21 de junio de 2011

Límites de la terapia

Cuando uno intenta conocerse sólo mediante el lenguaje se topa con un límite. Porque el lenguaje no lo es todo. Es una parte muy importante pero no lo es todo. Yo puedo decir algo -repetirlo- pero no saberlo realmente. Eso es conocimiento robado. Cuando empiezo a saber lo que digo todo cobra otro color. ¿Y cómo logro saberlo? No lo sé. Es un pantallazo. Una circunvalación nueva se dibuja en mi arrugado cerebro. Es un calor que proviene de adentro y me dice que por ahí sí y por ahí no. Un calor y una música. También es un sabor. Mi espalda canta agudos y graves. Disonancias. Mi plexo solar, resonancias. Pero si la palabra es certera, ah, eso es muy bueno. Pero raras veces se da.

2 comentarios:

Ushka dijo...

WOW estás re lacaniana!! jajajaja

El lenguaje no lo es todo, cierto. Pero además el lenguaje es no-todo.

Y esa palabra, palabra plena que le dice L, esa que cada tanto nos dice de la verdad del sujeto. Y produce un saber, algo tan pero tan distinto al conocimiento.

flor dijo...

No tenía ni la menor idea de que esto se relacionaba con Lacan... ¡OH!
Lo escribí hoy de un tirón y con un poco de decepción -y dolor- hacia la sesión de hoy.

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