24 de junio de 2011

Dormir bien

Me despierto despatarrada por toda la cama bajo un magnífico plumón color violeta -nueva adquisisión desde que el muchacho se mudó conmigo- y veo que Nico ya se despertó y salió a trabajar. Es un poco tarde pero no importa porque hoy puedo remolonear en la cama. Igual, al principio la sensación de estar en el medio de la cama sola me confunde un poco (y pensar que hasta hace no mucho me encantaba, qué animal de costumbres somos, Dios). Me levanto y el frío de cuarto me muerde el cuerpo, me emponcho con lo primero que encuentro, bajo a la cocina y me hago un mate caliente. Después empiezo a chequear mails. En eso veo que Nico me habla por una ventanita del chat:

Nicolás:
Hola amor, ¿ya te despertaste?
yo: Hace un ratito, ¿cómo estás?
Nicolás: Bien, ¿dormiste bien?
yo: Sí, pero vos ¿dormiste conmigo?
Nicolás: jajaja, ¡claro que dormí con vos! Dormí tan bien que me quedé dormido.

Valga la redundancia, ¿no?

1 comentario:

DANILA dijo...

la hermosa historia de un amor.

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