Mi escritorio durante el día nunca tiene silencio.
Eso no es un problema.
El silencio se fabrica con otros ruidos y ya.
Las noches de la semana se componen de ruiditos pequeños, susurrados y contenidos. Me enternecen. Nada que ver con los fines de semana bullangueros y chingones.
A veces me quedo escribiendo hasta que una madrugada gris me avisa que el silencio ha terminado: trenes, escobas que barren y el clach, clach, clach del ladrillo que canta.
Mi escritorio es tan ruidoso como lleno de papeles y libros y fotos y cartas y lapiceras de las que andan y de las que no. Y también está mi pluma azul. Una vez contaré la historia de mi pluma azul. Marcos recordará esta pluma pues la tuvo durante un buen tiempo en su poder. La pluma azul es tan maravillosamente azul y tan maravillosamente pluma que cuando uno escribe con ella se siente Belgrano (Hans dixit).
Pero ¿cuántos escritorios he tenido verdaderamente?
Muchísimos.
Y los he tenido alquilados también.
Para mí un escritorio alquilado son todas esas mesitas de cafés por las que a veces he tenido que deambular haciendo tiempo o que he buscado por el sólo placer de sentarme a leer con un buen expresso al costado de mi libro.
He traducido pequeños fragmentos de la República de Platón en cafés atestados de gente, desbordantes de líquidos y olores ciudadanos.
La polis en todo su esplendor.
He escrito mi primer cuento de verdad a los 19 años en una mesita de un café de la facultad -Vitraux para ser más exacta-, y en tinta violeta (las pilot no eran tan caras como ahora).
He estudiado en una mesa de cocina que me hice subir a mi cuarto de soltera y que coloqué en el centro de dicha habitación y en donde descubrí las mejores páginas de un escritor como Reinaldo Arenas.
Y la cama como escritorio, claro. Los mejores poemas en la cama y al lado de Guille.
Mi escritorio de haya data de 1999.
Lo compré con la plata de los conciertos que dábamos por ese entonces con El cantar tiene sentido.
No me compré el micrófono que todos esperaban. De hecho, seguí huérfana de micrófono durante años.
Me compré este escritorio.
Amarillo, cálido, redondeado.
miércoles, 26 de abril de 2006
Mi escritura
Y me encuentro hablando con varios amigos de mi escritura. De pronto saber que he cruzado la línea y que de eso no se vuelve. Miedo a la locura nunca más. Creo que estuve en el umbral estos ¿tres? años de Nubedeagua y lo crucé adrede. Y que llega Mayo con el cumple de este blog tan raro y al que le estoy tan agradecida. Al final de cuentas es mi recoveco hermoso, claro, aunque del otro de la nube se aclare mejor este concepto. Y ya no temo nada porque nadie puede venir a decirme lo que está bien o lo que está mal. Y que entonces esa etiqueta de Licenciada y Profesora ya la puedo enterrar en el placard junto al rollo atado con la cintita y los colores de Argentina. Que la vida es más que un rollo y un placard y una lista de saberes y un vocabulario específico y una patria a la que hay que rendirle tributos. Que mi escritura parte desde otro lugar. Tiene otra raíz. Y no los desprecio a ustedes, los licenciados, no. Yo soy una, al fin y al cabo. Pero es una etiqueta pesada de llevar y yo quiero equipaje liviano. Y no hablo de equipaje irreponsable. Tampoco hablo de equipaje bohemio. Liviano, leve. Y esta decisión abarca todo lo que escribiré de ahora en más en la vida.
lunes, 24 de abril de 2006
Marguerite Duras
Se está solo en una casa. Y no fuera, sino dentro. En el jardín hay pájaros gatos. Pero, también, en una ocasión, una ardilla, un hurón. En un jardín no se está solo. Pero, en una casa, se está tan solo que a veces se está perdido. Ahora sé que he estado diez años en la casa. Sola. Y para escribir libros que me han permitido saber, a mí y a los demás, que era la escritora que soy.
Escribir, Marguerite Duras
Escribir, Marguerite Duras
jueves, 20 de abril de 2006
¿Cuánto tiempo lleva escribir un poema?
Conde me dijo una frase que expresa totalmente la sensación que tuve al terminar de escribir este primer libro. La frase dice algo así como "hice este poema en diez minutos pero me llevó 27 años hacerlo".
Posta que es así.
Este libro empezó, y ahora lo tengo clarísimo, un día del año 2000. En ese momento escribí algo que jamás pensé que sería parte de una serie.
Y yo que angustiosamente creía que escribía todo en fragmentos resulta que ahora me vengo a dar cuenta de que escribía poemas.
Posta que es así.
Este libro empezó, y ahora lo tengo clarísimo, un día del año 2000. En ese momento escribí algo que jamás pensé que sería parte de una serie.
Y yo que angustiosamente creía que escribía todo en fragmentos resulta que ahora me vengo a dar cuenta de que escribía poemas.
viernes, 7 de abril de 2006
proliferación poética
Ayer vino a casa mi amiga bailarina. La primera lectora del librito que estoy escribiendo.
-Flor, ¿estás escribiendo poesía?
-Ssssh.
-¿Qué pasa?
-Nada, que se me espanta la musa.
-Flor, ¿estás escribiendo poesía?
-Ssssh.
-¿Qué pasa?
-Nada, que se me espanta la musa.
miércoles, 5 de abril de 2006
¿Qué se responde?
Tengo amistades que se pierden en la vorágine del siglo. Pero de pronto, una tarde cualquiera se escucha una voz irreconocible en el teléfono que pregunta: ¿cómo estás?
¿Qué se responde a esto?
Pienso en que estoy distinta. En que estos meses me han marcado la cara, la voz, las palabras. Pienso que interiormente he caminado mucho en mí. Que no fue fácil decir que no. Que no es fácil estar perdida en la niebla y aún así quererse. Que no es fácil quererse.
Pienso que en este momento no estoy haciendo nada con un fin material y que eso me preocupa.
Pienso que estoy escribiendo ficción todos los días y que eso no me lo esperaba de mí.
Pienso que llevo la voz guardada y que todos piden que la suelte como se suelta un canario en el medio de las calles porteñas.
Pienso que yo no soy ese canario.
Me preguntaste como estaba y yo te respondí lo más sincera posible:
Es difícil decirte cómo estoy.
Ni yo lo sé.
¿Qué se responde a esto?
Pienso en que estoy distinta. En que estos meses me han marcado la cara, la voz, las palabras. Pienso que interiormente he caminado mucho en mí. Que no fue fácil decir que no. Que no es fácil estar perdida en la niebla y aún así quererse. Que no es fácil quererse.
Pienso que en este momento no estoy haciendo nada con un fin material y que eso me preocupa.
Pienso que estoy escribiendo ficción todos los días y que eso no me lo esperaba de mí.
Pienso que llevo la voz guardada y que todos piden que la suelte como se suelta un canario en el medio de las calles porteñas.
Pienso que yo no soy ese canario.
Me preguntaste como estaba y yo te respondí lo más sincera posible:
Es difícil decirte cómo estoy.
Ni yo lo sé.
martes, 28 de marzo de 2006
Requisito
Ya sé lo que tiene que tener mi futura casa para cuando me mude: lugar para colgar la ropa al sol.
He dicho.
He dicho.
miércoles, 15 de marzo de 2006
Solidaridad
Abro la puerta de mi edificio y me encuentro con mi vecina de abajo. Nadie la quiere mucho porque es mala persona y siempre se anda quejando.
-¡Qué ruido hacen sus campanitas!
-¿Mis campanitas?
-Sí, eso que tiene ahí colgado en su blacón...
-Ah, el llamador de vientos.
-¿Vió que cuando hay viento...?
-Sí, claro...
-¿Y cómo encontró sus plantitas?
-...
-Sus plantitas, ¿no se secaron?
-No, no se secaron. Mi madre venía tres veces por semana.
-Ah, yo también se las regaba.
-....
-Sí, con la manguera.
-¿Con la...?
-Sí, como yo lavo el techito no me cuesta nada.
-Ah, bueno, gracias.
-Cuando quiera, eh, me avisa.
-¡Qué ruido hacen sus campanitas!
-¿Mis campanitas?
-Sí, eso que tiene ahí colgado en su blacón...
-Ah, el llamador de vientos.
-¿Vió que cuando hay viento...?
-Sí, claro...
-¿Y cómo encontró sus plantitas?
-...
-Sus plantitas, ¿no se secaron?
-No, no se secaron. Mi madre venía tres veces por semana.
-Ah, yo también se las regaba.
-....
-Sí, con la manguera.
-¿Con la...?
-Sí, como yo lavo el techito no me cuesta nada.
-Ah, bueno, gracias.
-Cuando quiera, eh, me avisa.
jueves, 9 de marzo de 2006
La salud de los enfermos
Esto de hurgarse el interior de uno se torna obsesivo. Insoportable. Resignación. Sé que de esta no me salvo. Me enfermé y ahora solo resta dejar que el virus haga su lento trabajo. Después de todo, tienen su derecho a vivir un poco a costa de uno, ¿no? Una pena que la salud de algunos seres dependa de que otros se enfermen. Yo, en este caso. Ok, residan un rato por aquí, mis queridos, pero luego mis glóbulos blancos tendrán que echarlos a la calle. Vamos, que el mundo funciona así.
martes, 7 de marzo de 2006
Casiopea
Desde la cama escribo esto como cuando tenía 16 años y escribía mi diario por las noches. Hoy ha sido un buen día. Entre otras cosas estoy estrenando regalo. Este teclado es super suavecito y la pantalla es un sueño líquido. Livianita y plateada. Aquí en mi regazo, o como diría Clarice, "no meu colo". A Clarice le encantaba escribir con su máquina de escribir en las rodillas. Era la única forma en la que escribía sus cuentos.
Yo también escribo con Casiopea "no meu colo".
Así, pues, te damos la bienvenida.
Yo también escribo con Casiopea "no meu colo".
Así, pues, te damos la bienvenida.
lunes, 20 de febrero de 2006
Mercedes Sosa
Por la noche vientito fresco y estrellas en la bóveda porteña. Ninguna actividad salvo tomar ese colectivo como a los 18 años y mirar por la ventanilla. Bajarse en Plaza Italia y caminar despacio hacia los lagos, sintiendo como las sandalias hacen cruje-cruje y la noche sigue liviana. La voz de La Negra se escucha desde mucho antes de llegar. El lago está tranquilo, levemente rizado. Las canciones me hacen sentir en otro siglo. La Negra desentierra canciones y desentierra los años. Lustrosas, con olor a humus.
A las once la fiesta musical termina. El lago sigue rizado, guarda el secreto de los miles que corearon con Mercedes que la cigarra canta al sol.
A las once la fiesta musical termina. El lago sigue rizado, guarda el secreto de los miles que corearon con Mercedes que la cigarra canta al sol.
viernes, 3 de febrero de 2006
Febrero es
Conde dijo, no hace mucho, que le gustaba febrero porque era el mes en el cual cumplía años. Perfecta definición, creo yo, porque, yo también cumplo años en febrero y entiendo de qué habla. Debido a este hecho -que se repite todos los años- recién hoy caigo en la cuenta de que tengo fotografiados todos los febreros desde que nací. Varias de las fotos muestran distintas vacaciones -¿siempre estás afuera para tus cumpleaños?-, donde desfilan distintas playas y sures alternadamente. Pero la mayoría de las fotos, en realidad, muestran la casa de Olivos más verde que nunca, mis amigos con distintos cortes de pelo y ropa, distintas tortas -desde una lemon pie hasta la clásica marmolada de la abuela Ester-, los distintos perros que habitaron la casa, trajes de baño -¡claro!, estamos en verano, ¿qué pensaban?, las guitarreadas con mi mamá, el olor del asadito, el famoso horno de barro, la ausencia de los amigos que no están, las llamadas internacionales de los que viven afuera y de los que están de vacaciones.
Tardes y noches de febrero fotografiadas año tras año y que luego son archivadas en cajones desbordantes de otras fotos de meses menos interesantes.
Tardes y noches de febrero fotografiadas año tras año y que luego son archivadas en cajones desbordantes de otras fotos de meses menos interesantes.
jueves, 2 de febrero de 2006
Potlagt
Mi amigo Marcos me dice en un mensaje de chat que soy como los hobbits. ¿Por qué? Pues porque sólo a los hobbits se les ocurre hacer regalitos a otros en sus propios cumpleaños.
Luego me cuenta qué es eso del potlagt.
El potlagt era una costumbre que los nativos de Alaska tenían antes de la llegada de los europeos. Parece ser que consistía en grandes festines que realizaban los jefes de las diferentes tribus. El status del anfitrión se medía a partir de los regalos que entregaba a sus invitados. Si en una fiesta un invitado recibía gran cantidad de regalos costosos eso significaba que estaba reconociendo la superioridad de quien los regalaba.
Curiosa costumbre la del potlagt.
Luego me cuenta qué es eso del potlagt.
El potlagt era una costumbre que los nativos de Alaska tenían antes de la llegada de los europeos. Parece ser que consistía en grandes festines que realizaban los jefes de las diferentes tribus. El status del anfitrión se medía a partir de los regalos que entregaba a sus invitados. Si en una fiesta un invitado recibía gran cantidad de regalos costosos eso significaba que estaba reconociendo la superioridad de quien los regalaba.
Curiosa costumbre la del potlagt.
miércoles, 1 de febrero de 2006
9100 kilómetros: Monte León, Ushuaia, Sur de Chile
Abro el cuaderno que me llevé para escribir lo que viviríamos en este mes de enero pero no encuentro allí lo que quiero escribir. Ese cuaderno relata algunos hechos de manera fehaciente, calculada, con adjetivos rápidos y poco exactos. No quiero hablar de actos, lugares, rutas, números. Son 9100 kilómetros en este enero largo. Y dos pajaritos que matamos en la ruta. Y dos mulitas que encontramos a un costado del camino. Y varios ñanducitos con sus madres.
Cierro el cuaderno y noto que sus tapas están maltratadas por el sol, el agua, el aire de montaña. Noto que allí, en minúsculas capas de polvo se encuentran los caminos caminados con mochila al hombro (y en esa mochila iba este cuaderno). Allí están las Torres del Paine, las verdaderas. Quizás haya un átomo de esas murallas lisas, silenciosas, eternas. Y también algo de sal del estrecho de Magallanes, algunas algas del canal de Beagle, escarcha y hielo de los campos de hielo de la Carretera Austral, polvo del glaciar Perito Moreno.
Fugaces nos íbamos moviendo, rizomáticos, clavándonos en un sitio para ya desclavarnos y partir. Trazamos nuestros propios mapas, había que ser originales para huir de las hordas de extranjeros y argentinos. Nuestro itinerario se iba volviendo absurdo y caótico como un río salido de su cauce.
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