Mudar estrellas

El hombre que amo tenía en su cuarto un cielo estrellado. Cuatro paredes tapizadas de libros, pipas y discos. Algunos prendas de vestir en un armario y más libros, discos y cuadernos. Hojas de colores, sobres, reglas, latas de tabaco, cartucheras, agendas a medio escribir, guiones a medio hacer. Películas en dvd y en vhs. Libros que hizo para otras personas, objetos que diseñó cuando estaba en alguna de las dos universidades a las que fue, enciclopedias gruesas y abrigadas de palabras. Instrumentos varios, dos parlantes conectados a un equipo de música, cuadros y posters que nunca enmarcó ni colgó. Regalos a medio abrir, dedicatorias, fotos y una caja de cigarros Romeo y Julieta donde están guardadas las cartas que le escribí a los 18 años.

En un estante de una biblioteca encuentro una alianza. Este hombre guardó la alianza de cuando nuestro amor era jovencito e inexperto, de cuando éramos pura pólvora y poca experiencia. Porque el hombre que amo guarda muchas cosas, muchos cielos estrellados. No descarta ninguno y a todos les rinde tributo. El hombre que amo tiene un corazón de oro y eso es tan verdad como que el cielo tiene estrellas.

De a poco hoy vamos mudando las estrellas.

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