"En mi escritura proyecto lo que quiero, lo que me obsesiona, más que en ningún otro lugar".
Amina Cain.
Traful significa "junto a la unión". Pero eso lo aprendí hoy. La primera vez que visité este lago no sabía de nombres ni significados. Aún no sabía leer ni escribir. Eso sucedería unos meses después. El antes y el después de la mente letrada. Quizás por eso es tan importante este lago en mi vida y la experiencia que se imprimió en las huellas de mi alma. O quizás simplemente pude recordar algo que ya estaba en mi pero que no tenía nombre ni lugar. Traful significa junto a la unión. Es algo que aprendí hoy pero que a mis cinco años ya lo sabía como sabía muchas otras cosas.
Eran los años ochenta. Mis padres tenían un Taunus color azul, un auto bajo y pesado. Con ese auto hicimos el camino imposible que nos llevaba a ese lago. No había nada por ese entonces. Solo nombres. Confluencia, Villa Traful. Quizás un poste, un correo, una casilla. Después era todo agua, rocas y árboles. Teníamos una carpa estructural naranja. Cacique. Mi hermano tenía sólo dos años. Yo tenía cinco pero iba a cumplir seis ese verano. Recordé el frío que hacía. Las manos siempre ateridas, la piel llena de tierra y carbón. No te mojes, me decía mi mamá, que es peor. Fue un verano lluvioso pero a veces salía el sol. Eran días claroscuros.
Íbamos a unas playitas que quedaban cerca del camping. Para entrar al lago usábamos unas sandalias de goma porque el suelo estaba lleno de piedrones que te pinchaban. Podías resbalarte. Mi hermano era muy pequeño todavía pero había otros niños de otras familias que también acampaban. Los niños estaban bien pero me gustaba estar sola. Había una piedra un poco más adentro del lago. Me gustaba ir hacia esa piedra y quedarme allí. Le hablaba a la piedra, a veces la lavaba. Mi mente infantil se sentía a gusto allí.
Durante ese verano en ninguna de las fotos que me sacó mi padre estoy con un libro. Estoy siempre rodeada de bosque. La naturaleza me hablaba y yo hablaba con ella. Era feliz. Me sentía protegida por alguien o por algo. Hasta que unas niñas del campamento me hablaron de Dios y también del Diablo. Fue el verano que conocí la palabra infierno. Yo nunca le había tenido miedo a la oscuridad. Esa noche volví a la carpa temblando. Unas palabras nuevas se habían introducido en mi mente. Palabras que aún no sabía cómo se escribían pero habían hecho nido en mi. Conceptos nuevos pero tan viejos como el mundo. Mi mamá algo intuyó y trató de suavizar la idea. Nada de eso existía, me dijo. Pero yo no le creí. Creo que fue la primera vez que no le creí a mi madre
que siempre
lo sabía
todo.
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