martes, 23 de diciembre de 2025

Bosque de a

 -Mamá nunca quiso ir al bosque de arrayanes. No le gustaba la idea de que sólo pudieras caminar por la pasarela. Le parecía muy artificial. 

En realidad, se puede caminar por el bosque siempre y cuando te registres en el Parque Nacional Los Arrayanes y pagues la entrada. Hay un sendero de 11 kilómetros que recorre la península de Quetrihue hasta llegar al punto donde están los arrayanes más viejos. Se tarda aproximadamente tres horas. Allí es donde se encuentra la pasarela y es el lugar a donde te deja el barco que sale desde la Angostura o Bariloche.

Nosotros estamos cerca de La Angostura así que decidimos embarcamos en el Caleu Caleu, un barquito pequeño pero muy pintoresco. El camino es hermoso y navegar estas aguas de un color verde-azul me nutre el alma. A medida que nos acercamos vamos descubriendo los picos de las montañas a lo lejos. Ese es el campana, me dice el capitán. Lo llaman así porque se parece a una campana, ¿o no?

Puede ser, puede ser.

Al llegar nos dan una hora para la caminata entre los árboles. Antes nos advierten que hay mucha sequía y que los arrayanes se secan de arriba hacia abajo. Las copas se ven ralas, secas.  

-Fijate que el tronco de estos árboles es frío- me dice papá. 

Apoyo la mano en un tronco color fuego. Siento el frío de un agua subterránea. En otro tronco lo siento menos. Miro hacia arriba, el árbol está casi seco. Entonces es por eso. 

Caminamos por el camino que nos marca la pasarela. El bosque es exuberante. Las otras especies de árboles están acaparando el lugar. Pero los arrayanes resisten y siguen procreando. Se ven especies pequeñas que aún no tienen el tronco enrojecido. 

-Un árbol es vida, escucho que una madre le enseña a su niño de unos ocho años. 

No es argentina. Aquí vienen muchos extranjeros. Normalmente vienen de a montones en barcos más grandes, desde Bariloche. 

-Recuerda, hijo, un árbol es vida. Te da techo, refugio, sombra, oxígeno. Nunca, por ningún motivo, maltrates un árbol.

El año pasado mamá se abrazó a su arrayán. Dijo que el árbol estaba triste. Pero al día siguiente, cuando volvimos a la playita, nos dijo que el árbol estaba contento. 

-¡Es porque volviste!-le dijo mi hermano.

Este año vuelvo yo. 

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