Yo nunca miro a la rosa
por su color de quimera,
la miro porque ella tiene
la sangre de los que sueñan
porque en sus gajos florecen
las manos del que la siembra.
Si el canto no se levanta
como la hoguera del fuego,
si no libera las penas
de los que están en la tierra
de nada sirve que suene
la voz de la chacarera.
martes, 5 de febrero de 2008
miércoles, 23 de enero de 2008
martes, 15 de enero de 2008
De cuadernos
Se me acaba de caer el mate en las sábanas. El cuaderno azul donde a veces anoto cosas está empapado de un líquido verde. Se me caen muchos mates últimamente. Abro el cuaderno azul empapado y miro qué escueto se ha vuelto todo. Anotaciones rápidas, nada muy importante, poca curiosidad. Me acuerdo de épocas en las que anotaba todo, recreaba escenas, diálogos, imágenes, sensaciones. Atesoraba las anécdotas para después. Después... Hoy leo esas imágenes y pienso en que no todo es cíclico después de todo. Hay sensaciones que no volveré a tener. Hay lugares por los que ya no volveré a pasar. Hay personas que no volveré a encontrar. Y está bien.
Hoy el cuaderno azul es más un ejercicio de ablandar la mano que otra cosa. No me gusta sentir que dependo de un artilugio tan complicado como una computadora para plasmar palabras en una superficie. No me gusta aunque es así, es lo que está sucediendo. El cuaderno azul, bien gracias.
Yo quería aprender encuadernación para hacer mis propios cuadernos pero luego desistí. Una de las cosas que me suceden cuando me regalan un cuaderno muy bello es que no quiero usarlo. Yo uso los cuadernos azules, verde o rojos Rivadavia. Renglones derechitos, bien escolar todo.
Miro mejor. Pienso que el agua derramada decolora los renglones derechitos.
Y ya no parece tan escolar.
Hoy el cuaderno azul es más un ejercicio de ablandar la mano que otra cosa. No me gusta sentir que dependo de un artilugio tan complicado como una computadora para plasmar palabras en una superficie. No me gusta aunque es así, es lo que está sucediendo. El cuaderno azul, bien gracias.
Yo quería aprender encuadernación para hacer mis propios cuadernos pero luego desistí. Una de las cosas que me suceden cuando me regalan un cuaderno muy bello es que no quiero usarlo. Yo uso los cuadernos azules, verde o rojos Rivadavia. Renglones derechitos, bien escolar todo.
Miro mejor. Pienso que el agua derramada decolora los renglones derechitos.
Y ya no parece tan escolar.
lunes, 14 de enero de 2008
martes, 8 de enero de 2008
Traful
Tenía cinco años cuando fuimos a Traful. Mi hermano tenía dos y medio y era tan chiquito que cuando lo pusieron a dormir en la bolsa de dormir se perdió. Nos despertó a las tres de la mañana llorando y gritando, mamá, mamá, la pueta, mamá. ¡Buscaba la puerta! El pobre había dado la vuelta completa y estaba en el fondo de la bolsa buscando la salida que, claro está, no iba a encontrar. ¿Cómo hizo para darse vuelta? Bueno, era muy pequeñín.
En realidad a mí me faltaba un mes para cumplir seis. Porque yo desde que me conozco que cumplo años en febrero. Todo esto para decir que dentro de un mes cumplo años. Y sí. Uno dice cosas para, en realidad, decir otras. Implicaturas conversacionales.
Cuando la gente me habla de Traful y me pregunta si conozco Traful yo digo que sí. Pero estoy segura de que no conozco Traful at all. Yo conozco Traful a través de los ojos de una nena que aún no había cumplido los seis años. Si me preguntan algo, no podría recomendar nada. No tengo idea de cómo se llega a las playitas, ni de cómo se llama el camping, ni de si ese camping aún existe. Sólo recuerdo que llovió mucho, que había muchos chicos con los que nos hicimos amigos, que armamos una banda que se llamaba "La banda del ratón desinflado", que había dos chicas más grandes (tenían nueve años) que me explicaron la existencia del Cielo y el Infierno, que a causa de eso desarrollé un miedo tremendo a la oscuridad (complicado, porque estábamos de campamento y no había luz eléctrica), que en la playita a la que íbamos había una piedra hermosa y grande a la que nos subíamos y "lavábamos" con el agua del lago, que mi mamá ponía los yogures en una bolsita y luego los sumergía en el lago para mantenerlos refrigerados.
Me gustaría preguntarle a mi hermano qué recuerda él.
En realidad a mí me faltaba un mes para cumplir seis. Porque yo desde que me conozco que cumplo años en febrero. Todo esto para decir que dentro de un mes cumplo años. Y sí. Uno dice cosas para, en realidad, decir otras. Implicaturas conversacionales.
Cuando la gente me habla de Traful y me pregunta si conozco Traful yo digo que sí. Pero estoy segura de que no conozco Traful at all. Yo conozco Traful a través de los ojos de una nena que aún no había cumplido los seis años. Si me preguntan algo, no podría recomendar nada. No tengo idea de cómo se llega a las playitas, ni de cómo se llama el camping, ni de si ese camping aún existe. Sólo recuerdo que llovió mucho, que había muchos chicos con los que nos hicimos amigos, que armamos una banda que se llamaba "La banda del ratón desinflado", que había dos chicas más grandes (tenían nueve años) que me explicaron la existencia del Cielo y el Infierno, que a causa de eso desarrollé un miedo tremendo a la oscuridad (complicado, porque estábamos de campamento y no había luz eléctrica), que en la playita a la que íbamos había una piedra hermosa y grande a la que nos subíamos y "lavábamos" con el agua del lago, que mi mamá ponía los yogures en una bolsita y luego los sumergía en el lago para mantenerlos refrigerados.
Me gustaría preguntarle a mi hermano qué recuerda él.
viernes, 14 de diciembre de 2007
Docencia universitaria
Es difícil tener que desaprobar a alguien en un examen final oral, decírselo en la cara, firmar su libreta y desentenderse del asunto.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
Retrocedo
Delicada, como un cangrejo rojo y vivo.
Retrocedo, por ende, avanzo.
No, no es paradoja:
el sueño de anoche fue una catarata de sentido.
Retrocedo
y la marea mece mis manos.
avanzo
y la marea mece mis manos.
Alguien dijo: el tiempo.
Lo encierro en mis manos.
Lo ahogo en la bolsa.
Retrocedo, por ende, avanzo.
No, no es paradoja:
el sueño de anoche fue una catarata de sentido.
Retrocedo
y la marea mece mis manos.
avanzo
y la marea mece mis manos.
Alguien dijo: el tiempo.
Lo encierro en mis manos.
Lo ahogo en la bolsa.
martes, 27 de noviembre de 2007
Bella Durmiente
¿Duermen tus dioses?, me preguntan en una carta.
No.
No duermen.
En la duermevela encienden los cirios que alumbran el camino de los fueguitos mínimos. Los fueguitos de la madrugada que al mediodía son el fuego necesario que pide tormenta.
No es contradicción, saravá.
Cómo los fueguitos mínimos devienen en llamarada espesa.
¿Cómo es la chispa que enciende el cirio en la madrugada?
No quiero saber.
Mis dioses no duermen.
Yo sí.
No.
No duermen.
En la duermevela encienden los cirios que alumbran el camino de los fueguitos mínimos. Los fueguitos de la madrugada que al mediodía son el fuego necesario que pide tormenta.
No es contradicción, saravá.
Cómo los fueguitos mínimos devienen en llamarada espesa.
¿Cómo es la chispa que enciende el cirio en la madrugada?
No quiero saber.
Mis dioses no duermen.
Yo sí.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Mi nombre está escrito en el aire y en la tierra
Hay días en que el viento es favorable a las ideas y a las proezas. Hay días en los que yo me voy con el viento. El viento me lleva a un orden preciso. Preciso de necesario, no de precisión. Y yo me dejo arrastrar por el viento.
Como la nube de agua que soy.
Pero hay días en los que quiero volver a la tierra.
Enraizarme en la tierra cual animal vegetal.
En esos días florezco.
Como una flor roja.
Como la flor de tierra que soy.
Como la nube de agua que soy.
Pero hay días en los que quiero volver a la tierra.
Enraizarme en la tierra cual animal vegetal.
En esos días florezco.
Como una flor roja.
Como la flor de tierra que soy.
martes, 20 de noviembre de 2007
En la casa de agua siempre habita un animal de fuego
Es mínimo
el brote
verde.
Y es mínimo
lo que hay
que decir.
el brote
verde.
Y es mínimo
lo que hay
que decir.
lunes, 12 de noviembre de 2007
viernes, 2 de noviembre de 2007
Aviva la llama
No se puede escribir con el animal entre los pies. Llevo el animal gateante entre mis rodillas.
¿Cuántas generaciones más domesticaré?
¿Qué me une con mis congéneres?
¿Qué lazos?
¿Por qué la sangre es tan importante?
¿Por qué la sangre, el semen, el flujo, la saliva, todas esas excreciones son tan importantes?
En un barco abandoné mi ave. Era un ave pequeña y risueña. Paladeaba la voz con esquisito pudor. Ni una gota de menos. Lagrimeante y buena moza, redondona y amistosa, mi ave se enternecía de candoroso sudor.
La abandoné.
Abandoné su plumaje rebelde. Su plumaje brillante de ideas tornasoladas.
¿Para qué quiero yo ideas tornasoladas?
¿Para qué quiero yo plumaje brillante?
¿Para qué quiero yo plumaje?
El barco, el carruaje, el recoveco rojo:
subterfugios.
¿Cuántas generaciones más domesticaré?
¿Qué me une con mis congéneres?
¿Qué lazos?
¿Por qué la sangre es tan importante?
¿Por qué la sangre, el semen, el flujo, la saliva, todas esas excreciones son tan importantes?
En un barco abandoné mi ave. Era un ave pequeña y risueña. Paladeaba la voz con esquisito pudor. Ni una gota de menos. Lagrimeante y buena moza, redondona y amistosa, mi ave se enternecía de candoroso sudor.
La abandoné.
Abandoné su plumaje rebelde. Su plumaje brillante de ideas tornasoladas.
¿Para qué quiero yo ideas tornasoladas?
¿Para qué quiero yo plumaje brillante?
¿Para qué quiero yo plumaje?
El barco, el carruaje, el recoveco rojo:
subterfugios.
jueves, 1 de noviembre de 2007
La mujer de las serpientes
Qué absurda la división de bienes. La división de seres. L a división de órganos. Alguien muy maquiavélico ha querido que esto así sea. ¿Cómo es que vine a parar a este mundo? De todos los mundos posibles he imaginado éste. No estaba en mí. Estaba en lo que ustedes vieron de mí. Lo que ustedes querían ver de mí. Este espacio es un fraude. Yo no soy un fraude. Y ahora que las revoluciones no son estallidos ni espasmos de violencia sino una marea lenta que sube, se explaya, va a romper en el punto exacto, donde la flecha es flecha y no arco vacío, donde la ola es bella y no espuma desangrada, ahora que la revolución respira conmigo digo: silence.
Por qué.
La mujer que ven ahí lleva serpientes escondidas en su cabellera castaña.
Yo la peino todos los días y no tengo espejo.
La serpiente muerde mi mano.
Todos los días.
¿Quién se atreve a peinar a una mujer con serpientes en su cabellera castaña?
Nubedeagua se ha roto.
Y esto es recién el comienzo.
Por qué.
La mujer que ven ahí lleva serpientes escondidas en su cabellera castaña.
Yo la peino todos los días y no tengo espejo.
La serpiente muerde mi mano.
Todos los días.
¿Quién se atreve a peinar a una mujer con serpientes en su cabellera castaña?
Nubedeagua se ha roto.
Y esto es recién el comienzo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)