerte ahí mismo en la puerta de mi casa, mojándolo también a él. Esa es una imagen muy hermosa que guardo de mi cumpleaños.
Más tarde, cuando ya me había secado y estaba más tranquila recibí su llamada desde Nueva York. Y se me estremeció el corazón. Era la primera vez que llamaba a mi casa. Primero me pareció que de nuevo estaba soñando. Pero todo era muy real. Le conté lo que le venía contando en mis sueños. Pero al terminar la llamada el desasosiego de apoderó de mí. Lloré un poco debajo de la ducha y dejé que el agua me envolviera todo el cuerpo. Y mientras lloraba me acordé del sueño de la avenida y de la parte en que un hombrecito me rescataba de la avenida y me decía: cuidado con los flashes, ¡no mirés para atrás! Después se escuchaban tres flashes.
Más tarde la lluvia empezó a arreciar. Fue tanta la cantidad de agua que hubo gente que salió de sus casas para venir y se tuvo que volver porque estaba todo inundado. Aún así fue una reunión muy concurrida. Estrené el living en febrero (cosa que nunca ocurre, siempre estamos en el jardín). Vino gente muy hermosa que hace cosas hermosas en su vida. Recibí más regalitos. Brindamos varias veces, comimos tartas que había hecho Mari y arrodallitos y knishes que había hecho Nico y sandwichitos y strudel de ricota que había hecho Deb y brownies que había hecho Male y la torta de la Vicente López.
Hubo quienes se aventuraron a chapotear en el pasto del jardín de mi casa con un enorme paraguas que yo había dispuesto para la ocasión (es que no saben qué lindo era chapotear ayer en ese pasto).
Y se terminó el cumpleaños.

Namasté

Otra de Mario - La gente que me gusta-

Primero que todo:

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace...

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierde de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables a las decisiones de un jefe.

Me gusta la gente de criterio, la que no traga entero, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, a éstos les llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados.

Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.

Mario Benedetti

P.D: Gracias a los que se aventuraron en una noche de muchísima tormenta a venir hasta mi casa para desearme un feliz cumple.

viernes, 5 de febrero de 2010

Diga 33



¡33!

Aunque hoy cumplas
trescientos noventa y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores

buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
y estés linda

casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros

es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos

de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza

de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.



Como Siempre, MARIO BENEDETTI.-


P.D: Este poema me lo regalaron por primera vez cuando cumplí quince años. Hoy me lo volvieron a regalar. ¡Gracias Lau!

lunes, 25 de enero de 2010

No es literatura, ¿no?

De pronto soy como el señor Okada. Muy extraño. Bien podría haberme aparecido una mancha. Pero no. El consultorio es precioso. Tiene un gusto delicado. Ninguna baratija. Después me dice: "vos tenés mucha energía". Y las varillas giran como locas. Es gracioso. ¿Quién las mueve? "Vos". Me explica de algo que se llaman larvas de energía. Es energía mala. Habla de líneas de agua. Si estás durmiendo en una línea de agua te podés morir. "¿Viste que hay gente que vos arreglás y después vuelven a sus casas y se vuelven a sentir mal?"
Tiene razón.
"Es porque duermen en una línea de agua".
Las varillas giran.
Como locas.
Él se ríe y me dice: "vos, nena, con dos cursitos, curás gente".
Y así.
Qué mundo extraño.

domingo, 24 de enero de 2010

Pequeños placeres

Hoy, luego de mucho tiempo, logré zambullirme en la pileta de la casa de mis padres. Ahora sí, todo huele a verano. Ahora sí, el verano ha comenzado.

miércoles, 20 de enero de 2010

Mis noches de verano

Si la noche se llena de Madeleine Peyroux es porque estás allí llenándolo todo. Otra vez bailamos la danza del verano. Madeleine Peyroux me recuerda a nuestra primera noche, a nuestro trampolín hacia la alegría. Cuánto me alegra haber saltado de tu mano.

martes, 19 de enero de 2010

Peor que el servicio meteorológico

¿Vieron que hay algunos templates de gmail que te avisan cómo está el tiempo?
Bueno, hoy abro la casilla de mails de gmail y me encuentro con que afuera está nevando.
Puf.
Ya no sé si esto anda muy mal o es simplemente irónico.

lunes, 18 de enero de 2010

Socrática

Volví de Cosquín y levanté fiebre. Dicen que fue cansancio. Un día y medio con 37 y medio. La intensidad también produce estas cosas. Tenía dolor en los músculos del cuerpo, las articulaciones, dormí muchas horas. Soñé muchísimo. En un momento me relajé. Busqué los cuadernos de hace un año y leí durante un rato largo tirada en la cama. Vi todas las madejas de mi vida enredadas de dolor.
Todo este año fue ir desmadejando. Fue ir armando el ovillo de lana.
Hoy puedo decir: me conozco más que hace un año.
Y también puedo decir: lo desconozco a él y me desconozco yo a su lado.

martes, 12 de enero de 2010

Pre Cosquín 2010

La neurosis te lleva por el camino más largo.
Subir al escenario Atahualpa Yupanki a danzar fue una experiencia muy extraña. No estaba escrito que fuera así.
Como un barco de vela blanca... en el océano de la experiencia mi cuerpo se movió al compás de 27 personas, todas vibrando en un mismo tono.
Callaron a la plaza, dijo alguien.
El silencio se conquista y se ensaya una y otra vez para aprender a domar la adrenalina.
El viaje fue extenuante pero hoy literalmente puedo decir: ¿quién te quita lo bailado?

martes, 5 de enero de 2010

Bailarineando...

¿Alguna vez pensaste en un equipaje que contuviera en sí mismo una carpa, una bolsa de dormir y pestañas postizas? ¿Broches de ropa, una soga y maquillaje?

lunes, 4 de enero de 2010

El carnet de identidad

Los ensayos van bien. Unidad. Cuando la corte danza, unidad. Cuando los indios danzan, unidad. Cuando los españoles danzan, unidad. Todos. Los sellos. Cada cual con su color. Cada cual lleva un documento cósmico estampado en el vestido.

Viaje

Entre ensayo y prueba de ropa, vestuario, vinchas, cintas, volados y polleras los colores se apilan y la danza se abre. Las manos de mi amiga cosen la ropa, cosen una historia que se verá en escena. Puntada tras puntada mis ojos siguen su vuelo. Yo tan sólo soy testigo de una obra en potencia. Mujeres en ronda. Mujeres sembrando paños. Mujeres peinando trajes.
En el fondo de un placard desentierro la cuevita naranja.
Y le digo: ahora vas a volver a viajar.