viernes, 12 de octubre de 2007

Subterráneo

El subte tiene algo.
Tiene ritmo.
Por eso, la música. La música hace soportable la ciudad. La ciudad crea a la música y así el ciclo no termina. La música y la ciudad tienen un vínculo necesario.
Hoy nadie escucha música en su casa, en un sillón.
Mi abuelo, por ejemplo, tomaba un disco de Haendel, lo colocaba en el combinado (un mueble grandote que contenía el tocadisco) y luego se recostaba en el sofá y entrecerraba los ojos. Todo su ser se concentraba en escuchar. Interrumpir a mi abuelo en ese estado podía ser sacrílego. La musica que él ponía no era para bailarla ni para ponerla de fondo mientras se hacía otra cosa. Estaba ahí para ser escuchada.
Mi abuelo tomaba el subte. Porque el subte no es una invención ultra moderna. El subte existe en Buenos Aires desde el siglo pasado. No es como el ipod o el mp3 o la laptop.
Jamás mi abuelo escuchó música en el subte. No hubiera tenido cómo. No existía el soporte técnico para eso. Se limitaba a escuchar el traca traca de las vías y a mirar la oscuridad de los túneles.
Claro que las distancias para recorrer eran bien cortas. No se concebía viajar una hora para ir al trabajo. Hoy por hoy, viajar una hora es casi una suerte.
Ayer la mayoría de las personas que viajaban en el subte tenían auriculares en las orejas. Y unas cosas diminutas colgando de sus cuellos. Los auriculares ahora vienen de color plateado. Nos hace parecer astronautas. Ahora que lo pienso hay muchas cosas plateadas en la indumentaria de hoy en día.
Pienso que si mi abuelo hubiera llegado a ver todos esos seres conectados a esos cositos plateados con los ojos perdidos en su propio ritmo se hubiera sentido muy viejo.
Como del siglo pasado.

viernes, 5 de octubre de 2007

Pretérito Pluscuamperfecto

-Bueno...y esto es el pretérito pluscuamperfecto.
-Ah, pará, pará, yo sé, yo sé... te doy un ejemplo.
-A ver...
-Yo vengo y te digo "Hola".
-Ajá...
-Y después me voy.
-Bueno.
-Y después vuelvo a venir y te vuelvo a decir "Hola".
-Ajá...
-....
-....
-....
-¿Y?
-¡Y que ya te había dicho hola!

Mis alumnitos son lo más.

martes, 2 de octubre de 2007

Ceci Margot

Con Ceci últimamente nos vemos en encuentros de treinta minutos. Y claro, no nos basta pero al menos nos vemos las caras y yo puedo apreciar su hermosa panza de seis meses. Es como si Ceci ya no fuera sólo Ceci sino ella y su hijo que vienen a tomar mate a casa. Llegó con la lluvia y se fue con la lluvia. Conoció a la azalea de los abuelos que ya está "estallada" de flores (pronto pondremos fotos), me regaló un dulce de ciruelas silvestres de El Bolsón y recibí mi regalo de cumpleaños atrasado (dos hermosas tazas artesanales). Es lo que yo digo: no hay como cumplir años en febrero y recibir regalos en octubre. Pero como yo tengo toda una teoría respecto al mes de octubre no me sorprende en lo más mínimo y hasta lo considero absolutamente lógico.

lunes, 1 de octubre de 2007

Aérea

Mi corazón no está en este jardín
sino en el frío del agua al quebrarse,
en el aéreo secreto del tiempo.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Adquisición de la lengua

El hermano mayor de mi alumnito egipcio es un año más grande. Tiene diez años y está en quinto. Me sorprende como un año de diferencia, en estos casos, es abismal. Cuando empecé a darle clases a H me aclararon que su manejo de la lengua era mejor que el de su hermano menor. Pero creer esto es un error: H tiene una personalidad muy distinta a K que hace que se apropie del español de una manera muy diferente. Ambos usan el español a la perfección, se hacen entender, tienen amigos y juegan a los típicos juegos de los niños de su edad. K es reservado y tímido cuando no te conoce, no le gusta que lo toquen, movedizo e inquieto cuando toma confianza (y conmigo ya tiene mucha), le gustan los cuentos de terror donde suceden cosas terribles y abunda la desesperanza. En sus historias siempre hay golpes y piñas, ganas de estrujar al otro contra el piso. Es todo un juego, claro. No es un chico violento de por sí y defiende a los pajaritos cuando otros niños intentan romper un nido de hornero. Pero H tiene una sonrisa de oreja a oreja que expresa una enorme entereza, es dulce cuando te habla, se deja tocar, tiene una mirada afable que invita al descanso, no le gustan las historias tristes, seductor nato, tranquilo y reflexivo en todo lo que se le dice. Ambos juegan juntos y K siempre termina "perdiendo". Cuando H elige algo K elige lo contrario (a veces creo que es tan sólo para diferenciarse). A veces creo que a K le duele haber llegado "segundo" a este mundo. Como si le faltara un pedazo.

Los dos son adorables aunque de formas muy distintas.

H está teniendo problemas en lengua. Esto es inaudito. Siempre le ha ido bien. Escribe buenas composiciones, entiende los textos, no necesitó jamás ayuda. Pero siempre hay una primera vez. Por la mañana cuando le doy clases a la madre ella me pide repasar los pretéritos. ¿Los pretéritos? Parece importante. Indago un poco más y descubro que es H el que está teniendo problemas con los tiempos verbales en la clase de lengua. La madre está desesperada. Me dice que H nunca ha tenido estos problemas. ¿Cómo es posible que mi hijo no sepa los pretéritos? Ella se siente incapaz de ayudarlo. La tranquilizo. Ella sabe -y cómo lo sabe- que la diferencia de los pretéritos en español a veces es tan sutil. Ha sufrido en carne propia que a veces ni la mejor teoría ayuda a resolver los ejercicios. Pero los niños tienen un sexto sentido, le digo, una intuición que les va a servir mucho más que la teoría. Y yo confío en que H la tiene. Como cualquier chico argentino.

Pero, claro, puedo equivocarme. Después de todo H no es un chico argentino.

martes, 25 de septiembre de 2007

Lo que te hacen ciertas lecturas

Tanto leer a Murakami y ahora quiero un gato.
Es de no creer.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Chizz

Los caminantes no necesitan coordenadas porque saben que la tierra es redonda.
Y cuando algo es circular siempre hay lugar para el encuentro.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Inauguración: Luciano Rossi

Mi hermano está exponiendo sus cuadros en una galería cuya dirección figura al costado de este blog. Hoy fue la inauguración y, por supuesto, allí estuvimos.






miércoles, 29 de agosto de 2007

Tokio Blues

Estoy leyendo Tokio Blues en el centro de la cama matrimonial con los dos veladores encendidos. ¿Murakami tiene una fijación con los pozos? Siempre hay pozos en sus novelas. Ya me enteraré qué pasa con este pozo. Lo cierto es que no debe ser nada agradable morir adentro de uno.

viernes, 24 de agosto de 2007

La morada imposible

Lindo es saber
que tengo los libros
de Susana Thénon
conmigo.

jueves, 16 de agosto de 2007

9 años II

-Me fue mal en esta pregunta.
-¿Qué pasó?
-No entendí lo que es adaptación.
-Mmmh... a ver...por ejemplo, cuando viniste a la Argentina ¿qué te pasó?
-Me pasó algo extrañísimo. ¡No podía hablar!
-Claro, no podías hablar. ¿Y qué hiciste, entonces?
-Y... de a poco tuve que aprender.
-¿Y ahora?
-Y ahora ya está, ya puedo hablar.
-Entonces te adaptaste bien.
-No.
-¿Cómo no?
-No me adapté bien. Si me hubiera adaptado bien vos no tendrías que seguir viniendo.


Mierda.
Este pendejo no me va a querer nunca.

lunes, 13 de agosto de 2007

Santiago

Entrar a la casa de un otro. Entrar y preguntarse... qué hago yo acá un sábado al mediodía y quién es esta persona que dice mi nombre -Flor- y me abre la puerta reja diciendo: pasá, esta es mi casa. La puerta reja es gris y se abre como una caja de pandora. La caja de pandora, en principio, es el jardín de metros y metros de pasto verde, una pileta inmensa azul y los árboles frutales al fondo. Es una casa. Es su casa. ¿Y quién es él?

Él es alguien con quien compartí cinco meses de mis 16 años.

¿Cómo puede tan poco tiempo marcar a una persona?
No lo sé. Pero yo lo viví. A los 16 años cinco meses no son cinco meses. Son una eternidad. Claro que una eternidad plagada de gente.

Voy hasta la cocina y miro por la ventana. En el interín se me cae algo de la mesa. Noto que es un poco más bajo que como yo lo recordaba. Quizás yo haya crecido en esos años. Hasta los 18 no dejé de crecer aunque fueran unos pocos centímetros. Pero tiene una mirada amable aunque un poco huidiza. Y aunque habla y me muestra cosas yo siento que ambos estamos nerviosos y aún no sabemos el por qué de este encuentro.

En realidad él es agradable. Pero mide cada una de sus palabras. Hace café en una cafetera italiana y pienso que Guille adora esas cafeteras. También pienso que la casa tiene algunos detalles que a Guille le encantarían como el espejo del baño -un espejo antiguo- y una puerta de armario apoyada en una pared color ocre con una medialuna de espejo. Detalles. Pienso que la casa de mis padres tenía un ciruelo bellísimo como el que tiene él ahora. Y ni hablar de los azulejitos de la cocina, un diseño muy setentista.

Yo quiero preguntarle todo. Toda su vida. Pero no me sale. En realidad dejo que la conversación vaya por rumbos insospechados: libros, viajes, ciudad. La conversación es liviana y simple. Somos dos personas adultas que hablan y se entienden. Hemos pasado por lugares parecidos en épocas parecidas sin cruzarnos.

Pero yo lo interrumpo. Y le digo: esto es muy raro. Y él me mira un poco de costado y me responde que sí, que es muy raro. Y yo ahí pregunto algo tan tonto pero tan necesario: ¿por qué nunca más quisiste volver a hablarme? Y la respuesta es tan simple. Tan obvia. Y está bien. Es simple y es obvia. Y yo estoy contenta. Porque hemos llenado ese silencio. Por fin.

Después llega su mujer y todo se relaja. O al menos yo siento que me relajo. Ella es muy amable y muy dulce. Ha traído unas tartas para que comamos todos juntos en la mesa. Y eso es lo que precisamente hacemos. Comemos los tres juntos. Y por ella comienzo a enterarme un poco más quién es él. Y la sensación rara se va. De pronto estamos en el presente, yo estoy en la casa de ellos, soy una invitada y hablamos de la vida. Ella no tiene problemas en preguntar sobre mi vida sobre Guille. Y surgen temas comunes, cosas de las casas, de las parejas, de los amigos, del trabajo.

Ya es de noche cuando me voy. Él me acompaña a la reja. Abre la puerta y nos decimos adiós. Yo salgo a la noche fría. Tardo muy poco en llegar a Olivos y descubrir que Guille está allí, con un mate caliente en la mano y unos ojos que me dicen: ya estás en casa.

viernes, 10 de agosto de 2007

9 años

-¿Trajiste el libro de terror?
-No, hoy no. Hoy vamos a hacer otra cosa.

Su cara denota desilusión.

-¿Te gustó el cuento de terror que leímos ayer?
-Sí, me re gustó.
-La próxima, si querés te dejo el libro para que sigas leyéndolo vos.
-No, no me dejes el libro.
-¿Por qué no? ¿No lo vas a poder leer?
-Sí que voy a poder.
-¿Sentís que no los vas a entender?
-No, no es eso.
-¿Y entonces?
-...
-Decime, ¿qué pasa?
-Es que yo quiero que me lo leas vos.